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Hacia un procomún material
Cooperativismo, producción P2P, y financiación comunitaria en el contexto del procomún. KMO del C-Realm Podcast, entrevista a Michel Bauwens, Dmytri Kleiner y John Restakis
- Traducido por Stacco Troncoso, editado por Mamen Martín y Rosana Fernández - Guerrilla Translation!
- Imagen de Stacco Troncoso
- Artículo original, en audio, en texto.
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¿Podemos llevar el modelo de producción P2P al terreno material? ¿Es obligatorio trabajar dentro de esquemas capitalistas para que colaboradores del procomún, activistas y demás puedan subsistir y dedicar su tiempo libre a estas actividades? ¿Cómo podemos crear empresas sociales si no tenemos capital para arrancarlas? ¿Acaso hay un modelo que nos permita ganarnos la vida, producir bienes y servicios e incluso competir con la hegemonía dominante…?
En esta fascinante conversación grabada por KMO del C-Realm Podcast, Michel Bauwens, Dmytri Kleiner y John Restakis se plantean estas preguntas y más, para hallar una serie de soluciones que combinan nuevos modelos de cooperativismo social con las dinámicas de producción entre iguales orientadas al procomún y los sistemas de financiación colectiva.

Michel Bauwens, John Restakis, Dmytri Kleiner
KMO: Estás escuchando el C-Realm Podcast y hoy hablaremos desde Quito, Ecuador, con Dmytri Kleiner, Michel Bauwens y John Restakis. Os voy a presentar a cada uno individualmente. Dmytri Kleiner es un “comunista de riesgo” 1 y el autor del “Manifiesto Telekomunista”. Dimytri bienvenido al C-Realm.
Dmytri: Gracias, KMO.
KMO: Háblanos un poco de ti mismo.
Dmytri: Formo parte de un colectivo llamado Telekommunisten. Nos dedicamos a proyectos artísticos que investigan la economía política de la información y, especialmente, la evolución de Internet y las redes sociales. Como parte de ello presentamos muchos textos, entre los que encontramos el “Manifiesto Telekomunista”, que trata sobre la historia del copyright, las redes y las plataformas de comunicación desde una perspectiva materialista.
KMO: También tenemos a Michel Bauwens creador de la Fundación P2P, cuyo objetivo es fomentar una sociedad basada en el procomún dentro de un marco estatal y económico reformado. Bienvenido de nuevo al C-Realm Podcast.
Michel: Gracias, es un honor.
KMO: Y por último, John Restakis, autor de Humanizing the Economy: Cooperatives in the Age of Capital. (Humanizar la economía: cooperativas en la era del capital). John bienvenido al C-Realm Podcast. Háblanos un poco de ti mismo.
John: Sí, llevo unos dieciocho o diecinueve años trabajando con el movimiento cooperativista canadiense. Hasta este verano he sido el director ejecutivo de la Asociación de Cooperativas de la Columbia Británica y también me dedico a escribir y dar conferencias sobre economía cooperativa y globalización. He trabajado mucho en el desarrollo del modelo cooperativo en Canadá e internacionalmente, estudiando tanto su evolución como la creación de nuevos tipos de mercados como respuesta a este paradigma neoliberal, fallido y omnipresente.
KMO: Michel, vamos a empezar contigo. Los tres estáis en Quito, Ecuador como ponentes en una conferencia. ¿Qué nos puedes contar sobre la conferencia y por qué os han invitado a vosotros específicamente? ¿Qué váis a aportar al diálogo?
Michel: John y yo estamos aquí trabajando en el proyecto FLOKSociety. “FLOK” significa “Free/Libre Open Knowledge” Society (Sociedad de conocimiento libre, abierto y común). Todo surgió a raíz de un discurso de hace unos meses en el que el presidente, Rafael Correa, planteó un reto a juventud ecuatoriana: desarrollar y defender una sociedad del conocimiento abierto, libre y basado en el procomún. Existe un acuerdo firmado por tres organismos oficiales: el Ministerio del Conocimiento y Talento Humano, el SENESCYT, que es un secretariado de innovación abierta y ciencia, y la Universidad de Posgrado Estatal en IAEN. Estas tres organizaciones nos han pedido desarrollar un programa de transición para dirigir Ecuador hacia un modelo basado en el procomún. Soy el director de investigación del proyecto y John Restakis es el coordinador de corrientes de investigación orientadas a la innovación institucional. Eso es una parte, la otra es la conferencia que has mencionado antes. Se llama “Minga por la libertad tecnológica” y trata sobre la soberanía tecnológica. Ahora que sabemos que están vigilando y monitorizando todo lo que hacemos —especialmente si se trata de la inteligencia norteamericana o británica— nos planteamos la siguiente pregunta: ¿Qué podemos hacer al respecto? ¿Qué podemos hacer para mantener nuestra privacidad y proteger nuestras comunicaciones del espionaje sistemático? Dmytri y yo somos ponentes en la conferencia. Yo, básicamente, voy a introducir el proyecto FLOKSociety ante un público compuesto por activistas comprometidos con el software libre aquí en Ecuador. Dmytri, ¿quieres decir algo más sobre la conferencia?
Dmytri: Por supuesto. Estoy aquí porque soy parte de la comunidad del software libre. Tengo una larga trayectoria como desarrollador informático y he venido a presentar un análisis crítico ante una comunidad que, a menudo, cree que la tecnología es capaz de resolver todos nuestros problemas. Es una actitud bastante frecuente dentro de la comunidad de software libre, expresada en frases como “si somos capaces de programar mejor software, superaremos cualquier obstáculo” o “el motivo por el que no hemos vencido a Facebook es porque no podemos programar algo mejor”. Mi análisis del problema sigue otros cauces; lo veo como un problema tanto económico como político y creo que los modos de comunicación que empleamos tienen una relación muy estrecha con los modos de producción que los financian. Me han invitado aquí para expresar esa opinión ante este grupo.
Michel: John, ¿quieres añadir algo?
John: No, solamente expresar que soy parte del equipo de investigación del que Michel acaba de hablar para el proyecto de FLOKSociety. No soy parte de la conferencia y tampoco soy nada “tecnológico”. Es más, me resulta bastante difícil seguir la temática de estas conferencias. Mi propia investigación trata sobre la legislación pertinente a esta transición hacia una economía basada en el conocimiento abierto y el procomún. Llegados aquí, le quiero devolver la palabra a Michel. Michel, quizás puedas desarrollar un poco el marco de la conversación para reflejar los temas de los que estábamos hablando el otro día.
Michel: Quiero empezar hablando un poco sobre los problemas y las cuestiones que surgen en torno a la producción entre iguales, o P2P, en el marco de la sociedad y economía neoliberal-capitalista actual. Podríamos describirlo de la siguiente manera: contamos con la tecnología necesaria para escalar las dinámicas de grupos pequeños a nivel global y crear grandes comunidades productivas y autogestionadas en torno a la producción colaborativa de conocimiento, código y diseño. El problema es que no podemos ganarnos la vida con ello.

Michel Bauwens
La situación es que hay comunidades donde algunos perciben un salario mientras que el resto trabaja de forma voluntaria, pero todas utilizan metodologías abiertas para crear un procomún. Cosas como Linux, Arduino, Wikipedia y todo eso… Pero esto conlleva un problema, dado que solo te puedes ganar la vida trabajando para el capital. Se está produciendo un procomún, y cada vez más, pero sin disfrutar de lo que Marx denominaba como “la reproducción social”. Dado que no podemos subsistir en este ámbito, quisiera proponer una solución muy relacionada con el trabajo de Dmytri Kleiner. Hace unos años, Dmytri propuso la creación de una licencia producción entre iguales. Yo la interpreto de la siguiente manera: La licencia declara que solo puedes utilizar nuestro procomún si eres recíproco con él hasta cierto punto. Es decir, en vez de tener un procomún totalmente abierto (donde se permite que las multinacionales se lucren con nuestro esfuerzo para seguir fortaleciendo al capital) la idea es mantener la acumulación de beneficios dentro del ámbito del procomún. Imagina que tienes una comunidad de productores y, por encima de ella, una coalición empresarial de cooperativas éticas asociadas y empresas de solidaridad social.
La idea es tener un procomún inmaterial de código y conocimiento, pero el “trabajo material”, es decir, la labor de trabajar para clientes y ganarte la vida, la haces a través de cooperativas. El resultado sería una especie de “cooperativismo abierto”. Se trataría de la combinación, convergencia y síntesis de la producción entre iguales y la producción cooperativista. Esa es la idea básica y ya vemos ejemplos de ello en las cooperativas solidarias y las nuevas formas de cooperativismo. John, me gustaría que nos hablaras un poco de todo esto.
John: Sí, cómo no. En primer lugar quiero constatar, que, aunque he trabajado dentro del sector cooperativo canadiense durante los últimos dieciocho o diecinueve años, sigo siendo un novato en lo que yo llamo el “nuevo movimiento del procomún”. Y es gracias a la interacción con Michel y otra gente de este mundillo que me estoy percatando del alcance y la vitalidad que hay en este nuevo movimiento. Para mí la gran pregunta siempre ha sido cómo reimaginar y reinterpretar el modelo cooperativo para dar respuesta a la crisis actual y a lo que nos depare el futuro.

John Restakis
Históricamente, el movimiento cooperativo tiene mucha trayectoria y ha alcanzado unos logros formidables en países de todo el mundo, tanto del norte como del sur. Pero, hasta ahora, no ha habido una conexión directa con este movimiento emergente del procomún, que comparte muchos de los valores y principios del movimiento cooperativista tradicional. Uno de los temas que más me interesa es cómo forjar lazos y salvar diferencias entre el movimiento cooperativista global y las iniciativas orientadas hacia el procomún, también a nivel internacional. Existe una carencia de diálogo entre ambos y creo que hay una gran necesidad de convergencia entre el movimiento cooperativista internacional e histórico y este nuevo prototipo del procomún, que está hallando su voz como nuevo paradigma para las relaciones sociales, las relaciones de producción y los nuevos modelos económicos, tal y como ha descrito Michel.
Esta reinterpretación del modelo cooperativo posee unas características muy peculiares que pueden dotar al movimiento del procomún de más fuerza, estabilidad e influencia. Este último, por lo que veo, sigue principalmente enfocado en el ámbito tecnológico. Es cierto que tiene un componente entre iguales o P2P muy importante pero, aun así, hay escasez de conocimientos en cuanto a estructuras cooperativas o a protocolos formales de propiedad legal basados en la reciprocidad y la cooperación. Quiero plantear una visión del procomún dotada de las estructuras organizativas y legales necesarias para conferirle más poder económico, influencia de mercado y mayor fluidez a la hora de conectar con modos de organización más duraderos a largo plazo.
Michel: Quiero añadir que, a nivel personal, veo ejemplos de esto casi a diario. Los jóvenes, los desarrolladores del software libre o código abierto, toda la gente que está en espacios de co-working, hackerspaces o makerspaces… siempre que se plantean cómo ganarse la vida, piensan en “Start ups” o empresas incipientes. Están muy influidos por la atmósfera neoliberal dominante que ha caracterizado a su generación y tienen una especie de impulso genérico. Dicen: “vamos a empezar un start-up” y se ponen a buscar capital riesgo. Es un camino muy peligroso, el capital riesgo típicamente exige una serie de controles y garantías: tienen derecho a cerrar toda empresa cuando les dé la gana o si creen que no van a ganar suficiente dinero. Te prohíben seguir trabajando en el mismo sector después de que la compañía haya fracasado y te imponen cláusulas de confidencialidad, con lo que ni siquiera tienes libertad de expresión para hablar de tus experiencias negativas. Es una situación muy común. Tengamos en cuenta que, de todas las empresas financiadas con capital riesgo, solo sale adelante una de cada diez. Estas compañías se vuelven multimillonarias, pero es un sistema en el que los que triunfan arrasan con todo.
Esta generación de jóvenes desconoce la existencia de otras fórmulas para crear y gestionar una empresa. Creo que también ocurre lo mismo a la inversa. Hay muchas cooperativas que se están “neoliberalizando”, por decirlo de alguna manera. Se han convertido en empresas competitivas que contienden con otras cooperativas y empresas normales y ni comparten sus conocimientos, ni fomentan un procomún de diseño o de código. Privatizan y patentan el conocimiento que han generado, igual que cualquier empresa competitiva privada. Aún no se han dado cuenta de que hay una nueva forma de ser más competitivo: mediante la cooperación dentro de un procomún de conocimiento abierto. Este es el lado humano de este problema y podríamos solucionarlo beneficiándonos del conocimiento y la experiencia mutua de ambos sectores. Los dos están creciendo paralelamente; después de la crisis de 2008 hemos visto la consolidación de la economía colaborativa, junto a una explosión en la economía de producción entre iguales, pero también hay una revitalización en el sector cooperativo. John, antes de que hable Dmytri me gustaría que hablarás sobre las cooperativas de solidaridad y cómo integran la noción del procomún y el bien común dentro de la propia estructura cooperativa.
John: Históricamente hablando, las cooperativas normalmente se han dedicado a proveer servicios y apoyar a sus propios miembros. Si por “cooperativa” entendemos “empresas colectivas, democráticas y bajo control de sus miembros”, los miembros son los mayores beneficiarios de la cooperativa; ya sean cooperativas de consumo, de trabajadores o de ahorro y crédito. Ésa sido la tradición: la cooperativa está al servicio de sus miembros inmediatos. Esto ha cambiado en estos últimos 15 años y, en particular, en el sector de la asistencia social.

Cooperativa social Cadiai, Bolonia
Las cooperativas de asistencia social surgieron en Italia a finales de los 70 como respuesta al fracaso del modelo de mercado que sustentaba los servicios públicos del país. Por eso las familias y los usuarios de los servicios sociales —primordialmente dentro de la comunidad de personas con discapacidad— empezaron a crear cooperativas para seguir beneficiándose de estos servicios. Es un modelo muy distinto a la asistencia social estatal. Lo más fascinante de estas cooperativas sociales es que, aunque tienen membresía propia, su misión no es sólo atender a las necesidades de sus miembros, sino proveer un servicio a toda la comunidad. Por tanto, son organizaciones de servicios comunitarios compuestas por los principales usuarios de tales servicios, ya sea asistencia médica, asistencia a drogodependientes, etc. Estas cooperativas sociales han tenido un auge explosivo en Italia. Creo que, en cierto sentido, se han apropiado del sector de la asistencia social en muchas comunidades y todo esto mediante contratos con los ayuntamientos. En Bolonia, por ejemplo, más del 87% de los servicios sociales de la ciudad se proporcionan a través de cooperativas sociales.
Estas cooperativas son organizaciones de gestión democrática y pertenecen a un modelo muy diferente, mucho más participativo y que está mucho más involucrado en el diseño de esa asistencia social que el modelo habitual gestionado por el Estado. El concepto tradicional de las cooperativas como algo primordialmente dirigido al beneficio y los intereses de sus propios socios se ha expandido para incluir una provisión de servicios a toda la comunidad. Esto expande la definición tradicional de “cooperativa” para incluir una serie de objetivos más acordes con el bien común, algo que, por supuesto, tiene mucho que ver con la filosofía y los valores del movimiento del procomún. La diferencia es que las cooperativas sociales siguen estructuradas en torno a los derechos de gestión (qué miembros tienen derechos de decisión, qué controlan dentro de la cooperativa, etc.) y sobre la propia operatividad de la organización. Se trata de una estructura legal incorporada y con el reconocimiento formal de las autonomías y del gobierno central. Gracias a ello, las cooperativas pueden negociar y forjar contratos con el gobierno para la provisión de estos servicios públicos. Una de las mayores ventajas del modelo cooperativo es que —aparte de disfrutar de una estructura de empresa democrática, independientemente de tratarse de cooperativas sociales o comerciales— también tiene una estructura legal que le permite firmar contratos y establecer acuerdos legales con el Estado en materia de servicios públicos. Este modelo de cooperativa de servicios sociales ha Estado creciendo en Europa. En Quebec se llaman cooperativas de solidaridad y están generando cada vez más cuota de mercado en servicios tales como la asistencia doméstica o la sanidad. También está creciendo en otras partes de Europa.

Cooperativa social-sanitaria Sollievo, Bolonia
En conclusión, la economía social —es decir organizaciones con objetivos basados en unos principios de reciprocidad y de beneficios colectivos y sociales— está emergiendo como un agente muy importante en el diseño de suministro de servicios públicos. Esto surge como reacción al fracaso de los mercados públicos a la hora de gestionar servicios sociales, como el derecho a la vivienda, a la sanidad y a la educación a precios asequibles. El papel del Estado como proveedor de servicios públicos está en crisis y, por tanto, surge la pregunta: ¿qué pasa cuando el Estado no puede cumplir con su mandato como proveedor y gestor de servicios públicos y cuál es el rol de la sociedad civil y de la economía social ante esto? Las cooperativas sociales son parte de la respuesta y, en términos de soluciones cívicas, suponen una reinvención ante lo que otrora eran las responsabilidades del Estado en el sector público. De momento lo dejó ahí, pero es representativo de la cantidad de iniciativas interesantísimas que están reinventando el modelo cooperativo y respondiendo a esta crisis de servicios públicos y al rol cambiante del Estado.
Michel: Antes de dar paso a Dmytri me gustaría reiterar uno de los problemas clave que quizás pueda solucionarse mediante sus propuestas. John acaba de hablar de servicios públicos, pero ¿qué pasa con la producción material? Aquí surge el siguiente problema: tenemos un procomún de información, relacionado con el código de software y el diseño, que es cada vez más accesible. Por tanto, si trabajas en algunos de estos sectores y tienes acceso a redes, te puedes costear tu subsistencia, aunque sea de mala manera, y podrás seguir creando conocimiento gracias a tus esfuerzos y tus conexiones. Pero la situación cambia cuando hablamos de la producción directa de objetos físicos como, por ejemplo, dentro del movimiento de hardware abierto.
En el movimiento de software libre nos topamos con entidades democráticas, como la Apache Foundation o la GNU Foundation, que son organizaciones que protegen a la comunidad. Pero en el ámbito del hardware no hay nada parecido porque ahí hay que comprar material, máquinas, plástico o metal. Hay gente que dice que la economía del hardware abierto es una “economía de caramelo” porque jamás obtendrás nada a cambio de tus esfuerzos —a menos que estés trabajando para alguna de estas empresas incipientes de hardware abierto. Dmytri tiene una visión del procomún que incorpora la producción material y me gustaría que nos explicará en qué consiste. También utiliza un concepto que me resulta algo provocativo: el “comunismo riesgo”. Cuando hablamos de “riesgo” o de “inversión” en este contexto, suele ser dentro del contexto del capital ¿no es así? Dmytri, háblanos más sobre tu proyecto.
Dmytri: En los 90 fui parte del movimiento anti-globalizador anarco-comunista, pero también me ganaba la vida como asesor tecnológico en un entorno principalmente impulsado por el desmadre puntocom. Creía apasionadamente en lo que ahora llamamos “producción entre iguales” aunque, por entonces, ese término no existía. Lo que llamamos “producción entre iguales” o “producción P2P” describe las dinámicas de cooperación interpersonal en el ámbito de la red o del software libre. Creí que esto transformaría las relaciones sociales de todo el planeta y que por fin se cumplirían todos los sueños de la tradición anarco-comunista. Pero todo eso se vino abajo en los primeros años del nuevo milenio con el estallido de la burbuja puntocom y la represión masiva de la administración de George Bush en contra de las protestas. Estoy hablando de Seattle, Quebec City, Miami etc. De repente, nuestro “movimiento imparable” se vio detenido y dejé de creer en ese idealismo tan al pie de la letra.
Me di cuenta de que esta red que estábamos construyendo —es decir, Internet y la comunidad del software libre— se construyó gracias a nuestro trabajo asalariado para la burbuja, gracias al capitalismo. Todo fue financiado por el capital riesgo. Tras darme cuenta de que el capital riesgo no financiaría las relaciones sociales artísticas y anarco-comunistas que veíamos como parte inherente de estas plataformas, supe que necesitábamos algo distinto. Y ese “algo” lo bauticé como “Comunismo riesgo”, con la intención de desarrollarlo y ver cómo llegar hasta ahí. Conocí a Michel tras atender a unas charlas de Benkler y Lessig en la conferencia de Wizard of OS 4, allá por el 2006 y escribí un ensayo criticando sus perspectivas llamada “The creative anti-commons and the poverty of networks,” 2 jugando un poco con los términos que utilizaban.

Lawrence Lessig y Yochai Benkler
Mi crítica se basa en que ambos describen la producción entre iguales de manera muy distinta a nuestro concepto de lo que, en esencia, es el mismo ideal. Aunque no lo describíamos con esos términos, “producción entre iguales” es un término de Benkler, pero estábamos hablando de lo mismo. Su concepto de producción entre iguales, especialmente el de Benkler, es de algo inherentemente inmaterial. Se trata de un modo de producción que sólo puede compaginarse con la producción de riqueza inmaterial. Eso, desde mi punto de vista materialista, no es un modo de producción, porque un modo de producción debe, en primer lugar, reproducir sus insumos productivos y tiene que reproducir su capital, su trabajo y la riqueza natural que produce.
Desde un punto de vista materialista, es evidente que todo el valor de cambio derivado de estos bienes inmateriales acabará en manos de los mismos dueños de riqueza material que han existido a lo largo de la historia. Así comenzó mi diálogo con Michel para llegar a otra definición de “producción entre iguales”. En vez de definirla como algo inherentemente inmaterial, la defino como una red de productores independientes compartiendo un procomún colectivo de bienes productivos. Es una definición de producción entre iguales mucho más compatible con la tradiciones anarco-sindicalistas y anarco-comunistas. También es una descripción más acertada de las tecnologías P2P que inspiraron el término “producción entre iguales”.
Asimismo quise explicar en qué consistía el comunismo riesgo, mi propio proyecto que precede a la acuñación del término “producción entre iguales” pero que pueda aportarle muchos beneficios, dado que estamos hablando de lo mismo, aunque utilicemos términos distintos para describirlo. Como tecnólogo, siempre me he inspirado en las dinámicas de las redes entre iguales y en los proyectos de software libre. Todo esto influyó en la creación del comunismo riesgo. Dado que ya teníamos TCP/IP y demás para distribuir bienes inmateriales, me propuse crear un protocolo apto para la producción y distribución de bienes físicos. Internet es una plataforma muy eficaz para compartir, distribuir y crear riqueza inmaterial colectiva y para ayudarnos en nuestro afán de ser productores independientes basados en este procomún colectivo.

Henry George
El objetivo del comunismo riesgo es seguir el mismo patrón con la riqueza material. Tiene influencia de muchas tradiciones, y no sólo de la tradición anarco-comunista. Uno es el ideal georgita de utilizar las rentas económicas como base fundamental de la distribución mutua de riquezas. En términos sencillos, esto significa que podemos distribuir las rentas pasivas. Bajo esto concepto, los trabajadores, además de obtener ingresos mediante la producción de bienes, agregan rentas por ser dueños de los medios de producción, por ser dueños de activos productivos.
Vivimos en una sociedad desigual porque tenemos una distribución desigual de activos productivos. Incluso si hablamos del movimiento cooperativo —que siempre he admirado y que siempre he utilizado como ejemplo a seguir— es evidente que la distribución de activos productivos también es desigual. Lo mismo pasa en otros tipos de producción; si nos fijamos en la influencia social de los trabajadores del sector de la tecnología en contraposición a la de los trabajadores del sector agrícola, es evidente que el colectivo de trabajadores del sector tecnológico tiene mucho más peso e influencia que el de los trabajadores agrónomos. Hay desigualdad en el capital y en los recursos humanos de estas cooperativas. Este protocolo busca normalizar estas desigualdades sin necesidad de administración externa.

Silvio Gesell
La reacción típica del comunismo de Estado ante el movimiento cooperativo es decir que las cooperativas se explotarían y se excluirían mutuamente. La solución pasa por crear cooperativas gigantes, como Mondragón, o Estados socialistas; pero entonces, como hemos visto a lo largo de la historia, surge algo llamado la clase administrativa, y esa clase administrativa que gobierna el conjunto de cooperativas de un Estado socialista se puede convertir en algo tan contraproducente y explotador como la propia clase capitalista. ¿Cómo creamos reciprocidad entre cooperativas y distribuimos sus ganancias sin engendrar una clase administrativa? Para esto me he inspirado en las teorías de Henry George y Silvio Gesell respecto a la idea de compartir las rentas.
El concepto es que las cooperativas seguirían siendo independientes, igual que las cooperativas de hoy en día. Serían productores independientes pero, en vez de ser dueños de sus propios bienes productivos, cada miembro de la cooperativa sería copropietario de estos bienes, junto a todos los demás miembros de todas las demás cooperativas enmarcadas dentro de Federación. Las cooperativas arrendan la propiedad de la comuna colectivamente. Esto se lleva a cabo a través de un protocolo, que no una estructura administrativa. Si la cooperativa requiere un activo como, por ejemplo, un tractor, la comuna central entra en funcionamiento como una especie de mercado de bonos. El planteamiento del bono sería: “Necesitamos un tractor y estamos dispuestos a pagar 200 dólares al mes por él en concepto de rentas”, y los demás miembros de la cooperativa pueden decir: “Sí, nos parece buena idea, es una buena distribución de estos bienes productivos y vamos a comprar estos bonos.” La comuna aprueba la venta de bonos, la cooperativa se lleva el tractor y el dinero generado por las rentas de éste se reinvierte en saldar los bonos.
Una vez recuperada la inversión, cualquier otro ingreso percibido por la renta del tractor, junto a todas las demás rentas acumuladas, se distribuye de manera equitativa entre todos los trabajadores, no sólo los trabajadores la cooperativa que lo ha pedido. Esto no se limita a tractores, podríamos decir lo mismo sobre edificios, tierras o cualquier otro activo productivo. Esto supone que todos los ingresos pasivos, es decir aquella porción de ganancias derivada de la propiedad de bienes productivos, se distribuyen proporcionalmente entre todas las partes interesadas dentro de todas las cooperativas. Y ese es el protocolo básico del comunismo riesgo.
Michel: Dmytri, quiero asegurarme de haberte entendido bien, y que también te hayan entendido los oyentes. Es como una renta básica ¿no? Tienes un salario por estar trabajando pero, adicionalmente, obtienes rentas de todas las fuerzas productivas que son propiedad común de todos los miembros de esta cooperativa productiva unificada.
Dmytri: Exacto, pagas una renta sobre los activos productivos que utilizas, esa renta se divide equitativamente entre todos los miembros de la comuna, no entre las cooperativas independientes sino entre toda la comuna. Esto supone que si utilizas la cantidad exacta per cápita de tu acción en estas propiedades, ni más ni menos, la cantidad que pagas en concepto de renta y lo que recibes como dividendo social será exactamente igual. Si eres un trabajador normal esto tendrá un funcionamiento previsible y constante pero, si ya no trabajas tanto —o bien por la edad o porque estás desempleado— utilizarás muchos menos bienes productivos que la persona media. En este último caso, recibirás mucho más en concepto de dividendos que lo que pagas por renta y, en ese sentido, sí es una especie de renta básica. Por el contrario, si eres un productor súper motivado y estás expandiendo tu capacidad productiva, entonces la cantidad que pagas por los activos productivos será mucho más alta de lo que recibes como dividendos, aunque, como has apuntado, también obtienes ingresos de la aplicación productiva de esa propiedad. El comunismo riesgo no busca controlar el producto de las cooperativas. El producto de las cooperativas es totalmente suyo para utilizar como quieran. No busca limitar el control o contabilizar o ni siquiera decirles cómo tienen que distribuir el producto o bajo qué condiciones. Lo que producen es totalmente suyo, se limita exclusivamente a la gestión colectiva del procomún de activos productivos.
Michel: Dmytri, según recuerdo tu teoría consta de tres elementos constitutivos. Uno es el comunismo riesgo, ¿cuáles son los otros dos? Y, quizás, puedas hablarnos un poco sobre la licencia de producción entre iguales que he mencionado al principio.
Dmytri: Cómo no. Esta primera parte, la del comunismo riesgo, surge como reacción a las teorías de Benkler, mientras que la licencia de producción entre iguales se basa… bueno no es que se base en ello, ya data de antes, pero dentro de los parámetros de esta conversación se basa en mi crítica de Lessig. Las tres partes constituyentes del comunismo riesgo se han desarrollado mediante muchas conversaciones con gente que trabaja en cooperativas, economistas y demás. Como concepto creemos que funcionaría, el problema es que asume que ya poseemos el capital que queremos distribuir, pero esto no se corresponde con la realidad de la mayoría de los trabajadores del mundo. ¿Cómo cambiar esto? Llegados aquí, el comunismo riesgo se convierte en un paraguas donde el propio comunismo riesgo solo es uno de los tres elementos constituyentes. Los otros dos serían la contra-política y las finanzas insurreccionalistas.
El concepto de “contra-política” proviene de un conflicto omnipresente en las comunidades socialistas y comunistas, y también dentro de cualquier comunidad activista: ¿Expresamos nuestro activismo través del Estado o intentamos lograr nuestros objetivos a través de una sociedad alternativa?
Michel: Política prefigurativa…

Dmytri Kleiner
Dmytri: Política prefigurativa en contraposición a la política estatal. La contra-política pretende demostrar que esto es un dilema falso ya que el concepto de política pre figurativa presupone la posesión de un capital con el que crear estas empresas prefigurativas o cooperativistas, start-ups, etc. Como materialista opino que, si vendes tu labor en el mercado, lo único que obtendrás a cambio será suficiente para subsistir y poco más. Por tanto ¿de dónde vas a sacar el capital para crear una empresa? Creo que el único motivo por el que disfrutamos de un excedente salarial que sobrepasa la mera subsistencia es gracias a la lucha social organizada y la lucha política. Nos hemos organizado en el movimiento laborista, en el movimiento cooperativo y en otros foros sociales para luchar por estos derechos. Gracias a esto disfrutamos de ingresos que van más allá de la subsistencia y nos dan la opción de plantear alternativas prefigurativas. Crear un espacio para la política prefigurativa presupone lidiar con el Estado y luchar tanto en el parlamento como en los foros públicos y sociales.
Mi propuesta contra-política no tiene que ver con el ideal clásico leninista de apropiarse del Estado para imponer nuevas relaciones sociales desde arriba y pasar por un Estado intermediario de socialismo hasta, finalmente, lograr el comunismo. Es un concepto muy problemático y creo que ese tipo de soluciones no funcionan. Pero si nos planteamos nuestra mediación con el Estado como una forma de proteger la posibilidad de tener sociedades alternativas y proteger los beneficios que hemos logrado hasta ahora; es decir, los servicios, bienes y beneficios públicos; tenemos que admitir que el Estado provee una serie de funciones sociales que son necesarias y no podemos librarnos de ellas. En lo que a estos servicios se refiere, sólo nos libraremos del Estado cuando tengamos nuevas cooperativas distribuidas y nuevas formas de proveer estos servicios. La capacidad de concebir la existencia de estas cooperativas no las convierte automáticamente en realidad. Sólo podremos librarnos del Estado cuando estas alternativas ya estén funcionando. Por tanto, necesitamos alternativas para proporcionar cosas como la educación, el cuidado infantil, la sanidad y estar prevenidos ante los errores humanos y los ciclos económicos; todas esas funciones sociales de las que ahora se encarga el Estado y que son socialmente necesarias.
Michel: ¿Qué nos dices de las finanzas insurreccionalistas, tu tercera propuesta?
Dmytri: En la comunidad activista existe una especialización un poco extraña llamada “economía alternativa” que, según qué grupo de activistas, merece el mismo respeto que las teorías conspiratorias. Son muchos los que opinan que las monedas sociales y otras alternativas son irrelevantes en el contexto de la problemática social. Las finanzas insurreccionalistas van más allá del análisis de la creación y distribución del capital para incluir un aspecto esencial: la intensidad con la que lo empleamos. Tenemos que estudiar el papel del dinero, el papel de la deuda, el papel de las interacciones económicas y modelarlos para utilizar el capital de forma más intensiva. Cualquiera que tenga nociones básicas de economía capitalista sabe que la cantidad de dinero que hay en la economía se expande a través de instrumentos financieros como los préstamos, las valores y otros estratagemas con los que el capital y, en concreto, el capital financiero, aumenta su rendimiento mercantil por encima de la norma y, a menudo, con consecuencias desastrosas.
No estoy proponiendo que el momento cooperativo se adhiera a ese desenfreno especulador y de derivados que desencadenó la crisis financiera, pero tenemos que ir más allá de esta situación de “gasto lo que gano”. Tenemos que encontrar formas de crear liquidez, de superar los ciclos económicos y, para lograrlo, tendremos que usar la economía alternativa. A veces ni siquiera se trata de economía alternativa en la acepción típica de la palabra; paradójicamente me he inspirado mucho en gente como Michael Milken y los magnates ladrones de los 80, que son famosos por sus…
Michel: Bonos basura.
Dmytri: [Risas] Por los bonos basura, exacto. También fueron el espejo financiero de la desindustrialización de occidente. El procedimiento consistía en emitir bonos basura, es decir bonos de baja calificación crediticia, y utilizarlos para comprar empresas infravaloradas y, en esencia, despojarles de los activos, ya fueran tierras o capital. Las arrasaban por completo y las cerraban; entonces vendían los activos, repagaban las acciones y se quedaban con unos beneficios desmesurados. Acto seguido, repetían el procedimiento.

Michael Milken,el rey de los bonos basura
Me parece fascinante… por una parte hicieron algo horrible con consecuencias muy graves. Pero, por otra parte es inspirador, porque lograron los objetivos que la izquierda organizada jamás ha alcanzado: apropiarse de los medios de producción industrial. Me parece que deberíamos tomarlo como inspiración y plantearnos que, bueno, si ellos fueron capaces de apropiarse de estas instalaciones industriales para desplumarlas y quedarse con sus bienes, ¿por qué no podemos apropiarnos nosotros de ellas y mutualizarlas? La gran ironía es que Milken y su estirpe se financiaron echando mano de los fondos de pensión de los trabajadores, esos mismos ahorros que obtuvieron gracias a la lucha social. Los sindicatos se enfrentaron a los patrones para que los trabajadores pudieran ahorrar —toda una reivindicación en sí misma— y guardar esos ahorros en fondos de pensión… para que Milken y los suyos vendieran sus fondos de pensiones y utilizasen ese dinero para desguazar las fábricas donde estaban trabajando.
Michel: Pasamos la palabra John por si quiere aportar algo en relación a las ideas de Dmytri.
John: Sí, se me ocurren varias cosas. Creo que el comunismo riesgo, o cualquier modelo para agregar fondos basado en la captura de rentas, es un proyecto muy sugerente. Ya se están empleando modelos muy similares en algunas cooperativas que comparten maquinaria. Por ejemplo, en Quebec existe un tipo de cooperativa que permite que los productores pequeños y medianos agreguen capital para comprar maquinaría y utilizarla mutuamente. No sigue el mismo procedimiento descrito por Dmytri y creo que todo el apartado de emisión de bonos es muy interesante y me encantaría verlo en acción. No se trata solo de compartir maquinaria, sino también de compartir servicios y crear fondos de crédito agregados para prestarse mutuamente e invertir en sus granjas y negocios. Sería muy interesante introducirlo dentro de ese contexto para ver cómo lo pondrían en práctica. Dmytri también ha hablado de minimizar la preponderancia de la clase gestora en estos sistemas. Esto varía según qué cooperativa y qué federación pero, en general, los modelos de organización con los que se gestionan estos fondos de capital y material común son, comparativamente, bastante más líquidos de lo normal. También exigen más responsabilidades a la junta directiva que representa los intereses de los miembros de la cooperativa.
La segunda observación tiene que ver con la tensión que hay en la izquierda, o dentro del activismo en general, entorno a cómo relacionarse con el mercado y con el capital. Me he topado con esto en numerosas ocasiones dentro del activismo social y hay gente que se echa atrás de inmediato en cuanto les propones plantear una estrategia para el capital y los mercados. Creo que es una de las cosas más importantes que he aprendido del cooperativismo, porque yo antes pensaba igual. Fui activista y educador social durante muchos años hasta que, poco antes de llegar a la cuarentena, empecé a comprender qué eran las cooperativas y por qué eran tan importantes. Esta toma de contacto con el cooperativismo me hizo replantear por completo todos mis conceptos sobre economía, el capital y el mercado.
Antes, y al igual que mucha gente, creía que la economía era básicamente una disciplina “vendida” que solo servía a los intereses de las élites existentes. Más adelante, al comprender que las cooperativas representaban un modelo económico más acorde con las necesidades del pueblo, cambié de opinión por completo en lo que al mercado se refiere dentro del contexto del cambio social.
Una de las cosas más importantes que podemos hacer es recapturar y reinterpretar el concepto de capital y mercado para enfocarlos hacia el bien común. A eso se dedican las cooperativas y otros sistemas similares: reclaman el mercado y me parece una tarea fundamental en la educación y propugnación de un ideario social que va más allá de la política y la mera protesta. Debemos replantearnos y reclamar la economía para crear modelos de mercado que pertenezcan a la comunidad y al pueblo, y no solo a las corporaciones. Históricamente, el mercado siempre ha sido mucho más que una propiedad corporativa y el concepto de capital iba más allá de la acumulación de riquezas para las grandes fortunas. El capital puede ser capital para el bien común, y lo mismo podría decirse de los mercados. Necesitamos encontrar formas y modelos para llevar ese ideal a la práctica. Eso es lo que propone el movimiento P2P, es lo que propone el movimiento cooperativista, ahora tenemos que encontrar formas de conjugar a ambos.
Dmytri: Totalmente de acuerdo.

Janice Figueredo, investigadora de FLOKSociety
Michel: Yo también, y creo esto nos da pie a expresar ciertas conclusiones. Querría hacer referencia al proyecto aquí en Ecuador. Hay muchos países que cuentan con ministerios de economía social o de economía de solidaria que sólo actúan como agentes marginales. Lo que estamos planteando es convertir la economía social en algo super-productivo, super-competitivo super-cooperativo. Paradójicamente, y como ya sabéis, el gran capital está invirtiendo grandes cantidades de dinero en iniciativas de producción P2P, mientras que las cooperativas se quedan cruzadas de brazos, esto es lo que queremos cambiar. El proyecto FLOKSociety, aquí en Ecuador, propone una reorganización estratégica para que que la economía social juegue un papel fundamental, en vez de funcionar como un mero añadido al paradigma neoliberal existente. Para finalizar, quiero decir que la Fundación P2P tiene una cooperativa propia que podría funcionar como incubadora para las propuestas de Dmytri. Espero que no estuvieran borrachos al decirlo, pero tanto John como Dmytri se han comprometido a colaborar con este proyecto. KMO no sé si tendrás alguna pregunta creo que estamos llegando al final de nuestro tiempo.

KMO, presentador del C-Realm Podcast
KMO: [Risas] Efectivamente, hemos llegado a final del tiempo establecido. He estado tomando apuntes y tengo muchas preguntas. Pero creo que lo mejor será entrevistaros individualmente en el futuro cercano para continuar el diálogo.
Michel: Sé que ha sido una charla muy densa y pido disculpas a tus oyentes. ¡Esperemos que no se hayan dormido! …Pero estamos hablando del ADN de un sistema estratégico, por eso creo que es importante haber tenido ocasión de conversar juntos y comparar nuestras perspectivas.
KMO: Ha sido un placer poder formar parte de ello y tengo muchas ganas de volver a escucharlo, porque esto es una mina de información. Dmytri Kleiner, Michel Bauwens, John Restakis, gracias por vuestra labor y por haber participado en el C-Realm Podcast.
Michel: También quiero dar las gracias a Bethany Horne, por facilitar este encuentro y a Clara Robayo de Radialistas.net
Agradecimientos a Gregorio Abascal y Juan Domingo Sánchez Estop por su ayuda en esta traducción.
Guerrilla Translation/Relacionado:
¿Qué es el P2P?/ Michel Bauwens
¿Qué es el procomún?/ Helene Finidori Gemeingüeter Germany
“La misión de la Web 2.0 es destruir el aspecto P2P de Internet”/ Dmytri Kleiner
N.de.T.
1. [Venture Communism en el original, juego de palabras (y por admisión del propio Kleiner, como explica más adelante en la entrevista) sobre Venture Capitalism o “Capital Riesgo”]↩
2. [“Creative Anti-procomún” juego de palabras con el nombre de la licencia Creative Commons.]↩
“La misión de la Web 2.0 es destruir el aspecto P2P de Internet”
Marc Garrett entrevista a Dmytri Kleiner
- Traducido por Stacco Troncoso, editado por Carmen Lozano Bright – Guerrilla Translation! Imagen de Studio Leon & Lóes
- Artículo original en Furtherfield
“En los albores del nuevo milenio, los usuarios de la Red están desarrollando un modo de colaboración mucho más eficaz y ameno: el ciber-comunismo.” Richard Barbrook, “El Manifiesto CyberComunista”
Dmytri Kleiner, autor del Manifiesto Telekomunista, es un desarrollador de software involucrado en proyectos que “investigan la economía política de Internet, junto al ideal de la autoorganización obrera de los medios de producción, como una forma de lucha de clases.” Nacido en la URSS, Kleiner se crió en Toronto y actualmente reside en Berlín. Es el fundador del Telekommunisten Collective (Colectivo Telekomunista), un proveedor de servicios de telefonía e Internet que también se dedica a proyectos artísticos como deadSwap (2009) y Thimbl (2010) a fin de explorar cómo las relaciones sociales están esquematizadas dentro de las tecnologías de la comunicación.
“Recientemente, recibimos una copia física del Manifiesto Telekomunista en la redacción de Furtherfield. Tras leer el manifiesto, es patente que supone un revulsivo en el debate sobre iniciativas colaborativas basadas en el procomún. Es una llamada a la acción que pone en entredicho nuestro comportamiento social y nuestra relación con la propiedad y los métodos de producción. El manifiesto propone alternativas a Creative Commons y a las manifestaciones jerárquicas del capitalismo (tanto en red como en espacios físicos) mediante una actitud Copyfarleft, así como las estrategias colectivas del Telekomunismo y su “Comunismo de Riesgo”.a Son muchos los colectivos de arte digital que intentan salvaguardar sus principios éticos en un mundo en el que es casi inevitable verse absorbido por el poder institucional. Esperamos que esta conversación ofrezca alternativas para proceder con cierta dignidad recíproca dentro de este torbellino al que llamamos vida…”
Que empiece la discusión…
Marc Garrett: ¿Por qué decidiste crear una copia en papel del Manifiesto republicada por el Institute of Networked Cultures (Instituto de Culturas en Red), de Amsterdam?
Dmytri Kleiner: Geert Lovink se puso en contacto conmigo ofreciéndose a publicarlo y acepté la oferta. Con textos largos, me parece más práctico poder leer copias físicas.
MG: ¿A quién va dirigido el Manifiesto?
DK: Me siento identificado con hackers y artistas con conciencia política, especialmente artistas cuya obra está relacionada con la tecnología y la cultura en red. Gran parte de la temática y la ideología expuesta en el Manifiesto proviene de una conversación continua con estas comunidades y el Manifiesto es una contribución más a ese diálogo.
MG: Desde la llegada de Internet, hemos vivido el auge de varias comunidades en red que han explorado una expresividad tanto individual como colectiva. Muchas coinciden en su oposición a los sistemas masivos desplegados por corporaciones como Facebook y MySpace. Evidentemente, vuestro proyecto critica toda esa hegemonía que influye en nuestro comportamiento mediante la esquematización en red, la apropiación neoliberal y un aparato de vigilancia cada vez más expandido. En el manifiesto dices “Para poder cambiar la sociedad debemos expandir activamente el alcance de nuestros bienes comunes, para que nuestras comunidades independientes, entre iguales, sean materialmente sostenibles y capaces de resistir los avances del capitalismo.” ¿Puedes dar algún ejemplo de alternativas “materialmente sostenibles”?
DK: Ahora mismo no hay ninguna. Para ser preciso, lo único que poseemos en común es la riqueza inmaterial, por lo que cualquier plusvalía derivada de estas nuevas plataformas y relaciones siempre acabará en manos de quien gestiona recursos escasos, bien porque son físicamente escasos, o porque se les ha impuesto la escasez mediante leyes que protegen patentes y marcas registradas. La sostenibilidad de las comunidades en red depende del acceso a unos bienes comunes capaces de sustentar a estas mismas comunidades. Tenemos que expandir el ámbito del procomún para incluir estos bienes.
Dmytri Kleiner en la presentación del ‘Manifiesto Telekomunista” en “Economies of the Commons 2”, noviembre de 2010, De Balie, Amsterdam.
MG: El Manifiesto reabre el debate en torno a la importancia de las clases, y dice “La condición de la clase obrera en la sociedad se ve esencialmente asociada a la falta de poder y a la pobreza; la condición de la clase obrera en Internet no dista mucho.” ¿Puedes darnos algunos ejemplos de esta clase obrera en el contexto de Internet?
DK: Mi concepto de clase obrera es muy clásico: cualquiera cuya subsistencia dependa de estar trabajando continuamente. El sistema de clase describe una serie de relaciones. El proletariado es aquella clase que carece de los medios de producción independientes necesarios para garantizar su propia subsistencia y, por tanto, necesita de un salario, de mecenazgo o de caridad para sobrevivir.
MG: Por una serie de motivos personales y sociales, me gustaría que la clase obrera no fuera exclusivamente percibida como marginada o económicamente desaventajada, sino verla también como una clase involucrada en situaciones de empoderamiento individual y colectivo.
DK: Claro, la clase obrera comprende a una gama muy amplia de personas. Lo que les une es que, por lo general, no son propietarios de bienes productivos. Como clase, no tienen capacidad de acumulación de plusvalía. Como verás, mi concepto de clase no tiene nada de novedoso.
MG: Tras las muerte de Marx, Engels le recordó a los estudiosos de éste que “Toda la historia ha de ser estudiada de nuevo”.1 Dentro de la clase obrera de la cultura contemporánea y la cultura en red ¿quiénes son los individuos o colectivos que ves con más posibilidad de escapar de su clase social?
DK: Siempre ha habido individuos capaces de superar su clase social. Muchos empresarios de la burbuja puntoCom le sacaron partido a las “ventas” multimillonarias de sus plataformas, al igual que otros individuos desprovistos de propiedad en otros ámbitos. Ahora mismo, la movilidad entre clases y a gran escala se ha vuelto mucho más improbable. Si naces pobre hoy en día, tendrás menos oportunidades de no morir siendo pobre o de evitar que tus hijos queden sumidos en la misma pobreza. Es la condición global.
No nos veo trascendiendo estas condiciones de clase hasta que haya una abolición de las clases. Aunque ahora, y a base de equivocación, se puede convencer a la gente de que el concepto de clase social ha dejado de ser aplicable. De hecho, es una táctica muy extendida entre la derecha para degradar la conciencia de clase. Aún así, las condiciones de clase son relacionales. El poder de las clases varía según la época y dependiendo de la condiciones históricas.
La condición de una clase reside en el equilibrio de su lucha contra las demás clases. Este equilibrio viene determinado por su capacidad de lucha. El procomún es uno de los componentes que afectan nuestra capacidad, especialmente al reemplazar bienes por los que, en otras circunstancias, hubiéramos tenido que comprar a dueños capitalistas. Si lograramos traspasar la producción desde bienes productivos propietarios hasta bienes comunes, habría un desplazamiento en este equilibrio de poder entre clases y, así, más que escapar de nuestra condición de clase, la transformaremos. Pero este traspaso es proporcional al valor económico de los bienes, por lo que requiere de una expansión del procomún para incluir bienes con valor económico o, lo que es lo mismo, bienes escasos capaces de producir rentas.
MG: El Manifiesto Telekomunista propone un “Comunismo de Riesgo” como nuevo modelo operativo para la producción entre iguales, alegando que “el comunismo de riesgo provee una estructura para que los productores independientes compartan un patrimonio común de activos productivos, permitiendo que las formas de producción antes asociadas exclusivamente con la creación de valor inmaterial, como el software libre, se extiendan a la esfera material”. Aparte de vuestra evidente apropiación lingüística del término “Capitalismo de Riesgo” para convertirlo en “Comunismo de Riesgo”, ¿cómo surgió la idea?
DK: Empezó con la apropiación del término.
La idea surgió de la comprensión de que todo lo que estábamos haciendo dentro de las comunidades de la cultura libre, el software libre y las redes libres, sólo era sostenible cuando servía a los intereses del capital y que, por tanto, no tenía la capacidad emancipadora que yo y otros veíamos en ellas. La financiación capitalista implica que, en el fondo, lo único que permanece libre es el capital en sí. El software libre estaba en su época de crecimiento, mientras que la cultura libre se vio sumida en una guerra en torno al derecho a compartir y reutilizar, con el resultante desplazamiento desde las redes libres hacia las plataformas centralizadas, la censura y la vigilancia. Al darme cuenta de que esto se debía a la lógica de captura de ingresos y la precondición del capital, supe que necesitábamos una alternativa y unos modos de financiación compatibles con los ideales emancipatorios que, para mí, van implícitos dentro de la comunicación libre, junto a una manera de construir infraestructuras comunicativas concebidas como libres y con la capacidad de permanecer como tal. Bauticé todo este concepto como “Comunismo de Riesgo” y me puse manos a la obra para entender cómo podría llevarse a cabo.
MG: Es un vehículo eficaz para la lucha revolucionaria de la clase obrera. También hay una propuesta para una “Comuna de Riesgo”, a modo de empresa. ¿Cómo funcionaría?
DK: La comuna de riesgo funcionaría de la misma manera que un fondo de inversión de capital de riesgo, pero financiando empresas basadas en torno al procomún. El papel de la comuna sería distribuir propiedades escasas de la misma forma que una red distribuye propiedades inmateriales. Adquiere sus fondos emitiendo titulización de créditos — por ejemplo, en forma de bonos — y adueñándose de bienes productivos para ponerlos en venta, beneficiando así a las empresas que están bajo su tutela. Los trabajadores de la empresas son también dueños de la comuna, y las rentas obtenidas se dividen equitativamente entre todos. Esto, como complemento a cualquier remuneración que puedan recibir por su trabajo dentro de las empresas.
Esto es sólo un boceto y en ningún momento digo que el modelo del comunismo de riesgo esté acabado, o que las ideas que expreso en torno a él sean definitivas. Se trata de un proyecto continuo y, en tanto que tenga un futuro, no me cabe duda de que evolucionará según se vaya topando con la realidad, por no mencionar las ideas de los demás y sus innovaciones.
Lo principal es que necesitamos un modelo como este, su implementación y los detalles que propongo son… pues eso, propuestas.
MG: Entonces, con esta combinación de software libre, licencias Copyleft y Copyfarleft y los medios de producción entre iguales, ¿habría propiedades a título del colectivo o cooperativa, igual que ocurre con las acciones de una empresa?
DK: El modelo que apoyo ahora mismo es el de comuna que agrupa muchas empresas, cada una de ellas independiente y de tal manera que la comuna sería la propietaria del 100% de las acciones de cada empresa. Los trabajadores de las empresas serían también propietarios de la comuna. La comuna tendría acciones que se distribuirán entre los propietarios y tocarían a una por cabeza.
MG: En el Manifiesto hay una sección titulada “CREATIVE ANTI-COMMONS” b en la que se habla de Creative Commons como algo contrario al procomún, vendiendo “la lógica de la privatización capitalista bajo un nombre deliberadamente engañoso”. Esto para muchos, ya sean liberales o con una mentalidad más radical, es un tema controvertido, dado que cuestiona la propia naturaleza de muchos comportamientos en red. Me siento intrigado por la elección de la palabra “privatización”. Muchos, y me incluyo a mí mismo, asumimos que describe un proceso en el que una organización sin ánimo de lucro pasa a ser un negocio privado, normalmente a instancias del gobierno y con el objetivo de añadir más ingresos a los presupuestos nacionales a través del desmantelamiento de servicios públicos generalizados. ¿Estás diciendo que Creative Commons actúa de la misma manera, pero dentro de su rol de corporación distribuida y basada en Internet?
DK: Hay partes significativas del Manifiesto que son remezclas de textos anteriores y esa frase originalmente proviene de un artículo más largo llamado “COPYRIGHT, COPYLEFTYCREATIVEANTI-COMMONS,” escrito por mí y Joanne Richardson bajo el seudónimo de “Ana Nimus”.
Con esto queremos expresar que el “común de “Creative Commons” está privatizado porque el autor sigue reteniendo su copyright mientras que, en la mayoría de los casos, lo único que se ofrece a la comunidad está bajo cláusulas no comerciales. El autor original disfruta de privilegios especiales, mientras que los usuarios del procomún tienen derechos limitados, específicamente limitados y de tal manera que se elimina cualquier posibilidad de que se ganen la vida por medio de esa obra. Por tanto, estas obras no pertenecen al procomún, sino que son obras privadas. El autor original es el único con derecho a rentabilizar la obra.
Toda concepción previa de un procomún intelectual o cultural — incluyendo la cultura pre copyright y anti copyright, y los principios del movimiento del software libre — estaba basada sobre el concepto de no conceder privilegios especiales al autor original, prefiriendo insistir en el derecho de todos a utilizar y reutilizar este material en común. Las licencias no comerciales representan una privatización de la idea del procomún y la reintroducción del concepto de un artista original y único con derechos privados y exclusivos.
Es más, dado que considero toda expresión como una extensión de percepciones previas, las ideas “originales” sobre las cuales se derivan esta serie de derechos no son realmente originales, sino una apropiación ejecutada mediante los derechos auto-otorgados de los licenciadores de Creative Commons. Más allá de la mera privatización del concepto y composición del procomún moderno cultural, al determinar un autor único, Creative Commons coloniza nuestra cultura común, otorga una autoría exclusiva a un cuerpo de trabajo en crecimiento constante y, en efecto, expande el alcance de la cultura privada en detrimento de la cultura del procomún.
MG: Esto nos lleva a Thimbl, una platafroma de microblogging distribuida, de código abierto y gratuita que, según tus palabras, es “…similar a Twitter o identi.ca. Pero Thimbl es una aplicación web especializada basada en un protocolo de información de usuario llamado Finger. El protocolo Finger se desarrolló en los 70 y, como tal, es compatible con todas las plataformas de servidor actuales.” ¿Por qué creaste Thimbl y qué tipos de individuos y grupos crees que lo van a utilizar y cómo?

DK: En primer lugar, y por encima de todo, Thimbl es un concepto artístico.
Una de las corrientes base del Telekomunismo es que el capital no financia a plataformas distribuidas y libres, sino que prefiere financiar plataformas centralizadas y de propiedad privada. Thimbl es, en parte, una parodia de tecnologías supuestamente innovadoras como Twitter. Al crear una plataforma similar a Twitter pero utilizando el protocolo Finger, Thimbl demuestra que “el micro-blogging” ya era parte de la cultura en red de los 70 y que, por consiguiente, ni la inversión de capital multimillonario, ni los centros de datos centralizados masivos son realmente necesarios para ejecutar estas formas de comunicación, sino que más bien se utilizan para tener un control centralizado y obtener rentas de las propias plataformas.
MG: En InfoEnclosure-2.0 ,c un ensayo colaborativo con Brian Wyrick publicado en Mute Magazine, decís que “La misión de la Web 2.0 es destruir el aspecto P2P de Internet. Ahora tú, tu ordenador y tu conexión a Internet dependéis de un servicio centralizado que controla tu capacidad de comunicación. La Web 2.0 supone la ruina de los sistemas libres entre iguales y el regreso de los ‘servicios online’ monolíticos.”2 ¿Crees que Thimbl es un ejemplo del tipo de plataforma que nos liberará de la dominación de las corporaciones Web 2.0?
DK: Claro. Thimbl, aparte de ser una parodia, propone una visión de futuro viable, dado que extiende la utilización de las plataformas de Internet clásicas como alternativa a la implementación de plataformas “full-stack” hipercomplejas. De todas formas, explicamos por qué estas opciones se han ido dejando de lado y que “…el reto más significativo no es técnico sino político”. Nuestra subsistencia como desarrolladores de software nos obliga a trabajar para unos patrones que, la gran mayoría de las veces están financiados por el capital y, por tanto, tienen un interés primordial en el control de los datos de usuario y sus interacciones, dado que la comercialización de estos datos es un prerrequisito para recibir el capital.
Thimbl tendría que verse adoptado por una comunidad muy amplia antes de convertirse en una plataforma viable. Un colectivo pequeño como el nuestro sólo puede llevar el proyecto hasta cierto punto. Estamos encantados de ayudar a cualquiera que quiera unirse a través de nuestro servidor de Thimbl. Creo que “conoce” a la mayoría de los usuarios, dado que yo personalmente sigo a todos los usuarios existentes de Thimbl, o eso creo, y así es como puedes ver el estado de la “Thimbl-esfera” dentro de una línea temporal global.
Pero incluso si el desarrollo de una plataforma como Thimbl no es terriblemente significativo (porque hay mucho que lograr, muy rápidamente), el valor de una plataforma social se deriva del tamaño de su base de usuarios, por eso organizaciones con más alcance que Telekommunisten tendrán que adoptar la plataforma y contribuir a ella para que vaya más allá de ser un concepto gráfico y que funcione como plataforma.
Por otra parte, y como dice la propia página web, “la idea de Thimbl es más importante que el propio Thimbl”, y nos parecería genial ver la creación de otra plataforma libre y gratuita que extendiera los protocolos de Internet clásicos. Hay quien ha sugerido utilizar smtp/nntp, xmmp o incluso http/WebDav en vez de Thimbl, y cada uno de estos tiene sus ventajas e inconvenientes. Nuestro objetivo es desarrollar una plataforma abierta y libre, funcione como funcione, y Thimbl es una contribución artística técnica y conceptual en torno a este objetivo.
MG: Otro proyecto es la página de Facebook de Telekommunisten, donde ya tenéis más de 3000 fans. Es un buen ejemplo de la complejidad y las contradicciones que afectan a muchas iniciativas independientes. Tenemos la impresión de que Internet, en estos momentos, está controlado por una serie de nodos centrales; es como cuando un vecindario se ve dominado por grandes espacios comerciales, mientras que las tiendas más pequeñas e independientes se ven desplazadas. Con esto en cuenta, ¿cómo sorteas estas contradicciones?
DK: No quise utilizar Facebook ni otras plataformas similares durante mucho tiempo. Prefería utilizar el correo electrónico, Usenet y IRC, tal y como vengo haciendo desde los 90. Cuando escribí InfoEnclosure 2.0 aún no era usuario de estas plataformas. Aún así, cada vez era más evidente que la gente no sólo estaba adoptándolas, sino que prefería recibir información a través de ellas; prefiere que se le contacte por redes sociales antes que a través del correo electrónico. Compartir cosas en Facebook les interesa, mientras que recibir correos electrónicos resulta cansino para ciertas personas. Creo que esto se debe a una serie de motivos que, de por sí, son interesantes y comienzan con el hecho de que el capital ha invertido millones para mejorar la utilidad de estas plataformas, mientras que las plataformas de Internet “clásicas” se han quedado más o menos como estaban en los 90. Además, hay mucha gente utilizando las redes sociales que jamás fue partícipe del tipo de listas de correos o grupos de Usenet, etc que yo empleaba antes para compartir información.

Me di cuenta que, para alcanzar a más gente y compartir información, tendría que hacerlo a través de las tecnologías que empleaban los demás, que no son necesariamente las que yo preferiría utilizar.
Mi crítica de Facebook y de otras plataformas similares no es que no sean útiles, sino que son plataformas privadas, centralizadas y patentadas. Además, abstenerme de utilizar Facebook en nombre de mi propio ascetismo mediático no me interesa. No veo el capitalismo como una elección de consumo, estoy más interesado en la condición de las masas, que en mi propia corrección consumista. Al final está claro que criticar a plataformas como Facebook hoy en día supone una utilización de estas plataformas. Por todo esto me hice usuario y lancé la página de Telekommunisten en Facebook. No es sorprendente que haya tenido tanto éxito y que gracias a ella lleguemos a mucha más gente que a través de nuestros otros canales como páginas web, listas de correo, etc. La esperanza es que nos ayude a promover nuevos canales descentralizados, según se vayan implementando.
MG: Me he descargado deadSwap y quiero utilizarlo y explorarlo. En la página dice “Internet está muerto. Para evadir a la fanfarria del control capitalista, la comunicación entre iguales ha de abandonar Internet para asentarse en los callejones oscuros de las operaciones secretas. La cooperación entre iguales ha abandonado la Red y sólo puede sobrevivir en células clandestinas”. ¿Qué me puedes contar de este proyecto? ¿Hay gente utilizándolo ahora mismo?

DK: No tengo ni idea si hay gente utilizándolo, en estos momentos no estoy llevando ninguna red.
Al igual que Thimbl, deadSwap es un concepto artístico. Pero a diferencia de Thimbl, que tiene el potencial de convertirse en una plataforma utilizable, deadSwap es parodia pura y dura.
Se desarrolló para la conferencia Sousveillance de 2009, “El arte de la vigilancia inversa”, celebrada en la Universidad de Aarhus. deadSwap es un juego urbano distópico en el que los participantes hacen las veces de agentes secretos, comparten información en memorias USB, las esconden en localizaciones secretas o, de forma alternativa, las intercambian clandestinamente y se comunican a través de un portal anonimizador de SMS. Es una parodia de la “cúpula hacker” y su reacción al cerco de Internet: esa convicción de que las nuevas tecnologías encubiertas vencerán todo intento de censurar Internet y que, gracias a todo este aparato clandestino, siempre seremos más listos y andaremos un paso por delante de los propietarios y controladores de nuestros sistemas de comunicación. Esta actitud rechaza desde un principio cualquier análisis de clase, con una creencia inamovible en la habilidad que tenemos los hackers para superar la represión estatal y corporativa. Aunque es un concepto muy simple, deadSwap sería muy difícil de poner en práctica. El propio manual dice: “el éxito de la red depende de la competencia y diligencia de los participantes” y “convertirse en un superespía no es nada fácil.”
Sousveillance. “El arte de la vigilancia a inversa”. Universidad de Aarhus, Dinamarca, 8-9 de febrero, 2009
MG: ¿Qué otros servicios/plataformas/proyectos ofrece el Colectivo Telekommunisten a los hackers imaginativos, aventureros y con conciencia social?
DK: Ofrecemos servicios de hosting para individuos, pequeñas organizaciones y, especialmente, para artistas. Tenemos hosting para newsletters, y un servicio de llamadas a larga distancia. Nos puedes encontrar en IRC en in#telnik, dentro de freenode. Vamos a estar especialmente enfocados en Thimbl y damos la bienvenida a todo aquel que quiera participar en el proyecto. También tenemos un foro para la comunidad con el que coordinar todo esto que podéis encontrar aquí.
Quien quiera seguir mis actualizaciones personales, pero prefiere mantenerse apartado de redes sociales, casi todas mis actualizaciones también se publican aquí.
MG: Gracias por esta conversación fascinante, Dmytri.
DK: Gracias a ti, Marc. :-)
Fin de la entrevista.
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Referencias:
1. [Marx/Engels. Archivo de Internet(marxist.org/espanol) Correspondencia Marx-Engels: Engels a Conrad Schmidt, Londres, 5 de agosto de 1890. VersiónOnline.]↩
2. [InfoEnclosure-2.0. Dmytri Kleiner & Brian Wyrick. Lunes, 29 de enero, 2007.]↩
N.de.T.
a. [Venture Communism en el original, juego de palabras (y por admisión del propio Kleiner, como explica más adelante en la entrevista) sobre Venture Capitalism o “Capital de Riesgo”]↩
b. [“Creative Anti-procomún” juego de palabras con el nombre de la licencia Creative Commons.]↩
c. [InfoCercamiento 2.0.]↩



