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Cómo curarse del capitalismo: Cooperativismo y democracia laboral
Richard D. Wolff
- Texto traducido por Travis Shearer, editado por Manuel Troncoso Cabeza
- Vídeo traducido y subtitulado por Stacco Troncoso, editado por Mamen Martín y Rosana Fdez
- Imagen de Chris Stain
- Publicado por primera vez en inglés, copyright Truthout.org, traducido y reproducido con permiso.
- Vídeo original en The Extraenvironmentalist.
En este vídeo y el artículo corto que lo acompaña, el profesor Richard D. Wolff, experto en cooperativas y economista heterodoxo estadounidense explica los motivos por los que el crecimiento ha adquirido tal protagonismo en nuestros sistemas políticos. La desigualdad es consecuencia de la forma en la que están organizadas las empresas. Asumiendo que pasamos una parte significativa de nuestras vidas en el trabajo, ¿qué pasaría si extendiéramos nuestro afán democrático al entorno laboral? ¿en qué cambiaría la sociedad si todas las empresas fueran más democráticas? ¿cuáles serían las implicaciones sociales y políticas de un cambio como este?
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Prosperidad y democracia económica: La solución de las cooperativas de trabajadores
Las WSDE (Empresas autogestionadas por los trabajadores, por sus siglas en inglés) son una respuesta al fracaso del capitalismo a la hora de proporcionar prosperidad económica, y también al del socialismo en cuanto al establecimiento de una democracia económica.
Entre los factores que impiden la formación, en los EEUU, de una nueva izquierda organizada y políticamente eficaz, se encuentra la profunda frustración de los activistas interesados en hacer que eso suceda. El declive desde los años 70 (y particularmente desde 2008) de la habilidad del capitalismo de “cumplir con su cometido” hacia la mayor parte de la ciudadanía ha llevado a muchas personas a cuestionar, criticar y desafiar el sistema capitalista. El destacado sondeo llevado a cabo por el Pew Research Center en diciembre de 2011 evidenció que un alto porcentaje de americanos se mostraba favorable al socialismo. Muchos más estarían de acuerdo hoy día. No obstante, los activistas de izquierdas se ven cada vez más frustrados por la falta de una alternativa sistémica viable que pueda atraer a aquellos que están desencantados con el capitalismo.
Las izquierdas se ven doblemente frustradas porque las alternativas socialistas tradicionales ni logran inspirar al público ni consiguen mobilizarlos a ellos. Las implosiones del socialismo soviético y los socialismos de Europa del Este, en conjunción con grandes cambios en China y más allá, han alimentado esa frustración. La han avivado también, aunque de un modo diferente, la aceptación del neoliberalismo por parte de los partidos socialistas de Europa Occidental, desde los años 70, y sus políticas de austeridad, desde 2007-2008. El colapso del partido socialista griego, y de igual manera, la disminución importante en el apoyo electoral del partido socialista alemán y otros partidos socialistas, son un claro reflejo de las frustraciones que existen entre los socialismos tradicionales por los que éstos abogan.
Los programas socialistas tradicionales, basados en un gran nivel de intervención gubernamental en la economía (por medio de diversas regulaciones de mercado y empresa, de propiedad y gestión estatal de las empresas, planificación centralizada, etc.) ya no consiguen suscitar mucho apoyo. Cuando en ocasiones parecen conseguirlo (como fue el caso de las últimas elecciones presidenciales y legislativas francesas, por ejemplo), el socialismo tradicional demuestra ser meramente retórico y simbólico, por no haber definido ni perseguido una verdadera alternativa a un capitalismo profundamente impopular. El apoyo del gobierno francés se esfumó rápidamente.
Ante los enfoques socialistas tradicionales, el público responde, cada vez más, con una indiferencia escéptica que podría traducirse como “ya hemos pasado por eso”. Muchos se han formado la opinión de que los socialismos tradicionales, cuando han conseguido instaurarse, demostraron tener demasiadas deficiencias, fueron demasiado insostenibles, o ambas cosas. El creciente interés público que desde la crisis de 2008 se ha despertado hacia las alternativas al capitalismo ha chocado de frente con la pérdida paulatina de confianza en el socialismo tradicional.
La frustración de la izquierda, teniendo en cuenta que el atractivo del socialismo tradicional se ha agotado, surgió ante la falta de una alternativa atrayente y generalmente aceptada al capitalismo. La izquierda no podía proporcionar lo que anhelaban las masas, mientras éstas intensificaban sus críticas hacia el capitalismo en general, su caída a largo plazo y su crisis a corto plazo.
En este punto entra en escena el concepto de las cooperativas de producción o cooperativas de trabajo asociado, o aún mejor, el término poco adecuado pero más específico: empresas auto-dirigidas por los trabajadores (WSDE). Esta idea, que tiene siglos de antigüedad, ha sido reavivada, rediseñada y aplicada para que vaya mas allá del socialismo tradicional. El resultado es una nueva visión de un capitalismo alternativo que podría ayudar a movilizar a una nueva izquierda.
Al establecer la democracia en el seno de las empresas, las WSDE hacen que el gobierno asuma sus responsabilidades ante el pueblo, como trabajadores. La democracia política no es más que una formalidad cuando la dependencia directa de los gobiernos hacia las personas, como votantes, no va acompañada de una dependencia hacia las personas como trabajadores”
Las WSDE reemplazan las empresas capitalistas jerárquicas (organizadas de arriba hacia abajo y dirigidas por sus accionistas principales y las juntas directivas que éstas escogen) por empresas democráticas dirigidas por todos sus trabajadores. Éstas últimas toman colectiva y democráticamente todas las decisiones sobre qué, cómo y dónde se produce. Y lo que es más importante, deciden cómo usar los ingresos netos de la empresa.
La dependencia de los gobiernos (a nivel municipal, regional y nacional) del pago de impuestos por parte de las empresas se convierte, por lo tanto, en una dependencia hacia las personas, como trabajadores. Ya no se usarán los impuestos ni ninguna otra distribución de ingresos netos para moldear las políticas gubernamentales en beneficio de intereses no comunes (capitalistas dentro de las empresas) y en contra de los trabajadores o los ciudadanos.
La importancia de tales transformaciones, a pequeña escala, hacia el modelo WSDE, no puede sobrevalorarse. Por el hecho de situar poderes económicos claves en manos del estado (la regulación o propiedad de las empresas, la imposición de una planificación por encima o en lugar de los mercados), el socialismo tradicional normalmente acumulaba demasiado poder, o exclusivamente en el estado o bien entre el estado y las principales empresas capitalistas que éste “regulaba”. Demasiado poco poder compensatorio, real e institucionalizado residía dentro de las empresas, en manos de los trabajadores. Como resultado, no existían en la vida económica la transparencia, la responsabilidad, ni el tener que rendir cuentas, y por lo tanto, tampoco existía la democracia económica. Cosa que a su vez minaba la democracia en el ámbito político.
Las WSDE podrían solucionar ese problema. En las economías donde predominan las WSDE, los recursos financieros del estado (los impuestos cobrados a las empresas y/ o los préstamos recibidos de las mismas) están compuestos por las contribuciones de los ingresos netos hechos por los trabajadores de estas empresas. Del mismo modo, el uso de los ingresos netos de cualquier empresa para la financiación de partidos o personalidades políticas, esfuerzos de lobbying o centros de estudios, sería un reflejo de las decisiones democráticas de sus trabajadores. Siempre ha sido una característica estructural fundamental del capitalismo – la dictadura del capital dentro de las empresas – la que ha generado los incentivos y proporcionado los recursos para que los capitalistas pudieran doblegar el gobierno para ponerlo al servicio del capital y en contra de los trabajadores. Una economía basada en WSDE, en cambio, aboliría esa dictadura, y en consecuencia, sus efectos políticos.
Al establecer la democracia en el seno de las empresas, las WSDE hacen que el gobierno asuma sus responsabilidades ante el pueblo, como trabajadores. La democracia política no es más que una formalidad cuando la dependencia directa de los gobiernos hacia las personas, como votantes, no va acompañada de una dependencia hacia las personas como trabajadores (en gran proporción, las mismas personas). La democracia política verdadera requiere la intregración de una alianza con la democracia económica, tal y como se contempla en las economías donde predominan las WSDE. El énfasis excesivo del socialismo tradicional en sus diferencias a nivel general con respecto al capitalismo (la sustitución de la regulación/propiedad estatal por la propiedad privada y la planificación estatal por los intercambios comerciales) sería corregido de forma radical por las transformaciones, a pequeño nivel, en la organización empresarial, que pasaría de una organización capitalista a un modelo de WSDE.
Las empresas democratizadas, por supuesto, tendrían que compartir poderes, a todos los niveles (municipal, regional y nacional), con unas estructuras políticas democráticas vinculadas al lugar donde desarrollan su actividad dichas empresas. Las consecuencias politicas de las decisiones empresariales, igual que las consecuencias empresariales de las decisiones políticas, requerirían que la toma de decisiones en ambas áreas sociales (la empresa y la comunidad residente) fuera mutuamente respetuosa e interdependiente. La democracia basada en las empresas co-gestionaría, junto con la democracia basada en la comunidad residente, el espectro completo de las decisiones sociales, incluyendo las funciones y políticas de cualquier sistema político.
En este contexto, la transformación de las empresas capitalistas en WSDE cambiaría radicalmente los lugares de trabajo, las comunidades residenciales, y por consiguiente, la vida de prácticamente todo el mundo. Podría realizar el cambio sistémico que se proponían las socialismos tradicionales, pero que nunca lograron: una alternativa viable y atractiva que sea preferible al capitalismo. Ello ofrece a la izquierdas un medio para superar sus frustraciones y un epicentro alrededor del cual reagruparse y existir mientras construyen nuevos movimientos y organizaciones.
Guerrilla Translation/Relacionado:
Hacia un procomún material/ Michel Bauwens Dmytri Kleiner John Restakis
Revolución integral Enric Durán
¡El capitalismo me funciona! Verdadero/Falso/ Steve Lambert
Dmytri Kleiner y la financiación del procomún material
Tercer y último extracto de nuestra traducción del diálogo a tres bandas entre Michel Bauwens, Dmytri Kleiner y John Restakis. Hoy, Dmytri Kleiner, comunista de riesgo y especialista en tecnologías de descomunicación, intenta dar respuesta a la siguiente pregunta: ¿Cómo vamos a crear empresas para beneficiar al procomún si no disponemos de capital para ponerlas en marcha?
Asimismo quise explicar en qué consistía el comunismo riesgo, mi propio proyecto que precede a la acuñación del término “producción entre iguales” pero que pueda aportarle muchos beneficios, dado que estamos hablando de lo mismo, aunque utilicemos términos distintos para describirlo. Como tecnólogo, siempre me he inspirado en las dinámicas de las redes entre iguales y en los proyectos de software libre. Todo esto influyó en la creación del comunismo riesgo. Dado que ya teníamos TCP/IP y demás para distribuir bienes inmateriales, me propuse crear un protocolo apto para la producción y distribución de bienes físicos. Internet es una plataforma muy eficaz para compartir, distribuir y crear riqueza inmaterial colectiva y para ayudarnos en nuestro afán de ser productores independientes basados en este procomún colectivo.
El objetivo del comunismo riesgo es seguir el mismo patrón con la riqueza material. Tiene influencia de muchas tradiciones, y no sólo de la tradición anarco-comunista. Uno es el ideal georgita de utilizar las rentas económicas como base fundamental de la distribución mutua de riquezas. En términos sencillos, esto significa que podemos distribuir las rentas pasivas. Bajo esto concepto, los trabajadores, además de obtener ingresos mediante la producción de bienes, agregan rentas por ser dueños de los medios de producción, por ser dueños de activos productivos.
Vivimos en una sociedad desigual porque tenemos una distribución desigual de activos productivos. Incluso si hablamos del movimiento cooperativo —que siempre he admirado y que siempre he utilizado como ejemplo a seguir— es evidente que la distribución de activos productivos también es desigual. Lo mismo pasa en otros tipos de producción; si nos fijamos en la influencia social de los trabajadores del sector de la tecnología en contraposición a la de los trabajadores del sector agrícola, es evidente que el colectivo de trabajadores del sector tecnológico tiene mucho más peso e influencia que el de los trabajadores agrónomos. Hay desigualdad en el capital y en los recursos humanos de estas cooperativas. Este protocolo busca normalizar estas desigualdades sin necesidad de administración externa.
La reacción típica del comunismo de Estado ante el movimiento cooperativo es decir que las cooperativas se explotarían y se excluirían mutuamente. La solución pasa por crear cooperativas gigantes, como Mondragón, o Estados socialistas; pero entonces, como hemos visto a lo largo de la historia, surge algo llamado la clase administrativa, y esa clase administrativa que gobierna el conjunto de cooperativas de un Estado socialista se puede convertir en algo tan contraproducente y explotador como la propia clase capitalista. ¿Cómo creamos reciprocidad entre cooperativas y distribuimos sus ganancias sin engendrar una clase administrativa? Para esto me he inspirado en las teorías de Henry George y Silvio Gesell respecto a la idea de compartir las rentas.
El concepto es que las cooperativas seguirían siendo independientes, igual que las cooperativas de hoy en día. Serían productores independientes pero, en vez de ser dueños de sus propios bienes productivos, cada miembro de la cooperativa sería copropietario de estos bienes, junto a todos los demás miembros de todas las demás cooperativas enmarcadas dentro de Federación. Las cooperativas arrendan la propiedad de la comuna colectivamente. Esto se lleva a cabo a través de un protocolo, que no una estructura administrativa. Si la cooperativa requiere un activo como, por ejemplo, un tractor, la comuna central entra en funcionamiento como una especie de mercado de bonos. El planteamiento del bono sería: “Necesitamos un tractor y estamos dispuestos a pagar 200 dólares al mes por él en concepto de rentas”, y los demás miembros de la cooperativa pueden decir: “Sí, nos parece buena idea, es una buena distribución de estos bienes productivos y vamos a comprar estos bonos.” La comuna aprueba la venta de bonos, la cooperativa se lleva el tractor y el dinero generado por las rentas de éste se reinvierte en saldar los bonos.
Una vez recuperada la inversión, cualquier otro ingreso percibido por la renta del tractor, junto a todas las demás rentas acumuladas, se distribuye de manera equitativa entre todos los trabajadores, no sólo los trabajadores la cooperativa que lo ha pedido. Esto no se limita a tractores, podríamos decir lo mismo sobre edificios, tierras o cualquier otro activo productivo.
Esto supone que todos los ingresos pasivos, es decir aquella porción de ganancias derivada de la propiedad de bienes productivos, se distribuyen proporcionalmente entre todas las partes interesadas dentro de todas las cooperativas. Y ese es el protocolo básico del comunismo riesgo: pagas una renta sobre los activos productivos que utilizas, esa renta se divide equitativamente entre todos los miembros de la comuna, no entre las cooperativas independientes sino entre toda la comuna.
Esto supone que si utilizas la cantidad exacta per cápita de tu acción en estas propiedades, ni más ni menos, la cantidad que pagas en concepto de renta y lo que recibes como dividendo social será exactamente igual. Si eres un trabajador normal esto tendrá un funcionamiento previsible y constante pero, si ya no trabajas tanto —o bien por la edad o porque estás desempleado— utilizarás muchos menos bienes productivos que la persona media. En este último caso, recibirás mucho más en concepto de dividendos que lo que pagas por renta y, en ese sentido, sí es una especie de renta básica. Por el contrario, si eres un productor súper motivado y estás expandiendo tu capacidad productiva, entonces la cantidad que pagas por los activos productivos será mucho más alta de lo que recibes como dividendos, aunque, como has apuntado, también obtienes ingresos de la aplicación productiva de esa propiedad. El comunismo riesgo no busca controlar el producto de las cooperativas. El producto de las cooperativas es totalmente suyo para utilizar como quieran. No busca limitar el control o contabilizar o ni siquiera decirles cómo tienen que distribuir el producto o bajo qué condiciones. Lo que producen es totalmente suyo, se limita exclusivamente a la gestión colectiva del procomún de activos productivos.
Originamente traducido por Stacco Troncoso y editado por Mamen Martín y Rosana Fernández. La entrevista completa se puede leer aquí, y el extracto en el blog de la Fundación P2P está aquí.
El fin del ecocidio
Tala de árboles en los últimos bosques vírgenes de Europa, situados en los Cárpatos Rumanos. La madera se utiliza para fabricar muebles o se convierte en virutas para quemar en chimeneas. Desde 1990 se han talado ilegalmente unas 366.000 hectáreas de bosques protegidos, casi la mitad del área metropolitana de Barcelona.
Hasta ahora, la Iniciativa Ciudadana Europea contra el ecocidio tan solo ha obtenido alrededor de 100,000 firmas –una figura bastante inferior al mínimo necesario (1 millón) para qué la Comisión Europea la estudie formalmente. ¿Mirarán atrás las generaciones futuras de un planeta arruinado preguntándose por qué sólo un 0.02% de los europeos ejercieron su derecho democrático a detener el ecocidio? Nos merecemos algo mejor que eso.”
En este artículo, originalmente publicado en The Guardian, Charles Eisenstein analiza detenidamente las consecuencias económicas y legales de una ley anti-ecocidio. Es evidente que hay que proteger al planeta pero, si nuestros sistemas económicos y legales no son compatibles con una ley así, ¿no deberíamos plantearnos cambiarlos? Visitad este enlace para averiguar más sobre la Iniciativa Ciudadana Europea contra el ecocidio.
En una reciente conferencia de prensa, la diseñadora Vivianne Westwood ha expresado su angustia y preocupación por el alarmante empeoramiento del estado del planeta. “La aceleración de la muerte y la destrucción es inimaginable,” dijo “y ocurre cada vez más rápido”.
Hablando en apoyo de la Iniciativa Ciudadana Europea contra el ecocidio, sus palabras reflejan un sentimiento creciente de tener que hacer algo al respecto. Una opción sería consagrar la santidad de la biosfera por medio de una ley.
Que el ecocidio –la destrucción de ecosistemas– ya sea un concepto establecido apunta a un enorme cambio en la relación entre la civilización industrial y el planeta. La capacidad de matar algo, en este caso la Tierra, presupone que ese algo está vivo. Hoy en día, empezamos a ver al planeta y a todos sus subsistemas como seres que merecen la vida, y no sólo como un catálogo de recursos o un vertedero. Al darnos cuenta de que somos parte de un planeta vivo e interdependiente, conceptos como los de “derechos de la naturaleza” o la “ley del ecocidio” acabarán siendo de sentido común.
Desgraciadamente, vivimos en un sistema económico y legal que contradice esa percepción. Las corporaciones, con plena impunidad legal y a cambio de grandes beneficios, arrasan con sus buldóceres, cortan, taladran, extraen hidráulicamente, minan a cielo abierto e incendian el planeta, provocando el ecocidio una y otra vez. Existe la tentación de atribuir estos horrores a la avaricia corporativa, pero ¿qué vamos a esperar de un sistema legal y económico que justifica y apremia tales actividades? Además, dentro de esta sociedad industrial, todos somos cómplices. Por eso necesitamos una ley contra el ecocidio: sería un símbolo concreto del consenso creciente sobre la necesidad de detenerlo.
En términos morales, el asunto está muy claro pero ¿qué pasa con los términos económicos? ¿Cuál es el sentido práctico de prohibir el ecocidio? ¿Podemos permitírnoslo? La objeción económica implica que: “Claro, deberíamos dejar de asesinar al planeta, pero no es el momento. Tenemos que esperar a que mejore la economía para poder permitírnoslo.” ¿Qué quiere decir esto exactamente? ¿Que deberíamos acelerar nuestra extracción continua del capital natural hasta agotarlo para que, en un futuro imaginario, tengamos suficiente dinero para restaurarlo? ¿De verdad hay quien cree que sólo deberíamos conservar un planeta viviente siempre y cuando no suponga un impedimento al estatus quo?
La dura verdad del asunto —y una verdad que no será del gusto de muchos ecologistas— es que una ley en contra del ecocidio dañaría a la economía tal y como la conocemos. Una economía que depende de mayores niveles de consumo y un volumen creciente de bienes y servicios para que la demanda esté a la altura de las mejoras en productividad y lograr el pleno empleo. Hoy en día, esto supone arrebatar más minerales, madera, peces, petróleo, gas y demás recursos de la Tierra, con la pérdida inevitable de hábitats, especies y, en última instancia, la salud y viabilidad de toda la biosfera.
Cambiarlo no es un asunto trivial. ¿Qué ocurre con esos estimados 500,000 puestos de trabajo que se crearán gracias a la extracción del alquitrán de las arenas bituminosas en Alberta, Canadá, por mucho que esta última suponga una catástrofe ecológica? Tenemos que cambiar nuestro sistema económico para que el empleo no siga dependiendo de la conversión de la naturaleza en productos. Tendremos que remunerar a la gente por desempeñar tareas que no generarán los bienes y servicios que conocemos hoy en día; tareas como replantar bosques, en vez de talarlos indiscriminadamente, o restaurar las marismas, en vez de construir sobre ellas. Todas las facetas de la vida moderna contribuyen al ecocidio; por tanto es de esperar que todas las facetas de la vida cambiarán en la era post-ecocida.
Sería más acertado decir que una ley contra el ecocidio transformaría la economía, en vez de dañarla. Forma parte de la transición a una economía con menos productos desechables y más objetos elaborados con cariño, más bicicletas y menos coches, más huertos y menos supermercados, más tiempo libre y menos producción, más reciclaje y menos vertederos, más compartir y menos propiedad.
¿Qué pasa con el argumento que afirma que Europa, si criminalizara el ecocidio, tendría una desventaja competitiva con los países que lo permitieran? Cierto es que la liquidación rápida del capital natural suele producir grandes beneficios a corto plazo.
¿Cómo va a competir la madera de cosecha sostenible de un lugar con la madera barata proveniente de la talas indiscriminadas de otro? No puede –a menos que la ley contra el ecocidio se incluya en los acuerdos de comercio internacional y las políticas de aranceles. Por desgracia, los acuerdos de comercio internacional que se negocian hoy en día, como el Acuerdo Estratégico Transpacífico de Asociación Económica (TPP) y el Acuerdo Transatlántico de Comercio e Inversión (TPIP) amenazan con hacer justo lo contrario: las corporaciones podrían invalidar las leyes contra el ecocidio alegando que son un obstáculo al comercio.
Hay que darle la vuelta a este proceso. Una ley europea anti-ecocidio establecería las bases legales y morales de un consenso global para acabar con el ecocidio y preservar el planeta para generaciones futuras. Incluso si no se impusiera de inmediato, la iniciativa supondría una poderosa llamada de atención. Es inevitable que, tarde o temprano, se apruebe una ley de estas características y aquellas empresas con más visión de futuro, las que son capaces de anticipar los cambios que conlleve, se beneficiarán a la larga, aunque suponga transiciones muy duras a corto plazo.
Hasta ahora, la Iniciativa Ciudadana Europea contra el ecocidio tan solo ha obtenido alrededor de 100,000 firmas –una figura bastante inferior al mínimo necesario (1 millón) para qué la Comisión Europea la estudie formalmente. ¿Mirarán atrás las generaciones futuras de un planeta arruinado preguntándose por qué sólo un 0.02% de los europeos ejercieron su derecho democrático a detener el ecocidio? Nos merecemos algo mejor que eso.
Traducido por Stacco Troncoso, editado por Miki Decrece – Guerrilla Translation
Hacia un procomún material
Cooperativismo, producción P2P, y financiación comunitaria en el contexto del procomún. KMO del C-Realm Podcast, entrevista a Michel Bauwens, Dmytri Kleiner y John Restakis
- Traducido por Stacco Troncoso, editado por Mamen Martín y Rosana Fernández - Guerrilla Translation!
- Imagen de Stacco Troncoso
- Artículo original, en audio, en texto.
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¿Podemos llevar el modelo de producción P2P al terreno material? ¿Es obligatorio trabajar dentro de esquemas capitalistas para que colaboradores del procomún, activistas y demás puedan subsistir y dedicar su tiempo libre a estas actividades? ¿Cómo podemos crear empresas sociales si no tenemos capital para arrancarlas? ¿Acaso hay un modelo que nos permita ganarnos la vida, producir bienes y servicios e incluso competir con la hegemonía dominante…?
En esta fascinante conversación grabada por KMO del C-Realm Podcast, Michel Bauwens, Dmytri Kleiner y John Restakis se plantean estas preguntas y más, para hallar una serie de soluciones que combinan nuevos modelos de cooperativismo social con las dinámicas de producción entre iguales orientadas al procomún y los sistemas de financiación colectiva.

Michel Bauwens, John Restakis, Dmytri Kleiner
KMO: Estás escuchando el C-Realm Podcast y hoy hablaremos desde Quito, Ecuador, con Dmytri Kleiner, Michel Bauwens y John Restakis. Os voy a presentar a cada uno individualmente. Dmytri Kleiner es un “comunista de riesgo” 1 y el autor del “Manifiesto Telekomunista”. Dimytri bienvenido al C-Realm.
Dmytri: Gracias, KMO.
KMO: Háblanos un poco de ti mismo.
Dmytri: Formo parte de un colectivo llamado Telekommunisten. Nos dedicamos a proyectos artísticos que investigan la economía política de la información y, especialmente, la evolución de Internet y las redes sociales. Como parte de ello presentamos muchos textos, entre los que encontramos el “Manifiesto Telekomunista”, que trata sobre la historia del copyright, las redes y las plataformas de comunicación desde una perspectiva materialista.
KMO: También tenemos a Michel Bauwens creador de la Fundación P2P, cuyo objetivo es fomentar una sociedad basada en el procomún dentro de un marco estatal y económico reformado. Bienvenido de nuevo al C-Realm Podcast.
Michel: Gracias, es un honor.
KMO: Y por último, John Restakis, autor de Humanizing the Economy: Cooperatives in the Age of Capital. (Humanizar la economía: cooperativas en la era del capital). John bienvenido al C-Realm Podcast. Háblanos un poco de ti mismo.
John: Sí, llevo unos dieciocho o diecinueve años trabajando con el movimiento cooperativista canadiense. Hasta este verano he sido el director ejecutivo de la Asociación de Cooperativas de la Columbia Británica y también me dedico a escribir y dar conferencias sobre economía cooperativa y globalización. He trabajado mucho en el desarrollo del modelo cooperativo en Canadá e internacionalmente, estudiando tanto su evolución como la creación de nuevos tipos de mercados como respuesta a este paradigma neoliberal, fallido y omnipresente.
KMO: Michel, vamos a empezar contigo. Los tres estáis en Quito, Ecuador como ponentes en una conferencia. ¿Qué nos puedes contar sobre la conferencia y por qué os han invitado a vosotros específicamente? ¿Qué váis a aportar al diálogo?
Michel: John y yo estamos aquí trabajando en el proyecto FLOKSociety. “FLOK” significa “Free/Libre Open Knowledge” Society (Sociedad de conocimiento libre, abierto y común). Todo surgió a raíz de un discurso de hace unos meses en el que el presidente, Rafael Correa, planteó un reto a juventud ecuatoriana: desarrollar y defender una sociedad del conocimiento abierto, libre y basado en el procomún. Existe un acuerdo firmado por tres organismos oficiales: el Ministerio del Conocimiento y Talento Humano, el SENESCYT, que es un secretariado de innovación abierta y ciencia, y la Universidad de Posgrado Estatal en IAEN. Estas tres organizaciones nos han pedido desarrollar un programa de transición para dirigir Ecuador hacia un modelo basado en el procomún. Soy el director de investigación del proyecto y John Restakis es el coordinador de corrientes de investigación orientadas a la innovación institucional. Eso es una parte, la otra es la conferencia que has mencionado antes. Se llama “Minga por la libertad tecnológica” y trata sobre la soberanía tecnológica. Ahora que sabemos que están vigilando y monitorizando todo lo que hacemos —especialmente si se trata de la inteligencia norteamericana o británica— nos planteamos la siguiente pregunta: ¿Qué podemos hacer al respecto? ¿Qué podemos hacer para mantener nuestra privacidad y proteger nuestras comunicaciones del espionaje sistemático? Dmytri y yo somos ponentes en la conferencia. Yo, básicamente, voy a introducir el proyecto FLOKSociety ante un público compuesto por activistas comprometidos con el software libre aquí en Ecuador. Dmytri, ¿quieres decir algo más sobre la conferencia?
Dmytri: Por supuesto. Estoy aquí porque soy parte de la comunidad del software libre. Tengo una larga trayectoria como desarrollador informático y he venido a presentar un análisis crítico ante una comunidad que, a menudo, cree que la tecnología es capaz de resolver todos nuestros problemas. Es una actitud bastante frecuente dentro de la comunidad de software libre, expresada en frases como “si somos capaces de programar mejor software, superaremos cualquier obstáculo” o “el motivo por el que no hemos vencido a Facebook es porque no podemos programar algo mejor”. Mi análisis del problema sigue otros cauces; lo veo como un problema tanto económico como político y creo que los modos de comunicación que empleamos tienen una relación muy estrecha con los modos de producción que los financian. Me han invitado aquí para expresar esa opinión ante este grupo.
Michel: John, ¿quieres añadir algo?
John: No, solamente expresar que soy parte del equipo de investigación del que Michel acaba de hablar para el proyecto de FLOKSociety. No soy parte de la conferencia y tampoco soy nada “tecnológico”. Es más, me resulta bastante difícil seguir la temática de estas conferencias. Mi propia investigación trata sobre la legislación pertinente a esta transición hacia una economía basada en el conocimiento abierto y el procomún. Llegados aquí, le quiero devolver la palabra a Michel. Michel, quizás puedas desarrollar un poco el marco de la conversación para reflejar los temas de los que estábamos hablando el otro día.
Michel: Quiero empezar hablando un poco sobre los problemas y las cuestiones que surgen en torno a la producción entre iguales, o P2P, en el marco de la sociedad y economía neoliberal-capitalista actual. Podríamos describirlo de la siguiente manera: contamos con la tecnología necesaria para escalar las dinámicas de grupos pequeños a nivel global y crear grandes comunidades productivas y autogestionadas en torno a la producción colaborativa de conocimiento, código y diseño. El problema es que no podemos ganarnos la vida con ello.

Michel Bauwens
La situación es que hay comunidades donde algunos perciben un salario mientras que el resto trabaja de forma voluntaria, pero todas utilizan metodologías abiertas para crear un procomún. Cosas como Linux, Arduino, Wikipedia y todo eso… Pero esto conlleva un problema, dado que solo te puedes ganar la vida trabajando para el capital. Se está produciendo un procomún, y cada vez más, pero sin disfrutar de lo que Marx denominaba como “la reproducción social”. Dado que no podemos subsistir en este ámbito, quisiera proponer una solución muy relacionada con el trabajo de Dmytri Kleiner. Hace unos años, Dmytri propuso la creación de una licencia producción entre iguales. Yo la interpreto de la siguiente manera: La licencia declara que solo puedes utilizar nuestro procomún si eres recíproco con él hasta cierto punto. Es decir, en vez de tener un procomún totalmente abierto (donde se permite que las multinacionales se lucren con nuestro esfuerzo para seguir fortaleciendo al capital) la idea es mantener la acumulación de beneficios dentro del ámbito del procomún. Imagina que tienes una comunidad de productores y, por encima de ella, una coalición empresarial de cooperativas éticas asociadas y empresas de solidaridad social.
La idea es tener un procomún inmaterial de código y conocimiento, pero el “trabajo material”, es decir, la labor de trabajar para clientes y ganarte la vida, la haces a través de cooperativas. El resultado sería una especie de “cooperativismo abierto”. Se trataría de la combinación, convergencia y síntesis de la producción entre iguales y la producción cooperativista. Esa es la idea básica y ya vemos ejemplos de ello en las cooperativas solidarias y las nuevas formas de cooperativismo. John, me gustaría que nos hablaras un poco de todo esto.
John: Sí, cómo no. En primer lugar quiero constatar, que, aunque he trabajado dentro del sector cooperativo canadiense durante los últimos dieciocho o diecinueve años, sigo siendo un novato en lo que yo llamo el “nuevo movimiento del procomún”. Y es gracias a la interacción con Michel y otra gente de este mundillo que me estoy percatando del alcance y la vitalidad que hay en este nuevo movimiento. Para mí la gran pregunta siempre ha sido cómo reimaginar y reinterpretar el modelo cooperativo para dar respuesta a la crisis actual y a lo que nos depare el futuro.

John Restakis
Históricamente, el movimiento cooperativo tiene mucha trayectoria y ha alcanzado unos logros formidables en países de todo el mundo, tanto del norte como del sur. Pero, hasta ahora, no ha habido una conexión directa con este movimiento emergente del procomún, que comparte muchos de los valores y principios del movimiento cooperativista tradicional. Uno de los temas que más me interesa es cómo forjar lazos y salvar diferencias entre el movimiento cooperativista global y las iniciativas orientadas hacia el procomún, también a nivel internacional. Existe una carencia de diálogo entre ambos y creo que hay una gran necesidad de convergencia entre el movimiento cooperativista internacional e histórico y este nuevo prototipo del procomún, que está hallando su voz como nuevo paradigma para las relaciones sociales, las relaciones de producción y los nuevos modelos económicos, tal y como ha descrito Michel.
Esta reinterpretación del modelo cooperativo posee unas características muy peculiares que pueden dotar al movimiento del procomún de más fuerza, estabilidad e influencia. Este último, por lo que veo, sigue principalmente enfocado en el ámbito tecnológico. Es cierto que tiene un componente entre iguales o P2P muy importante pero, aun así, hay escasez de conocimientos en cuanto a estructuras cooperativas o a protocolos formales de propiedad legal basados en la reciprocidad y la cooperación. Quiero plantear una visión del procomún dotada de las estructuras organizativas y legales necesarias para conferirle más poder económico, influencia de mercado y mayor fluidez a la hora de conectar con modos de organización más duraderos a largo plazo.
Michel: Quiero añadir que, a nivel personal, veo ejemplos de esto casi a diario. Los jóvenes, los desarrolladores del software libre o código abierto, toda la gente que está en espacios de co-working, hackerspaces o makerspaces… siempre que se plantean cómo ganarse la vida, piensan en “Start ups” o empresas incipientes. Están muy influidos por la atmósfera neoliberal dominante que ha caracterizado a su generación y tienen una especie de impulso genérico. Dicen: “vamos a empezar un start-up” y se ponen a buscar capital riesgo. Es un camino muy peligroso, el capital riesgo típicamente exige una serie de controles y garantías: tienen derecho a cerrar toda empresa cuando les dé la gana o si creen que no van a ganar suficiente dinero. Te prohíben seguir trabajando en el mismo sector después de que la compañía haya fracasado y te imponen cláusulas de confidencialidad, con lo que ni siquiera tienes libertad de expresión para hablar de tus experiencias negativas. Es una situación muy común. Tengamos en cuenta que, de todas las empresas financiadas con capital riesgo, solo sale adelante una de cada diez. Estas compañías se vuelven multimillonarias, pero es un sistema en el que los que triunfan arrasan con todo.
Esta generación de jóvenes desconoce la existencia de otras fórmulas para crear y gestionar una empresa. Creo que también ocurre lo mismo a la inversa. Hay muchas cooperativas que se están “neoliberalizando”, por decirlo de alguna manera. Se han convertido en empresas competitivas que contienden con otras cooperativas y empresas normales y ni comparten sus conocimientos, ni fomentan un procomún de diseño o de código. Privatizan y patentan el conocimiento que han generado, igual que cualquier empresa competitiva privada. Aún no se han dado cuenta de que hay una nueva forma de ser más competitivo: mediante la cooperación dentro de un procomún de conocimiento abierto. Este es el lado humano de este problema y podríamos solucionarlo beneficiándonos del conocimiento y la experiencia mutua de ambos sectores. Los dos están creciendo paralelamente; después de la crisis de 2008 hemos visto la consolidación de la economía colaborativa, junto a una explosión en la economía de producción entre iguales, pero también hay una revitalización en el sector cooperativo. John, antes de que hable Dmytri me gustaría que hablarás sobre las cooperativas de solidaridad y cómo integran la noción del procomún y el bien común dentro de la propia estructura cooperativa.
John: Históricamente hablando, las cooperativas normalmente se han dedicado a proveer servicios y apoyar a sus propios miembros. Si por “cooperativa” entendemos “empresas colectivas, democráticas y bajo control de sus miembros”, los miembros son los mayores beneficiarios de la cooperativa; ya sean cooperativas de consumo, de trabajadores o de ahorro y crédito. Ésa sido la tradición: la cooperativa está al servicio de sus miembros inmediatos. Esto ha cambiado en estos últimos 15 años y, en particular, en el sector de la asistencia social.

Cooperativa social Cadiai, Bolonia
Las cooperativas de asistencia social surgieron en Italia a finales de los 70 como respuesta al fracaso del modelo de mercado que sustentaba los servicios públicos del país. Por eso las familias y los usuarios de los servicios sociales —primordialmente dentro de la comunidad de personas con discapacidad— empezaron a crear cooperativas para seguir beneficiándose de estos servicios. Es un modelo muy distinto a la asistencia social estatal. Lo más fascinante de estas cooperativas sociales es que, aunque tienen membresía propia, su misión no es sólo atender a las necesidades de sus miembros, sino proveer un servicio a toda la comunidad. Por tanto, son organizaciones de servicios comunitarios compuestas por los principales usuarios de tales servicios, ya sea asistencia médica, asistencia a drogodependientes, etc. Estas cooperativas sociales han tenido un auge explosivo en Italia. Creo que, en cierto sentido, se han apropiado del sector de la asistencia social en muchas comunidades y todo esto mediante contratos con los ayuntamientos. En Bolonia, por ejemplo, más del 87% de los servicios sociales de la ciudad se proporcionan a través de cooperativas sociales.
Estas cooperativas son organizaciones de gestión democrática y pertenecen a un modelo muy diferente, mucho más participativo y que está mucho más involucrado en el diseño de esa asistencia social que el modelo habitual gestionado por el Estado. El concepto tradicional de las cooperativas como algo primordialmente dirigido al beneficio y los intereses de sus propios socios se ha expandido para incluir una provisión de servicios a toda la comunidad. Esto expande la definición tradicional de “cooperativa” para incluir una serie de objetivos más acordes con el bien común, algo que, por supuesto, tiene mucho que ver con la filosofía y los valores del movimiento del procomún. La diferencia es que las cooperativas sociales siguen estructuradas en torno a los derechos de gestión (qué miembros tienen derechos de decisión, qué controlan dentro de la cooperativa, etc.) y sobre la propia operatividad de la organización. Se trata de una estructura legal incorporada y con el reconocimiento formal de las autonomías y del gobierno central. Gracias a ello, las cooperativas pueden negociar y forjar contratos con el gobierno para la provisión de estos servicios públicos. Una de las mayores ventajas del modelo cooperativo es que —aparte de disfrutar de una estructura de empresa democrática, independientemente de tratarse de cooperativas sociales o comerciales— también tiene una estructura legal que le permite firmar contratos y establecer acuerdos legales con el Estado en materia de servicios públicos. Este modelo de cooperativa de servicios sociales ha Estado creciendo en Europa. En Quebec se llaman cooperativas de solidaridad y están generando cada vez más cuota de mercado en servicios tales como la asistencia doméstica o la sanidad. También está creciendo en otras partes de Europa.

Cooperativa social-sanitaria Sollievo, Bolonia
En conclusión, la economía social —es decir organizaciones con objetivos basados en unos principios de reciprocidad y de beneficios colectivos y sociales— está emergiendo como un agente muy importante en el diseño de suministro de servicios públicos. Esto surge como reacción al fracaso de los mercados públicos a la hora de gestionar servicios sociales, como el derecho a la vivienda, a la sanidad y a la educación a precios asequibles. El papel del Estado como proveedor de servicios públicos está en crisis y, por tanto, surge la pregunta: ¿qué pasa cuando el Estado no puede cumplir con su mandato como proveedor y gestor de servicios públicos y cuál es el rol de la sociedad civil y de la economía social ante esto? Las cooperativas sociales son parte de la respuesta y, en términos de soluciones cívicas, suponen una reinvención ante lo que otrora eran las responsabilidades del Estado en el sector público. De momento lo dejó ahí, pero es representativo de la cantidad de iniciativas interesantísimas que están reinventando el modelo cooperativo y respondiendo a esta crisis de servicios públicos y al rol cambiante del Estado.
Michel: Antes de dar paso a Dmytri me gustaría reiterar uno de los problemas clave que quizás pueda solucionarse mediante sus propuestas. John acaba de hablar de servicios públicos, pero ¿qué pasa con la producción material? Aquí surge el siguiente problema: tenemos un procomún de información, relacionado con el código de software y el diseño, que es cada vez más accesible. Por tanto, si trabajas en algunos de estos sectores y tienes acceso a redes, te puedes costear tu subsistencia, aunque sea de mala manera, y podrás seguir creando conocimiento gracias a tus esfuerzos y tus conexiones. Pero la situación cambia cuando hablamos de la producción directa de objetos físicos como, por ejemplo, dentro del movimiento de hardware abierto.
En el movimiento de software libre nos topamos con entidades democráticas, como la Apache Foundation o la GNU Foundation, que son organizaciones que protegen a la comunidad. Pero en el ámbito del hardware no hay nada parecido porque ahí hay que comprar material, máquinas, plástico o metal. Hay gente que dice que la economía del hardware abierto es una “economía de caramelo” porque jamás obtendrás nada a cambio de tus esfuerzos —a menos que estés trabajando para alguna de estas empresas incipientes de hardware abierto. Dmytri tiene una visión del procomún que incorpora la producción material y me gustaría que nos explicará en qué consiste. También utiliza un concepto que me resulta algo provocativo: el “comunismo riesgo”. Cuando hablamos de “riesgo” o de “inversión” en este contexto, suele ser dentro del contexto del capital ¿no es así? Dmytri, háblanos más sobre tu proyecto.
Dmytri: En los 90 fui parte del movimiento anti-globalizador anarco-comunista, pero también me ganaba la vida como asesor tecnológico en un entorno principalmente impulsado por el desmadre puntocom. Creía apasionadamente en lo que ahora llamamos “producción entre iguales” aunque, por entonces, ese término no existía. Lo que llamamos “producción entre iguales” o “producción P2P” describe las dinámicas de cooperación interpersonal en el ámbito de la red o del software libre. Creí que esto transformaría las relaciones sociales de todo el planeta y que por fin se cumplirían todos los sueños de la tradición anarco-comunista. Pero todo eso se vino abajo en los primeros años del nuevo milenio con el estallido de la burbuja puntocom y la represión masiva de la administración de George Bush en contra de las protestas. Estoy hablando de Seattle, Quebec City, Miami etc. De repente, nuestro “movimiento imparable” se vio detenido y dejé de creer en ese idealismo tan al pie de la letra.
Me di cuenta de que esta red que estábamos construyendo —es decir, Internet y la comunidad del software libre— se construyó gracias a nuestro trabajo asalariado para la burbuja, gracias al capitalismo. Todo fue financiado por el capital riesgo. Tras darme cuenta de que el capital riesgo no financiaría las relaciones sociales artísticas y anarco-comunistas que veíamos como parte inherente de estas plataformas, supe que necesitábamos algo distinto. Y ese “algo” lo bauticé como “Comunismo riesgo”, con la intención de desarrollarlo y ver cómo llegar hasta ahí. Conocí a Michel tras atender a unas charlas de Benkler y Lessig en la conferencia de Wizard of OS 4, allá por el 2006 y escribí un ensayo criticando sus perspectivas llamada “The creative anti-commons and the poverty of networks,” 2 jugando un poco con los términos que utilizaban.

Lawrence Lessig y Yochai Benkler
Mi crítica se basa en que ambos describen la producción entre iguales de manera muy distinta a nuestro concepto de lo que, en esencia, es el mismo ideal. Aunque no lo describíamos con esos términos, “producción entre iguales” es un término de Benkler, pero estábamos hablando de lo mismo. Su concepto de producción entre iguales, especialmente el de Benkler, es de algo inherentemente inmaterial. Se trata de un modo de producción que sólo puede compaginarse con la producción de riqueza inmaterial. Eso, desde mi punto de vista materialista, no es un modo de producción, porque un modo de producción debe, en primer lugar, reproducir sus insumos productivos y tiene que reproducir su capital, su trabajo y la riqueza natural que produce.
Desde un punto de vista materialista, es evidente que todo el valor de cambio derivado de estos bienes inmateriales acabará en manos de los mismos dueños de riqueza material que han existido a lo largo de la historia. Así comenzó mi diálogo con Michel para llegar a otra definición de “producción entre iguales”. En vez de definirla como algo inherentemente inmaterial, la defino como una red de productores independientes compartiendo un procomún colectivo de bienes productivos. Es una definición de producción entre iguales mucho más compatible con la tradiciones anarco-sindicalistas y anarco-comunistas. También es una descripción más acertada de las tecnologías P2P que inspiraron el término “producción entre iguales”.
Asimismo quise explicar en qué consistía el comunismo riesgo, mi propio proyecto que precede a la acuñación del término “producción entre iguales” pero que pueda aportarle muchos beneficios, dado que estamos hablando de lo mismo, aunque utilicemos términos distintos para describirlo. Como tecnólogo, siempre me he inspirado en las dinámicas de las redes entre iguales y en los proyectos de software libre. Todo esto influyó en la creación del comunismo riesgo. Dado que ya teníamos TCP/IP y demás para distribuir bienes inmateriales, me propuse crear un protocolo apto para la producción y distribución de bienes físicos. Internet es una plataforma muy eficaz para compartir, distribuir y crear riqueza inmaterial colectiva y para ayudarnos en nuestro afán de ser productores independientes basados en este procomún colectivo.

Henry George
El objetivo del comunismo riesgo es seguir el mismo patrón con la riqueza material. Tiene influencia de muchas tradiciones, y no sólo de la tradición anarco-comunista. Uno es el ideal georgita de utilizar las rentas económicas como base fundamental de la distribución mutua de riquezas. En términos sencillos, esto significa que podemos distribuir las rentas pasivas. Bajo esto concepto, los trabajadores, además de obtener ingresos mediante la producción de bienes, agregan rentas por ser dueños de los medios de producción, por ser dueños de activos productivos.
Vivimos en una sociedad desigual porque tenemos una distribución desigual de activos productivos. Incluso si hablamos del movimiento cooperativo —que siempre he admirado y que siempre he utilizado como ejemplo a seguir— es evidente que la distribución de activos productivos también es desigual. Lo mismo pasa en otros tipos de producción; si nos fijamos en la influencia social de los trabajadores del sector de la tecnología en contraposición a la de los trabajadores del sector agrícola, es evidente que el colectivo de trabajadores del sector tecnológico tiene mucho más peso e influencia que el de los trabajadores agrónomos. Hay desigualdad en el capital y en los recursos humanos de estas cooperativas. Este protocolo busca normalizar estas desigualdades sin necesidad de administración externa.

Silvio Gesell
La reacción típica del comunismo de Estado ante el movimiento cooperativo es decir que las cooperativas se explotarían y se excluirían mutuamente. La solución pasa por crear cooperativas gigantes, como Mondragón, o Estados socialistas; pero entonces, como hemos visto a lo largo de la historia, surge algo llamado la clase administrativa, y esa clase administrativa que gobierna el conjunto de cooperativas de un Estado socialista se puede convertir en algo tan contraproducente y explotador como la propia clase capitalista. ¿Cómo creamos reciprocidad entre cooperativas y distribuimos sus ganancias sin engendrar una clase administrativa? Para esto me he inspirado en las teorías de Henry George y Silvio Gesell respecto a la idea de compartir las rentas.
El concepto es que las cooperativas seguirían siendo independientes, igual que las cooperativas de hoy en día. Serían productores independientes pero, en vez de ser dueños de sus propios bienes productivos, cada miembro de la cooperativa sería copropietario de estos bienes, junto a todos los demás miembros de todas las demás cooperativas enmarcadas dentro de Federación. Las cooperativas arrendan la propiedad de la comuna colectivamente. Esto se lleva a cabo a través de un protocolo, que no una estructura administrativa. Si la cooperativa requiere un activo como, por ejemplo, un tractor, la comuna central entra en funcionamiento como una especie de mercado de bonos. El planteamiento del bono sería: “Necesitamos un tractor y estamos dispuestos a pagar 200 dólares al mes por él en concepto de rentas”, y los demás miembros de la cooperativa pueden decir: “Sí, nos parece buena idea, es una buena distribución de estos bienes productivos y vamos a comprar estos bonos.” La comuna aprueba la venta de bonos, la cooperativa se lleva el tractor y el dinero generado por las rentas de éste se reinvierte en saldar los bonos.
Una vez recuperada la inversión, cualquier otro ingreso percibido por la renta del tractor, junto a todas las demás rentas acumuladas, se distribuye de manera equitativa entre todos los trabajadores, no sólo los trabajadores la cooperativa que lo ha pedido. Esto no se limita a tractores, podríamos decir lo mismo sobre edificios, tierras o cualquier otro activo productivo. Esto supone que todos los ingresos pasivos, es decir aquella porción de ganancias derivada de la propiedad de bienes productivos, se distribuyen proporcionalmente entre todas las partes interesadas dentro de todas las cooperativas. Y ese es el protocolo básico del comunismo riesgo.
Michel: Dmytri, quiero asegurarme de haberte entendido bien, y que también te hayan entendido los oyentes. Es como una renta básica ¿no? Tienes un salario por estar trabajando pero, adicionalmente, obtienes rentas de todas las fuerzas productivas que son propiedad común de todos los miembros de esta cooperativa productiva unificada.
Dmytri: Exacto, pagas una renta sobre los activos productivos que utilizas, esa renta se divide equitativamente entre todos los miembros de la comuna, no entre las cooperativas independientes sino entre toda la comuna. Esto supone que si utilizas la cantidad exacta per cápita de tu acción en estas propiedades, ni más ni menos, la cantidad que pagas en concepto de renta y lo que recibes como dividendo social será exactamente igual. Si eres un trabajador normal esto tendrá un funcionamiento previsible y constante pero, si ya no trabajas tanto —o bien por la edad o porque estás desempleado— utilizarás muchos menos bienes productivos que la persona media. En este último caso, recibirás mucho más en concepto de dividendos que lo que pagas por renta y, en ese sentido, sí es una especie de renta básica. Por el contrario, si eres un productor súper motivado y estás expandiendo tu capacidad productiva, entonces la cantidad que pagas por los activos productivos será mucho más alta de lo que recibes como dividendos, aunque, como has apuntado, también obtienes ingresos de la aplicación productiva de esa propiedad. El comunismo riesgo no busca controlar el producto de las cooperativas. El producto de las cooperativas es totalmente suyo para utilizar como quieran. No busca limitar el control o contabilizar o ni siquiera decirles cómo tienen que distribuir el producto o bajo qué condiciones. Lo que producen es totalmente suyo, se limita exclusivamente a la gestión colectiva del procomún de activos productivos.
Michel: Dmytri, según recuerdo tu teoría consta de tres elementos constitutivos. Uno es el comunismo riesgo, ¿cuáles son los otros dos? Y, quizás, puedas hablarnos un poco sobre la licencia de producción entre iguales que he mencionado al principio.
Dmytri: Cómo no. Esta primera parte, la del comunismo riesgo, surge como reacción a las teorías de Benkler, mientras que la licencia de producción entre iguales se basa… bueno no es que se base en ello, ya data de antes, pero dentro de los parámetros de esta conversación se basa en mi crítica de Lessig. Las tres partes constituyentes del comunismo riesgo se han desarrollado mediante muchas conversaciones con gente que trabaja en cooperativas, economistas y demás. Como concepto creemos que funcionaría, el problema es que asume que ya poseemos el capital que queremos distribuir, pero esto no se corresponde con la realidad de la mayoría de los trabajadores del mundo. ¿Cómo cambiar esto? Llegados aquí, el comunismo riesgo se convierte en un paraguas donde el propio comunismo riesgo solo es uno de los tres elementos constituyentes. Los otros dos serían la contra-política y las finanzas insurreccionalistas.
El concepto de “contra-política” proviene de un conflicto omnipresente en las comunidades socialistas y comunistas, y también dentro de cualquier comunidad activista: ¿Expresamos nuestro activismo través del Estado o intentamos lograr nuestros objetivos a través de una sociedad alternativa?
Michel: Política prefigurativa…

Dmytri Kleiner
Dmytri: Política prefigurativa en contraposición a la política estatal. La contra-política pretende demostrar que esto es un dilema falso ya que el concepto de política pre figurativa presupone la posesión de un capital con el que crear estas empresas prefigurativas o cooperativistas, start-ups, etc. Como materialista opino que, si vendes tu labor en el mercado, lo único que obtendrás a cambio será suficiente para subsistir y poco más. Por tanto ¿de dónde vas a sacar el capital para crear una empresa? Creo que el único motivo por el que disfrutamos de un excedente salarial que sobrepasa la mera subsistencia es gracias a la lucha social organizada y la lucha política. Nos hemos organizado en el movimiento laborista, en el movimiento cooperativo y en otros foros sociales para luchar por estos derechos. Gracias a esto disfrutamos de ingresos que van más allá de la subsistencia y nos dan la opción de plantear alternativas prefigurativas. Crear un espacio para la política prefigurativa presupone lidiar con el Estado y luchar tanto en el parlamento como en los foros públicos y sociales.
Mi propuesta contra-política no tiene que ver con el ideal clásico leninista de apropiarse del Estado para imponer nuevas relaciones sociales desde arriba y pasar por un Estado intermediario de socialismo hasta, finalmente, lograr el comunismo. Es un concepto muy problemático y creo que ese tipo de soluciones no funcionan. Pero si nos planteamos nuestra mediación con el Estado como una forma de proteger la posibilidad de tener sociedades alternativas y proteger los beneficios que hemos logrado hasta ahora; es decir, los servicios, bienes y beneficios públicos; tenemos que admitir que el Estado provee una serie de funciones sociales que son necesarias y no podemos librarnos de ellas. En lo que a estos servicios se refiere, sólo nos libraremos del Estado cuando tengamos nuevas cooperativas distribuidas y nuevas formas de proveer estos servicios. La capacidad de concebir la existencia de estas cooperativas no las convierte automáticamente en realidad. Sólo podremos librarnos del Estado cuando estas alternativas ya estén funcionando. Por tanto, necesitamos alternativas para proporcionar cosas como la educación, el cuidado infantil, la sanidad y estar prevenidos ante los errores humanos y los ciclos económicos; todas esas funciones sociales de las que ahora se encarga el Estado y que son socialmente necesarias.
Michel: ¿Qué nos dices de las finanzas insurreccionalistas, tu tercera propuesta?
Dmytri: En la comunidad activista existe una especialización un poco extraña llamada “economía alternativa” que, según qué grupo de activistas, merece el mismo respeto que las teorías conspiratorias. Son muchos los que opinan que las monedas sociales y otras alternativas son irrelevantes en el contexto de la problemática social. Las finanzas insurreccionalistas van más allá del análisis de la creación y distribución del capital para incluir un aspecto esencial: la intensidad con la que lo empleamos. Tenemos que estudiar el papel del dinero, el papel de la deuda, el papel de las interacciones económicas y modelarlos para utilizar el capital de forma más intensiva. Cualquiera que tenga nociones básicas de economía capitalista sabe que la cantidad de dinero que hay en la economía se expande a través de instrumentos financieros como los préstamos, las valores y otros estratagemas con los que el capital y, en concreto, el capital financiero, aumenta su rendimiento mercantil por encima de la norma y, a menudo, con consecuencias desastrosas.
No estoy proponiendo que el momento cooperativo se adhiera a ese desenfreno especulador y de derivados que desencadenó la crisis financiera, pero tenemos que ir más allá de esta situación de “gasto lo que gano”. Tenemos que encontrar formas de crear liquidez, de superar los ciclos económicos y, para lograrlo, tendremos que usar la economía alternativa. A veces ni siquiera se trata de economía alternativa en la acepción típica de la palabra; paradójicamente me he inspirado mucho en gente como Michael Milken y los magnates ladrones de los 80, que son famosos por sus…
Michel: Bonos basura.
Dmytri: [Risas] Por los bonos basura, exacto. También fueron el espejo financiero de la desindustrialización de occidente. El procedimiento consistía en emitir bonos basura, es decir bonos de baja calificación crediticia, y utilizarlos para comprar empresas infravaloradas y, en esencia, despojarles de los activos, ya fueran tierras o capital. Las arrasaban por completo y las cerraban; entonces vendían los activos, repagaban las acciones y se quedaban con unos beneficios desmesurados. Acto seguido, repetían el procedimiento.

Michael Milken,el rey de los bonos basura
Me parece fascinante… por una parte hicieron algo horrible con consecuencias muy graves. Pero, por otra parte es inspirador, porque lograron los objetivos que la izquierda organizada jamás ha alcanzado: apropiarse de los medios de producción industrial. Me parece que deberíamos tomarlo como inspiración y plantearnos que, bueno, si ellos fueron capaces de apropiarse de estas instalaciones industriales para desplumarlas y quedarse con sus bienes, ¿por qué no podemos apropiarnos nosotros de ellas y mutualizarlas? La gran ironía es que Milken y su estirpe se financiaron echando mano de los fondos de pensión de los trabajadores, esos mismos ahorros que obtuvieron gracias a la lucha social. Los sindicatos se enfrentaron a los patrones para que los trabajadores pudieran ahorrar —toda una reivindicación en sí misma— y guardar esos ahorros en fondos de pensión… para que Milken y los suyos vendieran sus fondos de pensiones y utilizasen ese dinero para desguazar las fábricas donde estaban trabajando.
Michel: Pasamos la palabra John por si quiere aportar algo en relación a las ideas de Dmytri.
John: Sí, se me ocurren varias cosas. Creo que el comunismo riesgo, o cualquier modelo para agregar fondos basado en la captura de rentas, es un proyecto muy sugerente. Ya se están empleando modelos muy similares en algunas cooperativas que comparten maquinaria. Por ejemplo, en Quebec existe un tipo de cooperativa que permite que los productores pequeños y medianos agreguen capital para comprar maquinaría y utilizarla mutuamente. No sigue el mismo procedimiento descrito por Dmytri y creo que todo el apartado de emisión de bonos es muy interesante y me encantaría verlo en acción. No se trata solo de compartir maquinaria, sino también de compartir servicios y crear fondos de crédito agregados para prestarse mutuamente e invertir en sus granjas y negocios. Sería muy interesante introducirlo dentro de ese contexto para ver cómo lo pondrían en práctica. Dmytri también ha hablado de minimizar la preponderancia de la clase gestora en estos sistemas. Esto varía según qué cooperativa y qué federación pero, en general, los modelos de organización con los que se gestionan estos fondos de capital y material común son, comparativamente, bastante más líquidos de lo normal. También exigen más responsabilidades a la junta directiva que representa los intereses de los miembros de la cooperativa.
La segunda observación tiene que ver con la tensión que hay en la izquierda, o dentro del activismo en general, entorno a cómo relacionarse con el mercado y con el capital. Me he topado con esto en numerosas ocasiones dentro del activismo social y hay gente que se echa atrás de inmediato en cuanto les propones plantear una estrategia para el capital y los mercados. Creo que es una de las cosas más importantes que he aprendido del cooperativismo, porque yo antes pensaba igual. Fui activista y educador social durante muchos años hasta que, poco antes de llegar a la cuarentena, empecé a comprender qué eran las cooperativas y por qué eran tan importantes. Esta toma de contacto con el cooperativismo me hizo replantear por completo todos mis conceptos sobre economía, el capital y el mercado.
Antes, y al igual que mucha gente, creía que la economía era básicamente una disciplina “vendida” que solo servía a los intereses de las élites existentes. Más adelante, al comprender que las cooperativas representaban un modelo económico más acorde con las necesidades del pueblo, cambié de opinión por completo en lo que al mercado se refiere dentro del contexto del cambio social.
Una de las cosas más importantes que podemos hacer es recapturar y reinterpretar el concepto de capital y mercado para enfocarlos hacia el bien común. A eso se dedican las cooperativas y otros sistemas similares: reclaman el mercado y me parece una tarea fundamental en la educación y propugnación de un ideario social que va más allá de la política y la mera protesta. Debemos replantearnos y reclamar la economía para crear modelos de mercado que pertenezcan a la comunidad y al pueblo, y no solo a las corporaciones. Históricamente, el mercado siempre ha sido mucho más que una propiedad corporativa y el concepto de capital iba más allá de la acumulación de riquezas para las grandes fortunas. El capital puede ser capital para el bien común, y lo mismo podría decirse de los mercados. Necesitamos encontrar formas y modelos para llevar ese ideal a la práctica. Eso es lo que propone el movimiento P2P, es lo que propone el movimiento cooperativista, ahora tenemos que encontrar formas de conjugar a ambos.
Dmytri: Totalmente de acuerdo.

Janice Figueredo, investigadora de FLOKSociety
Michel: Yo también, y creo esto nos da pie a expresar ciertas conclusiones. Querría hacer referencia al proyecto aquí en Ecuador. Hay muchos países que cuentan con ministerios de economía social o de economía de solidaria que sólo actúan como agentes marginales. Lo que estamos planteando es convertir la economía social en algo super-productivo, super-competitivo super-cooperativo. Paradójicamente, y como ya sabéis, el gran capital está invirtiendo grandes cantidades de dinero en iniciativas de producción P2P, mientras que las cooperativas se quedan cruzadas de brazos, esto es lo que queremos cambiar. El proyecto FLOKSociety, aquí en Ecuador, propone una reorganización estratégica para que que la economía social juegue un papel fundamental, en vez de funcionar como un mero añadido al paradigma neoliberal existente. Para finalizar, quiero decir que la Fundación P2P tiene una cooperativa propia que podría funcionar como incubadora para las propuestas de Dmytri. Espero que no estuvieran borrachos al decirlo, pero tanto John como Dmytri se han comprometido a colaborar con este proyecto. KMO no sé si tendrás alguna pregunta creo que estamos llegando al final de nuestro tiempo.

KMO, presentador del C-Realm Podcast
KMO: [Risas] Efectivamente, hemos llegado a final del tiempo establecido. He estado tomando apuntes y tengo muchas preguntas. Pero creo que lo mejor será entrevistaros individualmente en el futuro cercano para continuar el diálogo.
Michel: Sé que ha sido una charla muy densa y pido disculpas a tus oyentes. ¡Esperemos que no se hayan dormido! …Pero estamos hablando del ADN de un sistema estratégico, por eso creo que es importante haber tenido ocasión de conversar juntos y comparar nuestras perspectivas.
KMO: Ha sido un placer poder formar parte de ello y tengo muchas ganas de volver a escucharlo, porque esto es una mina de información. Dmytri Kleiner, Michel Bauwens, John Restakis, gracias por vuestra labor y por haber participado en el C-Realm Podcast.
Michel: También quiero dar las gracias a Bethany Horne, por facilitar este encuentro y a Clara Robayo de Radialistas.net
Agradecimientos a Gregorio Abascal y Juan Domingo Sánchez Estop por su ayuda en esta traducción.
Guerrilla Translation/Relacionado:
¿Qué es el P2P?/ Michel Bauwens
¿Qué es el procomún?/ Helene Finidori Gemeingüeter Germany
“La misión de la Web 2.0 es destruir el aspecto P2P de Internet”/ Dmytri Kleiner
N.de.T.
1. [Venture Communism en el original, juego de palabras (y por admisión del propio Kleiner, como explica más adelante en la entrevista) sobre Venture Capitalism o “Capital Riesgo”]↩
2. [“Creative Anti-procomún” juego de palabras con el nombre de la licencia Creative Commons.]↩
¿Qué es el procomún?
Helene Finidori/ Gemeingüeter Germany
- Texto traducido por Carmen Lozano Bright; vídeo traducido y subtitulado por Stacco Troncoso. Editado por Arianne Sved - Guerrilla Translation!
- Ilustración de Enrique Flores
- Artículo original. Vídeo original
El procomún (o los comunes) se puede explicar como un sistema social que relaciona íntimamente a las personas o partes interesadas con sus recursos y con las formas participativas en las que los gestionan/producen y cuidan de ellos.
Si hace poco nos preguntábamos “¿Qué es el P2P?” hoy nos centramos en otro término importante que mucha gente no acaba de entender: el “procomún”. Para explicarlo, cedemos la palabra a Helene Finidori, coordinadora de Commons Abundance Network, un colectivo de investigación y colaboración con la noble misión de crear una nueva economía de la abundancia basada en el procomún. A modo de aperitivo, incluimos un video de animación creado por Gemeingüeter Germany, un colectivo alemán dedicado a la difusión y defensa del procomún.
(Para activar la pista de subtítulos, pulsad el botón rectangular de la parte inferior derecha y elegir “Spanish – (Spain) -Guerrilla Translation!”)
La lógica del procomún para construir una ciudadanía y una justicia globales a múltiples niveles y escalas.
El procomún (o los comunes) se puede explicar como un sistema social que relaciona íntimamente a las personas o partes interesadas con sus recursos y con las formas participativas en las que los gestionan/producen y cuidan de ellos.
El procomún puede ser descrito de varias maneras y a través de diversas dimensiones. Las tres que se explican a continuación funcionan conjuntamente, como un todo:
- Como objeto, el procomún es la riqueza común, el conjunto de bienes que heredamos o creamos, utilizamos y modificamos, que sirven para nuestro sustento (recursos naturales, sociales y culturales, la diversidad genética y biológica, el conocimiento, etc.) y que transmitimos a las generaciones futuras. Estos bienes deben ser cuidados y (re)generados, y deben ser indiscriminadamente accesibles para el mayor número de personas posible. Por eso mismo, deben ser protegidos de las apropiaciones, la sobreexplotación, el agotamiento y el abuso.
- Como práctica, el procomún es la escala común de valores de la cual formamos todos parte integral; la cultura y las relaciones que construimos entre nosotros así como con los recursos y con la tierra; las maneras de estar y hacer en común (los cuidados, el reparto, la preservación y la reposición de nuestros bienes comunes con discernimiento, transparencia, empatía, equidad, justicia, conciencia del otro…). Esta práctica depende de manera crucial de unas habilidades adaptables y mantenidas en el tiempo, de flujos de conocimientos incrementados y de una colaboración y un aprendizaje continuos que incluyan métodos de trabajo conjunto en la resolución de problemas. Esta práctica toma múltiples formas y nombres. Vida y desarrollo sostenibles es uno de ellos.
- Como resultado, el procomún es el bien común, la consecuencia de la práctica (acceso, capacidad, bienestar, calidad de vida, prosperidad, abundancia). Se trata de la savia del proceso, lo que hace que el mundo prospere y que, a su vez, se convierta en bienes a cuidar.
Gracias a las relaciones e interacciones entre estos elementos, los sistemas generativos del procomún proporcionan condiciones tangibles que empoderan y activan a las comunidades, a varios niveles y escalas, en relación con sus propósitos y con el contexto ecológico en el que se encuentran.
Desde esta perspectiva, el procomún puede servir como medio para acelerar la adopción de prácticas sostenibles que aborden las dimensiones sociales, medioambientales y económicas de forma sustentable, cohesiva e interconectada. De igual manera, puede funcionar como sistema de veto que evalúe el impacto de las políticas y prácticas de sostenibilidad.
Así pues, nutrir y cultivar el procomún en todas sus dimensiones y manifestaciones puede servir de referente para una ciudadanía global y una justicia global.
Guerrilla Translation/Relacionado:
¿Qué es el P2P?/ Michel Bauwens
Introducción a “Sacred Economics”/ Charles Eisenstein
Reclamando el crédito como bien común/ Thomas H Greco
¿Qué es el P2P?
Julie Tran de MakeChangeTV entrevista a Michel Bauwens
- Traductores: Vídeo: Stacco Troncoso. Texto: Andrés Delgado. Editado por Carmen Lozano Bright - Guerrilla Translation!
- Imagenes de Open Source Embroidery
- Vídeo original. Texto original: 1ª parte. 2ª parte
“No podemos seguir con un sistema que crea riqueza pero que también está destruyendo el planeta y creando semejante desigualdad social. Creo que, tras 400 años de esto, ya sabemos que no funciona. Necesitamos un nuevo sistema que recupere todos estos valores comunales.”
¿Cómo sería una economía post-capitalista? En esta entrevista con Michel Bauwens, Julie Tran de Makechange TV indaga en las peculiaridades de la filosofía P2P o “entre iguales”. Bauwens responde de manera clara y directa a preguntas como: ¿Qué es la economía P2P? ¿En qué se diferencia del capitalismo y el comunismo? ¿Es lo mismo que el consumo colaborativo o el crowdsourcing? ¿Se convertirá en la tendencia principal del futuro?
Como material adicional incluimos dos esquemas escritos por Bauwens para Flok Society, un nuevo proyecto ecuatoriano para propagar la filosofía del buen conocimiento y el buen vivir. Los esquemas desglosan tres escenarios para la filosofía P2P, junto a los pasos necesarios para hacer la transición hacia una verdadera sociedad post capitalista.
(Para activar la pista de subtítulos, pulsad el botón rectangular de la parte inferior derecha y elegir “Spanish – (Spain) -Guerrilla Translation!”)
Tres modelos de creación de valor, redistribución y desarrollo económico
Contexto
Esta pieza ha sido escrita como un marco de referencia para el proyecto FLOKSociety.org en Ecuador, para describir una transición hacia una sociedad basada en el conocimiento abierto y compartido.
Será mejorada continuamente entorno a la siguiente estructura:
- Modelos de extracción de valor, tanto materiales como inmateriales
- Estructura de clase dominante
- Lógicas de conocimiento
- Modelos de solidaridad
- Movimientos sociales y el equilibrio de poder
- El modelo dominante del capitalismo / alternativas dominantes
- Formas de democracia / participación
La idea clave es distinguir la condición de las prácticas en torno a compartir/p2p/procomún bajo el predominio del capitalismo cognitivo financiarizado y un modelo cívico/ético más genuino centrado en los bienes comunes
Análisis de los tres modelos
1: Bajo las condiciones del capitalismo propietario
- Los trabajadores crean valor a título privado como proveedores de mano de obra
- Desprofesionalización de la producción de conocimiento de los trabajadores; creación de capas de gestión y de ingeniería que gestionan la producción colectiva en nombre de los propietarios del capital
- El conocimiento codificado es de propiedad exclusiva y el valor se captura como alquiler de propiedad intelectual
- Los dueños del capital capturan y toman posesión del valor de mercado; redistribución parcial en la forma de salarios
- En condiciones de equilibrio entre capital y trabajo, el Estado redistribuye la riqueza a los trabajadores como consumidores y ciudadanos
- En las condiciones contemporáneas de debilidad del trabajo, el Estado redistribuye la riqueza al sector financiero, y crea condiciones de dependencia de la deuda a la mayoría de la población
2: Bajo las condiciones de una producción entre iguales emergente bajo la dominación del capitalismo financiero
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Contribuciones ciudadanas voluntarias, trabajo pagado y empresarios independientes crean valor codificado en repositorios comunes de conocimiento, código y diseño
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Los dueños del capital capturan y toman posesión tanto de los contribuyentes como del trabajo; las redes propietarias y las plataformas de colaboración capturan y toman posesión del valor de la atención de los participantes/contribuyentes
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Los dueños del capital obtienen ganancias de los beneficios del trabajo distribuido desagregado (crowdsourcing)
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El capital se co-crea a través de la financiación del trabajo y de las plataformas; crece la acumulación continua de repositorios comunes de conocimiento, código y diseño; en condiciones de precariedad para los contribuyentes voluntarios y emprendedores orientados sin apoyo al procomún
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Los bienes comunes son administrados por instituciones con fines de beneficencia que reflejan el equilibrio de influencia entre los contribuyentes, los trabajadores y los propietarios de capital, pero continuan expandiendo los repositorios comunes; el sector de bienes comunes carece de mecanismos de solidaridad para hacer frente a la precariedad, la sociedad civil está aún siendo derivada hacia el mercado y sectores estatales
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El Estado debilita su función pública y las funciones de solidaridad, en favor de funciones represivas y subvenciona al capital financiero; el Estado co-crea las condiciones mínimas para la producción entre pares orientadas al procomún y la redistribución hacia el capital financiero continúa.
3: En condiciones de producción entre iguales robusta, bajo dominio ciudadano
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Los contribuyentes voluntarios y el trabajo autónomo cooperativo crean valor codificado a través de repositorios comunes; la recalificación ciudadana y del trabajo se produce a través de la fabricación distribuida orientada al procomún que sitúa a los creadores de valor en el timón de la fabricación distribuida y otras formas de creación de valor
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Los contribuyentes del procomún crean entidades mercantiles cooperativas orientadas al procomún que las sostienen, así como a las comunidades de contribuyentes
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Las cooperativas y otras entidades mercantiles afines al procomún, co-crean repositorios comunes y se dedican a la acumulación cooperativa en nombre de sus miembros; las contribuciones al procomún están codificadas en sus estructuras legales y de gobernanza; las coaliciones empresariales y filés (empresas estructuradas en red que trabajan en torno a unos grupos comunes para mantener comunidades productoras de bienes comunes).
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La coordinación social mutua de producción a través de cadenas abiertas de aprovisionamiento dirige las actividades del mercado
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Los bienes comunes permiten que las instituciones benéficas se conviertan en una formación ciudadana central para la gobernanza de los repositorios comunes; las entidades del mercado asociadas crean mecanismos de solidaridad y de ingresos para los productores y procomuneros con el apoyo del Estado asociado.
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El Estado, dominado por los sectores ciudadanos/del procomún se vuelve un Estado Socio, que crea y sostiene la infraestructura ciudadana necesaria para permitir y empoderar la producción social autónoma
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El mercado se vuelve una economía moral y ética, orientada en torno al producción procomún y a la coordinación mutua, apoyada por las funciones del Estado Socio
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El sector mercantil está dominado por cooperativas, leyes, formas de gobierno y propiedad orientadas al procomún; las entidades restantes que maximizan los beneficios se reforman para respetar las externalidades ambientales y sociales, incluyendo la redistribución de la extracción de ‘beneficios-procomunes’.
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Los mecanismos de gobernanza se reforman hacia modelos de gobernanza multisectoriales con orientación al procomún, los modelos de propiedad se reforman desde la extracción hacia modelos generativos
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El modelo de Estado Socio renueva la prestación de servicios públicos, los mecanismos de solidaridad y asistencia social a través de la comunalización de los servicios públicos y asociaciones públicas-procomún
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La redistribución social tiene lugar a través de provisiones de salario básico y mediante la reducción de la participación laboral, necesaria para crear condiciones de participación ciudadana y una economía contributiva
Propuestas de transición
Describiendo el rol de: 1) El estado 2) La economía ética 3) El sector del procomún
1:El Estado
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El Estado se convierte en un Estado asociado, cuyo objetivo es facilitar y potenciar la producción social autónoma, que regula también en el contexto del bien común
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El Estado se esfuerza por brindar apertura y transparencia máximas
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El Estado sistematiza la participación, la deliberación y la consulta en tiempo real con los ciudadanos
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La lógica social se mueve de estar centradada en la propiedad a estar centrada en la ciudadanía
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El Estado desburocratiza a través de la procomunización de los servicios públicos y las asociaciones público-procomún
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Los puestos de trabajo de servicio público son considerados como un recurso de repositorios del procomún y la participación se extiende a toda la población
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La democracia representativa se extiende a través de mecanismos participativos (legislación participativa, elaboración de presupuestos participativa, etc.)
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La democracia representativa se extiende a través de mecanismos de deliberación tanto tradicionales como en redes digitales.
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La democracia representativa se extiende a través de votación directa y/o líquida (consultas y procedimientos democráticos en tiempo real, junto con los mecanismos de delegación de voto)
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La tributación del trabajo productivo, el espíritu empresarial y la inversión ética se reducen al mínimo; la imposición de la producción de bienes sociales y ambientales se reduce al mínimo; la tributación de las inversiones especulativas improductivas se ve aumentada, los impuestos sobre los ingresos por alquiler improductivo aumentan; la fiscalidad de las externalidades sociales y ambientales negativas se ve aumentada
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El Estado sostiene infraestructuras ciudadanas orientadas al procomún y agentes del mercado éticos orientados al procomún
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El Estado reforma el sector empresarial tradicional para minimizar las externalidades sociales y ambientales
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El Estado se dedica a la creación monetaria pública libre de deuda y apoya una estructura de monedas complementarias especializadas
2: La Economía Ética
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Creación de una economía social/ética/ciudadana/solidaria orientada al procomún y al bien común
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Los agentes del mercado ético se fusionan en torno al procomún del conocimiento productivo. Con el tiempo utilizan licencias orientadas al procomún y de producción entre iguales para apoyar al sector socio-económico
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Los agentes del mercado ético integran requerimientos del bien común y de varios sectores impulsados por usuarios y trabajadores en su modelo de gobierno
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Los agentes del mercado ético se desplazan de formas de propiedad extractivas a modelos de propiedad generativos; se privilegian formatos de compañías abiertas, éticas, orientadas al procomún
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Los agentes del mercado ético practican contabilidad abierta y cadenas de suministro abiertas para aumentar la coordinación de mercado de la producción
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Los agentes del mercado ético crean una red territorial y sectorial de asociaciones de la Cámara del Procomún para definir sus necesidades y metas comunes e interactuar con la sociedad civil, los comuneros y el estado socio
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Con ayuda del Estado Socio, los agentes del mercado ético crean estructuras de soporte para una comercialización abierta, que mantenga y dé soporte al procomún
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Los agentes del mercado ético se interconectan con comunidades productivas globales del procomún (comunidades de diseño abierto) y con asociaciones globales de producción (filés) que proyectan poder de mercado ético a nivel mundial
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Los agentes del mercado ético adoptan un diferencial de salarios 1-8 y se establecen los niveles de salario mínimo y máximo
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El sector comercial principal es reformado para minimizar las externalidades sociales y ambientales negativas; se proveen incentivos que buscan una convergencia entre las economías corporativa y solidaria
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Con miras a obtener dicha convergencia, se alientan formas de economía híbrida, como el comercio justo, el emprendimiento social o las corporaciones de beneficencia
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Se crean y apoyan microfábricas distribuidas para fabricación (g)localizada bajo demanda con el objetivo de satisfacer las necesidades locales de los bienes básicos y maquinaria
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Se crean institutos para el apoyo del conocimiento productivo sobre una base territorial y sectorial
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La educación está alineada a la co-creación de conocimiento productivo en apoyo a la economía social y el procomún abierto de conocimiento productivo
3: El sector del procomún
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Creación de infraestructuras del procomún tanto inmaterial como de los bienes materiales. La sociedad es vista como un conjunto de bienes comunes entrelazados, que son compatibles con una economía de mercado ético y un Estado asociado que protege el bien común y crea infraestructuras ciudadanas de apoyo
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Los procomunes locales y sectoriales crean alianzas civiles para interactuar con la Cámara del Procomún y el Estado Socio
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La conexión de asociaciones con ánimo de lucro (Fundaciones del Conocimiento Común y Abierto) permite y protege los diversos bienes comunes
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Cooperativas de Solidaridad forman asociaciones público-procomún en alianza con el Estado Socio y el sector de economía ética es representado por la Cámara de los Comunes
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Los comunes naturales son gestionados por asociaciones público-procomún y se basan en la pertenencia ciudadana en Fideicomisos del Procomún
Guerrilla Translation/Relacionado:
Cuatro escenarios futuros para la economía colaborativa/ Michel Bauwens
¿Qué es el procomún?/ Helene Finidori Gemeingüeter Germany
Ciencia P2P: El desafío del siglo es responder a Fukushima/ Layne Hartsell &Emanuel Pastreich
Cuatro pasos hacia un mundo post-crecimiento
En esta entrevista con Louisa Clarence-Smith, del colectivo Extraenviromentalist, Donnie Maclurcan, cofundador del Post Growth Institute, comparte su visión de futuro: un sistema sostenible basado en dinámicas cooperativas y entidades sin ánimo de lucro. Prestad especial atención a su visión de cómo sería un mundo post-crecimiento y las cinco estrategias clave para alcanzarlo.
Donnie Maclurcan es cofundador del Post Growth Institute, un grupo internacional que investiga nuevas estrategias hacia una prosperidad global que no dependan del crecimiento económico.
Hemos hablado con él sobre su último proyecto colaborativo, un libro llamado How on Earth? donde se presentarán estrategias para que las empresas sin ánimo de lucro se conviertan en el principal modelo de negocio, a nivel local, nacional e internacional de aquí al 2050.
A nivel personal, ¿Cuando comenzó tu campaña para hallar una alternativa al crecimiento económico?
La campaña surgió de mi posdoctorado, donde se concluía que teníamos que innovar sin crecimiento económico. Alrededor del 2006, empecé a lanzar esta idea y, durante un diálogo con el que más adelante sería el ministro australiano del medio ambiente [Peter Garrett], le planteé una pregunta desde el público: “¿Pero cómo vamos a lograr esto en un mundo con recursos limitados?”. Él ignoró mi pregunta por completo y eso me afectó bastante, dado que había sido el cantante del grupo Midnight Oil y el presidente de una de las organizaciones medioambientales más importantes de Australia, la Australian Conservation Foundation. Ahora que me lo planteo, ese fue el momento en el que comenzó todo
¿Hay algún movimiento fuerte buscando alternativas al crecimiento en Sidney, Australia?
En Sidney no tanto, pero en Australia si, no cabe duda. Vistos los resultados de los impuestos sobre las emisiones de carbono y con las crisis medioambientales a las que nos enfrentamos, cada vez hay más personas cuestionando la validez de los parches tecnológicos y dándose cuenta de que la política gubernamental jamás va a ser suficiente. Australia se ha convertido en uno de los líderes mundiales en consumo colaborativo y la trayectoria general apunta hacia la emergencia de distintos modelos de negocio: innovaciones sociales y empresas sociales –el gobierno sigue a la zaga con esto, pero hay mucha gente moviéndose en esta dirección.
La comunidad se ha movilizado mucho en estos últimos 10 años en torno a asuntos como al aumento de incendios, las inundaciones o las sequías. A través de las plataformas virtuales, vemos a muchas personas planteándose cómo construir una economía basada en bienes y valores — y en la que se utilicen recursos locales. Todo esto ha permitido concebir una economía diferente que no depende del crecimiento.
¿Por qué decidisteis crear How on Earth?
La mayor motivación fue ver todo lo que estaba pasando a nuestro alrededor. Hemos documentado casi 5.000 cosas con las que capitalizar un futuro post-crecimiento y, visto en conjunto, nos dimos cuenta de que es una fórmula que apenas se ha propagado.
Utilizamos una estrategia inductiva que nos motiva mucho a la hora de hacer algo distinto. Tras asistir a un sinfín de conferencias sobre la “Nueva Economía”, sólo veíamos variaciones sobre la misma estrategia, que viene a decir: “a tal problema, tal solución”. O “¿Cuál es el problema? Vamos a analizarlo y ver cómo podemos responder….”. Eso, normalmente, lleva a respuestas regulatorias o a replantearse la división entre Estados y Mercados. Esto supone volver a políticas antiguas de la Guerra Fría que nunca llevan a nada porque se ven viciadas por la teoría política de la diferencia y el conflicto entre modelos de aparato estatal grandes o pequeños.
La motivación ha sido nuestro entusiasmo ante algo capaz de trascender las divisiones de izquierda y derecha para plantear una alternativa que podría reducir el tamaño del gobierno a la vez que incrementa la prestación de servicios sociales. Esto está más allá de la contraposición entre un sector público grande o pequeño, o los modelos progresistas o conservadores que normalmente se proponen al presentar alternativas económicas para el futuro.
Describe tu visión de un mundo post-crecimiento.
Lo mejor de todo es que no tenemos por qué exponer una visión ni una fórmula. El siglo XXI está caracterizado por el co-diseño. No consiste en decir “esto debería ser así”, aunque creo que algunos aspectos principales serían:
Relocalización: donde las personas utilizan Internet y herramientas digitales para relocalizar la producción, el intercambio y el comercio. Así sabrás qué tienen tus vecinos y, en base a ello, incrementar la prestación de servicios sociales y reducir las distancias asociadas con esos servicios.
Un sistema monetario mucho más basado en la realidad y no en la especulación, y que tenga incentivos para mantenerse así, para crear transacción coherentes.
Redistribución del modelo de negocio: Como aludimos en el libro, creemos que los modelos de negocio serán distintos, y que cada empresa incorporará un proceso de redistribución de beneficios para incrementar la riqueza general, en vez de conducir a la desigualdad que provoca el sobreconsumo.
Una estrategia participativa: lo más importante es lo que acabo de decir sobre reducir desigualdades; pero reducirlas para redefinir “riqueza” como sinónimo de conexiones verdaderas, no del consumismo desbocado.
¿Cuáles crees que son las causas principales de la insostenibilidad de nuestros sistemas humanos?
En el sentido práctico, la insostenibilidad está provocada por el sobreconsumo de recursos naturales estratégicos; que esto a su vez se ve alentado tanto por la apatía y falta de motivación de la clase adinerada, como por la necesidad — dada la escasez de alternativas, tanto reales como percibidas— de aquellos a los que no les van bien las cosas. Todo está exacerbado tanto por una envidia y una codicia provocada que busca la riqueza material como por las desigualdades sociales que fabrica el propio sistema. Mientras tanto, la desigualdad financiera y los intereses particulares sólo sirven para acelerar el proceso. Todos estos son aspectos claves dentro de un sistema basado en la acumulación centralizada del dinero, de la riqueza, de los bienes y del poder.
- Entrevista original.
- Traducido por Stacco Troncoso & Miki Decrece – Guerrilla Translation!
El fenómeno de los curros inútiles
David Graeber
- Traducido por Stacco Troncoso, editado por Arianne Sved - Guerrilla Translation!Imagen de Steve Snodgrass
- Artículo original en Strike! Magazine
En el año 1930, John Maynard Keynes pronosticó que, llegados a fin de siglo, la tecnología habría avanzado lo suficiente para que países como Gran Bretaña o Estados Unidos pudieran implementar una semana laboral de 15 horas. No faltan motivos para creer que tenía razón, dado que nuestra tecnología actual nos lo permitiría. Y sin embargo, no ha ocurrido. De hecho, la tecnología se ha encauzado, en todo caso, para inventar formas de que todos trabajemos más. Para lograrlo se han creado trabajos que, en efecto, no tienen ningún sentido. Enormes cantidades de personas, especialmente en Europa y Estados Unidos, se pasan la totalidad de su vida laboral realizando tareas que, en el fondo, consideran totalmente innecesarias. Es una situación que provoca una herida moral y espiritual muy profunda. Es una cicatriz que marca nuestra alma colectiva. Pero casi nadie habla de ello.
¿Por qué no se ha materializado nunca la utopía prometida por Keynes –una utopía que se seguía anhelando en los sesenta? La explicación más extendida hoy en día es que no supo predecir el aumento masivo del consumismo. Ante la disyuntiva de menos horas o más juguetes y placeres, hemos elegido colectivamente lo segundo. Nos presentan una fábula muy bonita pero, con sólo reflexionar un momento, veremos que no puede ser cierto. Indudablemente, hemos presenciado la creación de un sinfín de nuevos trabajos e industrias desde los años 20, pero muy pocas de ellas tienen que ver con la producción y distribución de sushi, de iPhones o de calzado deportivo de moda.
Entonces, ¿cuáles son exactamente estos nuevos trabajos? Un informe en el que se compara el desempleo de EE.UU. entre 1910 y el 2000 nos da una imagen muy clara (que, recalco, se ve prácticamente reflejada con exactitud en el Reino Unido). Durante el último siglo, ha disminuido drásticamente la cantidad de trabajadores empleados en el servicio doméstico, la industria y el sector agrario. Simultáneamente, “los puestos profesionales, directivos, administrativos, en ventas y en el sector de servicios” se han triplicado, creciendo “de una cuarta parte a tres cuartas partes de la totalidad de la fuerza laboral”. Es decir, tal y como estaba previsto, muchos trabajos productivos se han automatizado (aunque se tome en cuenta la totalidad de trabajadores industriales del mundo, incluyendo la gran masa de trabajadores explotados de India y China, estos trabajadores ya no representan un porcentaje de la población mundial tan elevado como antaño).
Pero en vez de permitir una reducción masiva del horario laboral de modo que todo el mundo tenga tiempo libre para centrarse en sus propios proyectos, placeres, visiones e ideas, hemos presenciado una dilatación, no tanto del “sector de servicios” como del sector administrativo. Esto incluye la creación de nuevas industrias, como son los servicios financieros o el telemarketing, y la expansión de sectores como el derecho corporativo, la administración de la enseñanza y de la sanidad, los recursos humanos y las relaciones públicas. Estas cifras ni siquiera reflejan a toda las personas que se dedican a proveer apoyo administrativo, técnico o de seguridad para esas industrias, por no mencionar toda la gama de sectores secundarios (cuidadores de perros, repartidores de pizza nocturnos) que tan solo deben su existencia a que el resto de la población pase tantísimo tiempo trabajando en otros sectores.
Estos trabajos son lo que propongo denominar “curros inútiles”.
Es como si alguien estuviera inventando trabajos sin sentido solo para tenernos a todos ocupados. Y aquí precisamente es donde reside el misterio. Esto es exactamente lo que no debería ocurrir en el capitalismo. Es cierto que en los antiguos e ineficientes estados socialistas como la Unión Soviética, donde el empleo era considerado tanto un derecho como una obligación sagrada, el sistema creaba todos los empleos que hicieran falta (éste es el motivo por el que en las tiendas soviéticas “se necesitaban” tres tenderos para vender un solo filete). Pero claro, se supone que este tipo de problemas se arregla con la competitividad de los mercados. Según la teoría económica dominante, derrochar dinero en puestos de trabajo innecesarios es lo que menos interesa a una compañía con ánimo de lucro. Y aún así, no se sabe muy bien por qué, pero ocurre.
Aunque muchas empresas se dediquen a recortar sus plantillas despiadadamente, estos despidos, y el correspondiente aumento de responsabilidades para los que permanecen, invariablemente recaen sobre quienes se dedican a fabricar, transportar, reparar y mantener las cosas. Debido a una extraña metamorfosis que nadie es capaz de explicar, la cantidad de administrativos asalariados parece seguir en expansión. El resultado, y esto ocurría también con los trabajadores soviéticos, es que cada vez hay más empleados que teóricamente trabajan 40 o 50 horas semanales pero que, en la práctica, solo trabajan esas 15 horas que predijo Keynes porque pasan el resto de su jornada organizando o atendiendo talleres motivacionales, actualizando sus perfiles de Facebook o descargándose temporadas completas de series de televisión.
Evidentemente, la respuesta no es económica sino moral y política. La clase dirigente se ha dado cuenta de que una población productiva, feliz y con abundante tiempo libre representa un peligro mortal (recordemos lo que empezó a pasar la primera vez que hubo siquiera una aproximación a algo así, en los años sesenta). Por otra parte, la noción de que el trabajo es una virtud moral en sí mismo y que todo aquel que no esté dispuesto a someterse a una disciplina laboral intensa durante la mayor parte de su vida no merece nada, les resulta de lo más conveniente.
En cierta ocasión, al observar el aumento aparentemente ilimitado de las responsabilidades administrativas en las instituciones académicas británicas, me imaginé una posible visión del infierno. El infierno es un grupo de individuos que pasan la mayor parte de su tiempo desempeñando tareas que ni les gustan, ni se les dan especialmente bien. Imaginemos que se contrata a unos ebanistas altamente cualificados y que éstos, de repente, descubren que su trabajo consistirá en pasarse gran parte de la jornada friendo pescado. Es más, se trata de un trabajo innecesario –solo hay una cantidad muy limitada de pescados que freír. Aun así, todos se vuelven tan obsesivamente resentidos ante la sospecha de que algunos de sus compañeros pasan más tiempo tallando madera que cumpliendo con sus responsabilidades como freidores de pescado, que pronto nos encontramos con montañas de pescado mal cocinado desperdigado por todo el taller, y acaban dedicándose a eso exclusivamente.
Creo que es una descripción bastante acertada de la dinámica moral de nuestra propia economía.
Soy consciente de que argumentos como éste se toparán con objeciones inmediatas: “¿Quién eres tú para determinar qué trabajos son ‘necesarios’? ¿Qué es necesario, a todo esto? Eres profesor de antropología, explícame qué necesidad hay de eso.” (De hecho, muchos lectores de prensa-basura valorarían mi trabajo como la definición por excelencia de una inversión social desperdiciada.) Y, en cierto sentido, esto es indudablemente cierto. No hay forma objetiva de medir el valor social.
No me atrevería a decirle a una persona que está convencida de aportar algo importante a la humanidad que, en realidad, está equivocada. Pero, ¿qué pasa con quienes tienen la certeza de que sus trabajos no sirven de nada? Hace poco retomé el contacto con un amigo de la escuela que no veía desde que teníamos 12 años. Me quedé atónito al descubrir que, primero, se había hecho poeta y, más adelante, fue el vocalista de un grupo de rock indie. Incluso había escuchado algunos de sus temas en la radio sin tener ni idea de que el cantante era mi amigo de la infancia. No cabe duda de que era una persona innovadora y genial, y que su trabajo había mejorado y alegrado la vida de muchas personas alrededor del planeta. Pero, tras un par de discos fracasados, perdió su contrato discográfico y, con la presión añadida de numerosas deudas y una hija recién nacida, acabó, tal y como él lo describió, “eligiendo la opción que, por defecto, eligen muchas personas sin rumbo: matricularse en derecho”. Ahora es abogado mercantil para un prestigioso bufete neoyorquino. Mi amigo no titubeó en admitir que su trabajo carecía de valor alguno, que no contribuía nada al mundo y que, según su criterio, ni siquiera tendría que existir.
Llegados aquí, podemos plantearnos una serie de preguntas. La primera sería: ¿qué dice esto de nuestra sociedad, que parece generar una demanda extremadamente reducida de poetas y músicos talentosos, pero una demanda aparentemente infinita de especialistas en derecho empresarial? (Respuesta: si un 1% de la población controla el grueso de las rentas disponibles, el denominado “mercado” reflejará lo que ellos, y nadie más que ellos, perciben como útil o importante). Es más, esto demuestra que la gran mayoría de estos empleados son conscientes de ello en realidad. De hecho, creo que jamás he conocido a un abogado mercantil que no pensara que su trabajo era una sandez. Podríamos decir lo mismo de casi todos los sectores nuevos mencionados anteriormente. Existe toda una clase de profesionales asalariados que, al toparte con ellos en una fiesta y confesarles que te dedicas a algo que podría considerarse interesante (como, por ejemplo, la antropología) evitan hablar de su profesión a toda costa. Pero después de unas cuantas copas, te sueltan toda una diatriba sobre la inutilidad y estupidez de su trabajo.
Aquí contemplamos una profunda violencia psicológica. ¿Cómo vamos a plantearnos una discusión seria sobre la dignidad laboral cuando hay tanta gente que, en el fondo, cree que su trabajo ni siquiera debería existir? Inevitablemente, esto da lugar al resentimiento y a una rabia muy profunda. El peculiar ingenio de esta sociedad reside en el hecho de que nuestros dirigentes han hallado la manera –como en el ejemplo de los freidores de pescado– de que esa rabia se dirija precisamente en contra de quienes desempeñan tareas provechosas. Por ejemplo, parece que existe una regla general que dictamina que, cuanto más claramente beneficioso para los demás es un trabajo, peor se remunera. De nuevo, es muy difícil dar con una evaluación objetiva, pero una forma fácil de hacernos una idea sería preguntando: ¿qué pasaría si todos estos sectores laborales desaparecieran sin más? Se diga lo que se diga de las enfermeras, los basureros o los mecánicos, es evidente que si se esfumaran en una nube de humo, los resultados serían inmediatos y catastróficos. Un mundo sin profesores o trabajadores portuarios no tardaría en encontrarse en apuros, e incluso un mundo sin escritores de ciencia ficción o músicos de Ska sería, sin duda, un mundo peor. No está del todo claro cuánto sufriría la humanidad si todos los inversores de capital privado, grupos de presión parlamentaria, investigadores de relaciones públicas, actuarios, vendedores telefónicos, alguaciles o asesores legales se esfumaran de golpe. (Hay quien sospecha que todo mejoraría notablemente). No obstante, exceptuando algunos ejemplos bastante manidos, como el de los médicos, dicha “regla” se cumple con sorprendente frecuencia.
Aún más perversa es la noción generalizada de que así es como deben ser las cosas. Este es uno de los secretos del éxito del populismo de derecha. Podemos comprobarlo cuando la prensa sensacionalista suscita el recelo contra los trabajadores del metro londinense por paralizar el servicio durante una disputa contractual. El solo hecho de que los trabajadores de metro pueden paralizar todo Londres demuestra la necesidad de la labor que desempeñan, pero es precisamente esto lo que parece incordiar tanto a la gente. En Estados Unidos van aún más lejos; los Republicanos han tenido mucho éxito propagando el resentimiento hacia los profesores o los obreros del sector automovilístico al llamar la atención sobre sus salarios y prestaciones sociales supuestamente excesivos (y no hacia los administradores de las escuelas o los directivos de la industria automovilística, que son quienes causan los problemas, lo cual es significativo). Es como si les estuvieran diciendo “¡Pero si tenéis la suerte de enseñar a niños! ¡O de fabricar coches! ¡Hacéis trabajos de verdad! Y, por si fuera poco, ¡tenéis la desfachatez de reclamar pensiones y atención sanitaria equivalentes a las de la clase media!”.
Si alguien hubiera diseñado un régimen laboral con el fin exclusivo de mantener los privilegios del mundo de las finanzas, difícilmente podría haberlo hecho mejor. Los verdaderos trabajadores productivos sufren una explotación y una precariedad constantes. El resto se reparte entre el estrato aterrorizado y universalmente denigrado de los desempleados y esa otra capa más grande que básicamente recibe un salario a cambio de no hacer nada en puestos diseñados para que se identifiquen con la sensibilidad y la perspectiva de la clase dirigente (directivos, administradores, etc.) –y en particular, de sus avatares financieros– pero que, a la vez, fomentan el creciente resentimiento hacia cualquiera que desempeñe un trabajo de indiscutible valor social. Evidentemente, este sistema no es fruto de un plan intencionado sino que emergió como resultado de casi un siglo de ensayo y error. Pero es la única explicación posible de por qué, a pesar de nuestra capacidad tecnológica, no se ha implantado la jornada laboral de tres o cuatro horas.
Introducción a “Sacred Economics”
Charles Eisenstein
- Cortometraje Dirigido por Ian MacKenzie. Producido por Velcrow Ripper, Gregg Hill, Ian MacKenzie. Traducido por Luis Gómez. Sincronizado y editado por Stacco Troncoso -Guerrilla Translation Vídeo original
- Entrevista realizada por Xavi Pratt y Jordi Romero para Trash Icons. Traducida por Stacco Troncoso. Editada por Luis Gómez. – Guerrilla Translation. Entrevista original
Sacred Economics traza la historia del dinero, desde las ancestrales economías de la generosidad hasta el capitalismo moderno, mostrando cómo el sistema monetario ha contribuido a fomentar la alienación, la competición y la escasez, a destruir la comunidad, y a depender del paradigma de crecimiento constante.
A día de hoy, estas tendencias han llegado a su extremo – pero tras su inevitable colapso, quizás hallemos la oportunidad de trascender hacia una forma de vida más conectada, ecológica y sostenible.
En el siguiente cortometraje y la entrevista que lo sigue, Eisenstein explica cuáles serían las características de un sistema económico acorde a los valores humanos, sociales y ecológicos.
Sacred Economics de Charles Eisenstein, un film de Ian MacKenzie
(Para activar la pista de subtítulos, pulsad el botón rectangular de la parte inferior derecha y elegir “Spanish – (Spain) -Guerrilla Translation!” Recomendamos ver el filme en calidad 720hd, alta-definición)
Cambiar la naturaleza del dinero. Trash Icons entrevista a Charles Eisenstein
Durante siglos, el sistema monetario ha sido uno de los mayores factores contribuyentes a la alineación, competición y escasez que caracterizan al sistema financiero de nuestros tiempos. Entrevistando a Charles Eisenstein, autor de Sacred Economics y activista del decrecimiento, hemos averiguado que quizá haya luz al final del túnel.
1. Sostienes que el dinero precisa de una transformación profunda, capaz de regenerar un concepto tan profano para convertirlo en sagrado. ¿Qué hay detrás del concepto de Sacred Economics?
El libro comienza con la observación de que el dinero no es compatible con todo aquello que estamos empezando a percibir como “sagrado” como, por ejemplo, la restauración ecológica o la justicia social. Esta oposición, en el pasado, se daba por hecha. Asumíamos que la bondad, lo sagrado y todo eso eran conceptos ajenos al dinero, que las personas consagradas a buenos propósitos apenas tienen que ver con el dinero. Pero esto ya no es sostenible, dado que los comportamientos inducidos por el dinero están destruyendo el planeta. Tenemos que cambiar la naturaleza del dinero para que deje de ser el enemigo de la sostenibilidad, por no mencionar ya lo sagrado. El libro trata sobre cómo hemos llegado a este estado de crisis que nunca acaba de desaparecer por completo, y de cómo cambiar el sistema monetario y la economía que lo sostiene. Adicionalmente, explora la dimensión personal y comunitaria de dicha transición.
2. ¿Qué es la economía de la generosidad, y cómo puede favorecer el crecimiento y desarrollo de una comunidad?
La economía de la generosidad incluye la totalidad de las interacciones en que las personas cuidan de sus necesidades mutuas sin dinero de por medio. Por ejemplo, una madre que cocina para sus hijos está practicando la economía de la generosidad, dado que no cobra nada por hacerlo. Vecinos que ayudan a otros vecinos con sus proyectos, cuidando de los niños, ayudándose después de una catástrofe natural, todos estos son ejemplos de una economía de la generosidad o el regalo. Cosas como el couchsurfing, compartir cosas por Internet o el software de código abierto también forman parte de la economía de la generosidad.
La comunidad se forja a través de relaciones basadas en la generosidad. Si pagas por todas tus necesidades, difícilmente tendrás necesidad de quienes te rodean y no formarás parte de la comunidad. Pero, si vives entre personas que se ayudan entre sí para satisfacer sus necesidades, puedes mirar a tu alrededor y decir: “necesito a esta gente, nos necesitamos mutuamente”. Os habréis dado cuenta de que en épocas de crisis económica la gente forma comunidades más entrelazadas, ya que se ven obligados a depender los unos de los otros, llegado el momento en que no pueden seguir dependiendo del dinero.
3. ¿Cuáles son las características principales de la “economía de la separación” que tantos siglos lleva agobiando a la humanidad y nuestro planeta?
Las características principales son: la competición, la ansiedad, la escasez y el crecimiento infinito. Evidentemente, cierto grado de competición y escasez es inevitable, pero nuestro sistema crea mucho más de lo necesario. Pensemos, por ejemplo, en las actividades lúdicas. Desde los albores de la Revolución Industrial, los futuristas han estado prediciendo la inminente llegada de una “edad del ocio”, en la que la gente apenas tendría que trabajar para llevar una vida cómoda. Tan recientemente como en los ochenta, Alvin Toffler predecía una jornada laboral de 25 horas a la semana y 150 días de vacaciones. Pero, en vez de eso, siempre nos hemos decantado por consumir más en vez de trabajar menos y ésta ha sido una decisión forzada e impuesta por nuestro sistema económico. Y para empeorar las cosas, gran parte de ese consumo es ejercido por cada vez menos individuos. En gran parte, este consumismo no aporta nada al bienestar de la mayoría y/ni, desde luego, al bienestar del planeta. Uno de los temas centrales del libro es cuestionar el porqué de esta situación. La culpa no es de “la avaricia”. Puedes cabrear a la gente hablándoles de la codicia de los ricos, pero la realidad es que la avaricia es parte intrínseca del propio sistema. El “culpable” yace a un nivel más profundo, es un mal sistémico. No voy a repetir el argumento con pelos y señales pero, en esencia, un sistema monetario basado en la deuda sujeta a intereses, siempre necesita más crecimiento y, en ausencia del mismo, el sistema tenderá a concentrar la riqueza. Eso es lo que estamos viviendo hoy en día.
4. En el libro hablas de la “economía del reencuentro”. ¿En qué se caracteriza?
Sus características principales son: la reclamación de los bienes comunes, una moneda con interés negativo, traspasar el cobro de impuestos por las ventas e ingresos sobre la contaminación y la extracción de recursos, una relocalización económica parcial, la economía entre iguales o p2p, una renta básica universal, y la economía de la generosidad. Ninguna de éstas se sostiene por sí misma, cada una actúa en sinergia con el resto.
5. Una de las temáticas centrales del libro es la transformación, que no abolición, del dinero. ¿Crees que puede haber un sistema monetario-económico que funcione? No tendría por qué ser una moneda física, podría ser una mezcla de varios formatos (moneda, digital, parcialmente basada en el regalo…). ¿Cómo lo llamarías?
Sí. No tiene por qué ser una moneda física ni un objeto en sí. Podría ser electrónico (como la práctica totalidad del dinero de hoy en día) o una mezcla. El dinero electrónico es la ola del futuro pero acarrea muchas cuestiones políticas, dado que permite que el gobierno monitorice todas las transacciones. Creo que es una tendencia inevitable pero, aún así, ni siquiera el dinero en efectivo es tan anónimo como les gustaría pensar a los libertarios, dado que cada vez se imprimen más billetes con chips RFID incorporados. En todo caso, creo que la pregunta clave es, ¿qué quieres decir con “un sistema monetario-económico que funcione?” ¿Que “funcione” en qué sentido? Para mí “que funcione” debe llevar implícito el no fomentar la degradación de la biosfera.
6. ¿Cuáles son los mayores inconvenientes de las economías de escasez, a largo plazo?
Son más que inconvenientes. Hay gente muriéndose de hambre en este planeta, aunque la producción global de alimentos podría dar de comer a todo el mundo. La comida está ahí; se están muriendo de hambre, porque hay escasez de dinero. En otros lugares, hay gente que dedica la totalidad de sus vidas a saldar su deuda.
7. ¿Qué fundamento hay detrás de la escasez artificial? ¿A quién le interesa potenciarla?
No creo que nadie haya decidido crear la escasez artificial de manera consciente. Es una cualidad intrínseca de nuestro sistema económico y, si profundizamos, también forma parte de nuestra visión básica del universo, la mitología de la civilización e incluso de nuestro concepto del “yo” o el ser. A nivel económico, la escasez es inherente a un sistema como el nuestro en el que siempre hay más deuda que dinero. Es algo que forma parte del proceso de creación de dinero. La escasez es, así mismo, fundamental para una visión de la vida que dice que somos individuos aislados en un universo “ajeno”. Separados así los unos de los otros, cuanto más tengas tú, menos tendré para mí mismo. Cuando nos vemos separados de la naturaleza, siempre nos encontraremos luchando contra ella e intentando extraer beneficios de este universo tan indiferente como hostil.
Es más, esta ideología de la separación nos amputa de nuestro ser verdadero, expandido y enriquecido mediante las relaciones íntimas que nos brinda la comunidad y la naturaleza. Al vernos amputados de semejante manera, cuando, por ejemplo, no reconocemos los rostros que nos rodean, no conocemos sus historias, no conocemos los nombres de los árboles, las colinas y las plantas que nos rodean… nos sentimos a solas en el mundo. Sentimos que no formamos parte. Esta es una manifestación muy primigenia de la escasez. El consumismo es una de las muchas respuestas a esa sensación de aislamiento.
8. ¿Puedes darnos algún ejemplo de mejoras en los índices de empleo o productividad ajenas a estas políticas de escasez?
Bueno, el mayor extremo de una política de escasez es lo que se ha dado por llamar “austeridad”. Mirando a Europa, es evidente que la austeridad crea más escasez, más desempleo y menos productividad. Podemos observar que los países que no han implementado políticas de austeridad tienen una situación económica mucho más favorable. Aún así, los tipos de estímulos monetarios y fiscales que se utilizan hoy en día sólo son un paso mínimo hacia una auténtica política de abundancia. Os podria dar unos cuantos ejemplos históricos, pero no hay muchos.
9. En el libro expones una serie de temas e ideas muy interesantes. ¿Podrías elaborar sobre ellas brevemente?
Monedas con interés negativo
Esto se implementaría mediante un impuesto de liquidez sobre las reservas bancarias. Básicamente, si el banco se queda con el dinero estancado en el BCE o la Reserva Federal, no sólo no se le aplicarán intereses sino que, además, deberá pagar un sobrecargo de, digamos, un 5%. Esto incentiva a dar préstamos a intereses muy bajos, quizás incluso a un interés del 0%. Permite que las personas y los países endeudados, refinancien sus deudas a un 0% de interes. También significa que, si tienes mucho dinero, no vas a poder contar con él para vivir de los intereses. La riqueza ya no sería cuestión de simplemente poseer mucho y seguir enriqueciéndose automáticamente.
Impulsar las monedas locales
Las monedas locales aíslan y protegen a las economías locales de las finanzas globales, siempre que haya una economía local de la que partir. Las monedas locales pueden ayudar a conectar recursos y necesidades en tiempos de escasez de la moneda nacional. Lo malo es que, hoy en día, muchas economías locales están devastadas y eso reduce el potencial de las monedas locales. Aun así, cuando todo se desmorona, las monedas locales brotan espontáneamente. Lo observamos en Argentina en el 2001-2002; y ocurrió constantemente a lo largo de la Gran Depresión.
Economía basada en los recursos
Se trata de un concepto del Movimiento Zeitgeist y, a decir verdad, no lo respaldo al 100%. La teoría es que deberíamos permitir que los ordenadores determinasen dónde y cómo distribuir los recursos, en vez de determinarlo a través de la demanda monetaria. Creo que, de implementarse, hallaríamos que la función interactiva de recolección de datos necesaria para distribuir los recursos acabaría siendo algo muy similar al dinero en sí.
La restauración de los bienes comunes
Los bienes comunes se refiere a aquello que debería ser propiedad pública, propiedad de todos y de ninguno. En un principio, por ejemplo, las tierras no estaban sujetas a la propiedad privada. A través de un proceso histórico que viene de largo, se han visto gradualmente divididas, saqueadas y privatizadas. A muchos pensadores esto les resulta injusto. Después de todo, nadie ha creado la tierra, ¿a razón de qué tiene alguien derecho exclusivo a la tierra y por por encima de cualquier otro? Lo mismo podemos decir de los bienes comunes, o el “procomún” cultural de las ideas, canciones, imágenes, inventos y demás. Aunque algunas son creaciones originales, siguen brotando de un entorno cultural y, por lo tanto, aún están endeudados con la labor creativa de cientos de generaciones.
Existe un cuerpo de teoría económica surgido a partir de esta perspectiva. Sostiene que no deberías lucrarte de la mera posesión de tierras, patentes, dinero etc, a menos que lo hagas de tal manera que también se beneficie el resto de la sociedad. Por tanto, la tierra y otros bienes rentables deberían estar sujetos a impuestos mediante un índice tasado con fin de contrarrestar aquella porción de las rentas que surgen de la mera posesión de un recurso escaso.
Activismo decrecentista
Es evidente que el crecimiento económico está destruyendo el planeta. Necesitamos un sistema que nos permita crecer en otras direcciones que no sean la cantidad de recursos que somos capaces de extraer y convertir en bienes y servicios. En el sistema actual, talar un bosque y excavar para extraer petróleo son contabilizados como crecimiento económico, mientras que preservar o restaurar estos bienes no lo es. Pero necesitamos más de lo último y menos de lo primero. Esto supone desarrollar un sistema económico que permita que las personas prosperen aún en ausencia de un crecimiento en la totalidad del consumo.
Hay mucha gente que cree que la palabra “prosperidad” o “abundancia” implica consumir cada vez más, pero existen otras visiones de la prosperidad. Por ejemplo, podríamos vivir en una sociedad donde hay más tiempo libre, con más objetos elaborados artesanalmente, casas menos opulentas pero más bellas, más bicis y menos coches, más compartir con los vecinos y menos trasteros llenos de chismes que no se utilizan. Todos estos cambios repercutirán negativamente sobre el PIB, pero enriquecerían las vidas de las personas en cada aspecto significativo. El decrecimiento no es sinónimo de estancamiento. Es un cambio de prioridades que se aleja de la idea de poseer más y más bienes y servicios cuantificables.
10. En la sociedad actual, cada vez más conectada y con menos barreras informativas, ¿cómo difundirías los conceptos que has desarrollado en la última pregunta? ¿Quién crees que se beneficiaría al censurar ese mensaje?
La clave para difundir estas ideas reside en la disrupción de lo que yo llamo “la historia de la normalidad”. La gente cree que no hay alternativa, cree que nada va a cambiar, cree que la política y el dinero, tal y cómo los concebimos hoy en día, son inalterables. Pero, en un solo momento de empoderamiento de la humanidad, todo eso puede cambiar. Creo que una de las cosas más importantes que podemos hacer ahora mismo es prepararnos para ese momento. Cuando ese millón de personas que está en las calles tome conciencia de su poder, ¿qué va a hacer con él? De momento, aún cuando son capaces de derrocar un gobierno, siempre acaban instaurando un reemplazo que acaba implementando más o menos las mismas políticas.
11. ¿Qué opinas sobre el estado actual de la economía mundial? ¿Crees que ya ha llegado al límite o que las cosas pueden ir aún a peor?
Las cosas se van a poner mucho peor antes de que mejoren. El sistema político está ahí para garantizar que los endeudados sigan pagando y que los bancos y a los acreedores sigan cobrando cuanto más tiempo posible. Mientras haya bienes públicos o una riqueza social que vender al mejor postor, se seguirá vendiendo. Lo puedes observar ahora mismo en España. Para satisfacer a los acreedores lo están desmantelando todo: pensiones públicas, bienes naturales, servicios sociales… y el dinero va directo a los acreedores. Lo último que queda por subastar es a la juventud del país. Cuando ya no queden oportunidades para los jóvenes, se irán a Alemania o a cualquier otro lugar.
12. ¿Crees que ha habido alguna época en la que la humanidad haya disfrutado de un sistema económico mínimante justo para todos?
Sin duda. Las sociedades de cazadores-recolectores eran muy igualitarias. También hubo muchas sociedades campesinas matrifocales bastante egalitarias. Las sociedades del bienestar europeas tampoco eran terribles en cuanto a concentración de riqueza. Aún así no, para mí no hay precedentes que valgan a modo de ejemplo para una sociedad moderna.
Game over, Bitcoin: Buscando la moneda digital con valores humanos
Stanislas Jourdan
Traducido por Stacco Troncoso, editado por Arianne Sved - Guerrilla Translation!
Aunque, como demostración de concepto, se trata de un ejemplo extraordinario, hay quienes alegan que la cripto-moneda distribuida Bitcoin tiene serias carencias como alternativa viable al sistema monetario. Ha llegado el momento de que los monetaristas verdaderamente radicales vayan más allá de este experimento técnico para avanzar hacia el siguiente nivel de la revolución monetaria: un sistema monetario digital basado en las necesidades humanas.
Desde su lanzamiento en el 2009, Bitcoin ha pasado de ser un proyecto cripto-anarquista a ser un candente tema de debate en la red y fuera de ella. Desde las casas okupas londinenses, hasta el barrio Kreuzberg de Berlín, no es que todo el mundo esté pagando con Bitcoins, pero todo el mundo está hablando de ello.
El Bitcoin puede ser descrito como una cripto-moneda entre iguales, o P2P. Es decir, se trata de un sistema monetario distribuido que facilita transacciones anónimas y relativamente seguras sin necesidad de una autoridad centralizada. En lugar de emitirse a través de un sistema bancario opaco, son los propios usuarios de Bitcoin quienes generan la moneda a través de un software de código abierto y un algoritmo inteligente que facilita la seguridad y anonimidad de todo el sistema distribuido. Como resultado, no hay necesidad de una autoridad central que gestione el Bitcoin. El sistema se controla a sí mismo.
Infografía traducida por Matheus Frik
Todo el mundo está de acuerdo en que Bitcoin, desde un punto de vista técnico, es una prueba de concepto excepcional y que ha conseguido despertar conciencia sobre las imperfecciones del sistema monetario actual. La cuestión es si Bitcoin es capaz de dar solución o no a estos problemas. Cada vez hay más economistas prominentes y activistas que dicen que no.
“Un sistema diseñado para crear billonarios de Bitcoin”
El Bitcoin se enfrenta a dos tipos de crítica. La primera es técnica: el Bitcoin es una moneda anónima y sin supervisión, algo que puede llegar a ser muy útil para traficantes de droga, vendedores de armas o cualquiera que negocie en el mercado negro. Sebastiano Scròfina, el fundador de Dropis, ha enumerado una serie de críticas adicionales, pero la mayor crítica no es de carácter técnico sino económico y tiene que ver con la concepción del Bitcoin como moneda.
“El Bitcoin está diseñado por gente que cree en cierto tipo de economía, está concebido para ser como el oro, para favorecer su atesoramiento.” Michel Bauwens, P2P Foundation
Podría decirse que el Bitcoin es una moneda deflacionaria, o incluso una mera “mercancía virtual”. Al igual que el oro, el Bitcoin deriva su valor de la escasez — la circulación de Bitcoins está limitada a 21 millones de unidades. Aunque los libertarios y defensores del patrón oro ven esta escasez como una ventaja, resulta problemática para muchos. El prestigioso economista griego Yannis Varoufaki ha publicado recientemente un estudio muy inteligente sobre los problemas que esto suscita:
“En términos sencillos, si el Bitcoin tiene éxito y penetra en el mercado, una cantidad creciente de nuevos bienes y servicios se intercambiarán en Bitcoin. Por definición, el ritmo al que se incrementará esa cantidad será más rápido que el incremento en la cantidad de Bitcoins. En resumen, una cantidad restringida de Bitcoins estaría intentando seguirle el paso a una cantidad creciente de bienes y servicios. De esta forma, la cantidad de Bitcoins disponibles por unidad de bienes o servicios caería, causando la deflación.”
Y eso, según Felix Salmon, no es nada bueno:
“La inflación es mala, pero la deflación es aún peor. El motivo es que nadie gasta dinero en una coyuntura deflacionaria ya que todo lo que quieras comprar va a ser más barato en cuestión de días o semanas. La gente acumula el dinero y solo lo gasta, a regañadientes, en necesidades absolutas. Desde luego que no se lo van a gastar en contratar a empleados —da igual lo productivos que sean, sigue siendo más beneficioso agarrarse a ese dinero y no pagarle nada a nadie.”
Expresado de otra manera, como las unidades de Bitcoin se están creando a un ritmo cada vez más lento mientras que aumenta el número de usuarios de la moneda, el valor de cada unidad siempre irá en alza. Por tanto, los nuevos usuarios tendrán una parte proporcional menor de la masa monetaria, a menos que sean lo suficientemente ricos para comprar Bitcoins a cambio de monedas oficiales.
“Bitcoin sirve para crear asimetría y desigualdad donde antes no la había”, concluye la periodista del Financial Times Izabella Kaminska. “Es un sistema diseñado para crear millonarios de Bitcoin.”
La élite del Bitcoin: 78 entidades
Los millonarios de Bitcoin no son ningún mito. Al examinar la totalidad del gráfico de Bitcoin (pdf) desde el 12 de julio de 2011, los investigadores Dorit Ron y Adir Shamir han llegado a una serie de conclusiones reveladoras. Primero, estimaron que un 59,7% de las monedas Bitcoin están inactivas, lo cual significa que la mayoría se están ahorrando en vez de gastarse en el sistema. En segundo lugar, averiguaron algo aún más interesante: que un 97% de las cuentas de Bitcoin contienen menos de 10 unidades, mientras que un reducido grupo de 78 entidades están amasando más de 10.000 Bitcoins. Por último, los investigadores identificaron solo 364 transacciones que superaban los 50.000 Bitcoins. Su análisis concluye: “Todas estas grandes transacciones surgieron como consecuencia de una sola transacción llevada a cabo en noviembre del 2010”.
“Tabla 3. Distribución actual (13 de Mayo, 2012) del balance de Bitcoins por entidad y por dirección”
En resumidas cuentas, existe un pequeño grupo de afortunados que controla la gran mayoría de los Bitcoins del mundo. ¿Pero de quién se trata? Las investigaciones de Sergio Lerner sugieren que uno de los millonarios de Bitcoin no es otro sino el enigmático Satoshi Nakamoto, supuesto inventor de esta cripto-moneda. Dado que Nakamoto fue, sin lugar a dudas, el primer usuario en realizar una transacción en Bitcoin, Lerner ha podido rastrear toda la actividad de la cuenta de éste. Lerner concluye que Nakamoto debe de poseer unos 980,000 Bitcoins, el equivalente a unos 110 millones de dólares según el índice de cambio actual. Si no sabes muy bien qué pensar de todo esto, aquí está la opinión de Julian Assange sobre el asunto:
“Esto significa que tendrías que introducirte en el sistema de Bitcoin ya mismo, cuando aún es pronto. Es mejor ser uno de los primeros usuarios, porque algún día, tus Bitcoins tendrán un valor enorme.” Julian Assange, Junio 2011
“¿De qué manera va a ayudar el Bitcoin a los griegos?”
“¿De qué manera va a ayudar el Bitcoin a los Griegos?” pregunta Scròfina con escepticimo. Se supone que una moneda P2P (entre iguales) debería ofrecer algo más ante la desigualdad económica.
El economista griego Yanis Varoufakis llega a la conclusión de que el concepto de una “moneda apolítica capaz de ’energizar’ una sociedad industrial avanzada” es una fantasía:
“¿Sería posible calibrar el suministro de Bitcoins a largo plazo de tal forma que compensara sus efectos deflacionarios, a la vez que inclinamos la balanza de la demanda especulativa a la demanda de transacciones con Bitcoin? Para lograrlo, se necesitaría un banco central de Bitcoin, lo que, por supuesto, echaria por tierra el propósito de tener una moneda digital totalmente descentralizada como el Bitcoin.”
¿Significa esto que no hay futuro para el ideal de una moneda descentralizada? No todos los detractores de Bitcoin están de acuerdo.
La Fundación P2P de Michel Bauwens fue uno de los primeros organismos en utilizar el Bitcoin, pero Bauwens decidió, sensatamente, retirar su apoyo a la moneda digital y expresó duras críticas durante una presentación en OuiShare Fest, en Mayo del 2013. No obstante, a diferencia de Varoufakis, sigue siendo optimista:
“Gracias Bitcoin por haber hecho esto, porque ahora podemos hacer algo mejor” Michel Bauwens, Fundación P2P.
La declaración recibió un gran aplauso por parte del público, reflejando dos días de intensas discusiones en torno a monedas virtuales y un consenso generalizado sobre la necesidad de crear nuevas alternativas.
(Pulsar sobre el rectángulo en la parte inferior derecha para activar los subtítulos en español)
Después de Bitcoin y más allá de la escasez
En uno de los debates sobre monedas virtuales celebrados en el OuiShare Fest, todos los partícipantes estuvieron de acuerdo en que las monedas del futuro deberían estar basadas en la confianza y ayudar a la economía real. Pero, ¿por dónde empezar?
“Tenemos que desmantelar la idea de que el dinero ha de ser una mercancía, o un valor acumulable a largo plazo”, explica Dropis Scròfina. En estas interesantes diapositivas, Scròfina argumenta a favor de un sistema monetario de post-escasez.
Un análisis mayormente compartido por Izabella Kaminska:
Tenemos que dejar de pensar en términos monetarios, tenemos que fijarnos en la riqueza real que nos rodea. El crecimiento general de la calidad de vida en el mundo. El valor ya existe, pero necesita una distribución mejor.
Al igual que Varoufakis, Kaminska cree que esta distribución es responsabilidad de las instituciones públicas, pero ¿podría llevarse a cabo con una moneda descentralizada y apátrida?
Existen muchos proyectos de monedas digitales alternativas que están intentando lograrlo. Freicoin y Litecoin, por ejemplo, son dos proyectos derivados del código fuente de Bitcoin pero con diferencias tangibles. Litecoin tiene una mayor masa monetaria (hasta 84 millones de unidades) y, por tanto, es más fácil de minar, mientras que Freicoin (“Moneda Libre” en alemán) se puede expandir hasta 100.000 unidades. Además, Freicoin lleva una tasa de demora incorporada: las monedas pierden un 5% de su valor todos los años. En su página web explican:
“La tasa de demora obliga a que toda la acumulación de capital circule, independientemente del afán de acumulación de los más ricos. Dado que la sobrestadía de divisas funciona a modo de impuesto sobre dinero estancado, banqueros, financieros y corporaciones no pueden seguir amasando fortuna a la espera de un incremento en los índices de interés o un clima de inversión más favorable. El dinero está perdiendo valor continuamente, con lo que se incentiva a gastarlo lo antes posible en las necesidades de la vida o invertirlo en proyectos a largo plazo que también estimulen el crecimiento de la economia verdadera, creando empleo en el proceso.”
Mientras escribía este artículo, me han hablado muchas veces de otro proyecto llamado Ripple. Ripple no es sólo una moneda virtual, es, por encima de todo, un protocolo de pago que se puede utilizar con cualquier moneda como el Bitcoin, o incluso el Euro o el Dólar. Ripple realza los sistemas de pago P2P basados en redes sociales existentes, transformándolas en redes de confianza y rutas de transacciones.
El proyecto francés Open Universal Dividend Currency (Moneda Abierta de Dividendo Universal u Open UDC) es incluso más radical. Durante su presentación en el OuiShare Fest, Michel Bauwens nos recordaba: “¿Con quién realizamos ese intercambio P2P en Bitcoin? Intercambiamos con el ordenador”. Open UDC, en cambio, opera de forma totalmente opuesta.
Al igual que Bitcoin, Open UDC es un protocolo de moneda descentralizada que impide el doble gasto y el fraude. Pero lo que distingue a esta moneda es el hecho de que cada miembro recibirá periódicamente un dividendo de igual cantidad, una especie de renta básica. ¿Cómo funciona? A diferencia de otras monedas digitales que incorporan una renta básica, como el OCCCU, la moneda alternativa de Occupy Wall Street, ni siquiera necesita recurrir a la tasa de demora o a impuestos para repartir dinero. Open UDC sencillamente se dedica a emitir el dinero “de la nada” — pero de manera responsable.
Open UDC aún no está operativa, pero su proporción de creación de capital estará definida por un algoritmo, determinado por dos factores: el número de participantes que utilizan Open UDC y la expectativa de vida media dentro de la comunidad. La idea es que, a lo largo de su vida, cada miembro de Open UDC obtenga la misma cantidad proporcional de dinero que los demás. Como consecuencia, “su masa monetaria está en continua expansión y así se evita que una minoría amase demasiadas unidades en detrimento de la mayoría” me contaba uno de los contribuyentes al proyecto. “El sistema crea suficiente espacio para gente nueva, de tal forma que cualquiera puede empezar a comerciar sin tener que endeudarse antes.”
La descripción en la página oficial del proyecto reza: “Las implementaciones de Open UDC permiten que seres humanos intercambien bienes y servicios digitales con un espíritu de equitatividad espacial entre los miembros, y temporal entre miembros actuales y futuros.”
Cambiar la cultura del dinero
¿Hemos dado con el sistema monetario perfecto? Sebastiano Scròfina es más cauteloso: “En teoría, Open UDC funcionaría pero, en la práctica, se necesita más que un protocolo. Antes, se necesita una comunidad de personas que confíen entre sí.
Es irónico que el éxito del Bitcoin esté basado en un concepto opuesto: la desconfianza. El Bitcoin está diseñado para que nadie le tenga que deber nada a nadie. Los usuarios llevan sus transacciones a cabo y desaparecen.
“En ese sentido, Bitcoin es una moneda antidemocrática. Está basada en la desconfianza, en vez de la confianza, no asume ningún tipo de responsabilidad. Es más, ni siquiera hay un responsable como tal. Es nihilista y sólo resulta deseable como alternativa a otros sistemas manifestamente peores.” Felix Salmon
Llegados aquí, dado que Bitcoin tiene tantos aspectos negativos, puede que nos preguntemos por qué lo utilizan tantas personas.
Seguramente se deba a que, a fin de cuentas, el dinero es una cuestión cultural: mientras haya quien piense que el dinero ha de ser una mercancía, se seguirán promoviendo monedas aptas para la acumulación, la especulación y la competencia.
Afortunadamente, el auge de la economía colaborativa está impulsando un cambio cultural al promover más abundancia y considerar al ser humano como elemento esencial dentro de la economía. Si realmente creemos en los valores sobre los que se sustenta la economía colaborativa, ha llegado la hora de llevar nuestra ambición más allá para crear los sistemas monetarios descentralizados y humanos que merece la nueva economía emergente.
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