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	<title>Guerrilla Translation! &#187; Futurismo</title>
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	<description>Exporters of fine interlinguistic memes</description>
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		<title> &#187; Futurismo</title>
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		<title>&#8220;El cambio climático puede ser la respuesta a la doctrina del shock&#8221;</title>
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		<pubDate>Wed, 23 Oct 2013 09:24:54 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Jason Mark de Earth Island Journal entrevista a Naomi Klein Traducido por Stacco Troncoso, editado por Arianne Sved - Guerrilla Translation! Imagenes de Lëa-Kim Châteauneuf ,. Retrato de Ed Kashi Artículo original en Earth Island Journal La autora canadiense Naomi Klein es bien conocida por sus agudas observaciones críticas, tanto que es fácil olvidar que, por encima [&#8230;]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=guerrillatranslation.com&#038;blog=50078095&#038;post=2036&#038;subd=guerrillatranslation&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<h2><img class="aligncenter" alt="http://guerrillatranslation.files.wordpress.com/2013/10/idnomocv.jpg?w=1024&#038;h=445" src="http://guerrillatranslation.files.wordpress.com/2013/10/idnomocv.jpg?w=1024&#038;h=445" width="1024" height="445" /><span style="color:#800080;">Jason Mark</span> <span style="color:#ff6600;">de Earth Island Journal entrevista a</span> <span style="color:#808000;">Naomi Klein</span></h2>
<ul>
<li>Traducido por Stacco Troncoso, editado por Arianne Sved - <a href="http://guerrillatranslation.com/">Guerrilla Translation!</a> Imagenes de <a href="http://www.flickr.com/photos/lea-kim/">Lëa-Kim Châteauneuf</a> ,. Retrato de <a href="http://www.edkashi.com/" target="_blank">Ed Kashi</a></li>
<li><a href="http://www.earthisland.org/journal/index.php/eij/article/naomi_klein/" target="_blank">Artículo original</a> en <a href="http://www.earthisland.org/journal/" target="_blank">Earth Island Journal</a></li>
</ul>
<p style="text-align:justify;">La autora canadiense Naomi Klein es bien conocida por sus agudas observaciones críticas, tanto que es fácil olvidar que, por encima de todo, es una periodista de primera categoría. Durante esta entrevista, Klein dejó entrever cuáles son sus prioridades, aunque también confesó estar preocupada por algunas de sus respuestas dado que podrían costarle la oportunidad de entrevistar al presidente de uno de los grupos ecologistas más prominentes (al leer la entrevista veréis por qué). A Klein le interesaba más perseguir el reportaje que protagonizarlo, anteponiendo su periodismo a sus opiniones personales.</p>
<p style="text-align:justify;"><img class="alignleft" title="Foto de Ed Kashi" alt="" src="http://www.earthisland.org/eijournal/autumn2013/images/Naomi-Klein-credit-Ed-Kashi.jpg.pagespeed.ce.Jon3av8kPH.jpg" width="248" height="354" /></p>
<p style="text-align:justify;">Ese rigor caracteriza la carrera de Klein, quien prefiere mantenerse al margen de la cháchara mediática sobre temas de actualidad. Trabaja con constancia, esmero y discreción. Puede resultar sorprendente recordar que la enorme influencia internacional del trabajo de Klein se basa en una obra relativamente escueta; ha publicado tres libros, uno de ellos una antología de artículos de prensa.</p>
<p style="text-align:justify;">“No logo: el poder de las marcas”, el primer libro de Klein, investigaba la manera en la que las marcas manipulan los deseos del público al tiempo que explotan a las personas que fabrican sus productos. El libro salió a la venta pocas semanas después de las protestas contra la Organización Mundial del Comercio en Seattle y se convirtió en <em>bestseller</em> internacional. Su siguiente obra importante, “La doctrina del shock”, argumenta que los impulsores del libre comercio a menudo se aprovechan de las crisis –ya sean naturales o fabricadas– para imponer políticas desreguladoras. En su último libro, aún sin titular, Klein centra su atención en el cambio climático. El libro saldrá a la venta en 2014 y será adaptado como documental a manos de Avi Lewis, el esposo y compañero creativo de Klein.</p>
<p style="text-align:justify;">Los libros y artículos de Klein buscan articular una contra-narrativa al avance de la globalización corporativa y la austeridad impuesta por los gobiernos. Klein cree que el cambio climático puede suponer una nueva oportunidad para desarrollar esta contra-narrativa. “El libro que estoy escribiendo argumenta que nuestras respuestas ante el cambio climático podrán reconstruir la esfera pública, fortalecer nuestras comunidades, y crear trabajos dignos”.</p>
<p style="text-align:justify;">Pero antes tiene que acabar su investigación. Hablando de la respuesta del activismo de base al caos climático, Klein me dijo: “Ahora mismo está pasando desapercibido, pero lo estoy siguiendo con mucha atención.”</p>
<p style="text-align:justify;">—Jason Mark</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>A lo largo de tu trayectoria profesional has escrito sobre el poder de las marcas comerciales, los movimientos populistas de todo el mundo y el fundamentalismo del mercado libre. ¿Qué te ha llevado a hacer ahora un libro y una película sobre el cambio climático?</strong></p>
<p style="text-align:justify;">Bueno, mi último libro, <em>La doctrina del shock</em>, termina hablando del cambio climático. Concluye con una visión de un futuro distópico donde veremos una infraestructura débil chocando de frente con unas condiciones meteorológicas extremas, algo que ya hemos visto con el huracán Katrina. Pero, en vez de esforzarnos por reducir las emisiones para prevenir desastres futuros, vemos numerosos intentos de sacar provecho de esa crisis. Por aquel entonces ya creía que el cambio climático iba a suponer una barra libre sin precedentes para el capitalismo del desastre. Me pareció una progresión lógica pasar de escribir sobre el capitalismo del desastre en <em>La doctrina del shock</em> a escribir sobre el cambio climático. Mientras escribía <em>La doctrina del shock</em>, también estaba cubriendo la guerra de Irak y el negocio de la guerra, y empecé a darme cuenta de que esos mismos patrones se repiten después de desastres naturales como el tsunami asiático o el huracán Katrina. En ese libro hay capítulos que hablan sobre ambos acontecimientos. Más tarde, me di cuenta de que el cambio climático podría suponer una especie &#8220;<em>shock</em> del pueblo&#8221;, una respuesta a la doctrina del <em>shock</em> –que, en vez de otra coyuntura para que el capitalismo del desastre se alimente de la miseria de la gente, sea una oportunidad para que las fuerzas progresivas ahonden en la democracia y realmente mejoren la calidad de vida de todo el mundo. Después, al escribir un artículo sobre las reparaciones de guerra para la revista <em>Harper’s</em>, me topé con el concepto de la &#8220;deuda climática&#8221;. Me reuní con la embajadora boliviana ante organismos internacionales –se llama Angélica Navarro– y me dijo que el cambio climático podría brindarnos la oportunidad de implementar un Plan Marshall ecológico a nivel global, en el que el norte pagaría su “deuda climática” mediante un proyecto de desarrollo medioambiental a gran escala.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>Tras el huracán Sandy, escribiste sobre el potencial del &#8220;shock del pueblo&#8221;. ¿Crees que ya está ocurriendo? ¿Estamos viendo una respuesta del activismo global ante las condiciones meteorológicas extremas que padecemos hoy en día?</strong></p>
<p style="text-align:justify;">Veo que el <em>shock</em> del pueblo ya está bastante extendido, con diversos colectivos actuando en muchos frentes distintos. Gente que, por ejemplo, ha estado luchando por la agricultura sostenible durante muchos, muchos años, y que ahora se da cuenta de que también es una solución para el problema del clima. Se están reformulando muchas cuestiones –y no de manera oportunista, sino para profundizar en nuestro entendimiento. Aquí en Canadá, la gente que más se está oponiendo a la extracción en arenas de alquitrán son las comunidades indígenas que viven río abajo de los yacimientos. Su oposición no se debe al cambio climático sino a que el alquitrán envenena sus cuerpos. Pero el hecho de que también esté destruyendo el planeta le añade otra capa de urgencia. Creo que sobreponer el cambio climático a otros problemas que sufrimos tiene un potencial enorme.</p>
<p style="text-align:justify;">En cuanto al huracán Sandy, he observado algunas respuestas ciudadanas muy esperanzadoras, particularmente en las montañas de Rockaway, donde la gente estuvo muy organizada desde el principio, donde Occupy Sandy cosechó una cooperación muy fuerte y donde surgieron nuevas redes. La primera fase sólo consiste en la recuperación y, ante la llegada de un proceso de reconstrucción impulsado por empresas privadas, estas comunidades están organizadas para responder, atender las reuniones, enfrentarse con las inmobiliarias y hablar sobre una visión de la vivienda pública muchísima más adecuada que la que hemos visto hasta ahora. O sea que sí, es algo que ya está ocurriendo sin duda. Ahora pasa desapercibido, pero lo estoy siguiendo con mucha atención.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>En un artículo que escribiste para <em>The Nation</em> en noviembre de 2011, señalaste que, en lo que al cambio climático se refiere, existe una doble negación: los conservadores niegan la evidencia científica, mientras que algunos sectores de la izquierda niegan las implicaciones políticas de esa evidencia. ¿Por qué crees que algunos ecologistas se resisten a enfrentarse a todo lo que el cambio climático supondrá para el mercado y la economía?</strong></p>
<p style="text-align:justify;">Creo que dentro del movimiento medioambiental de las grandes organizaciones ecologistas existe un profundo estado de negación. A decir verdad, creo que ha sido mucho más dañino que el negacionismo de la derecha debido a todo el terreno que hemos perdido. Porque nos ha llevado en una dirección que ha dado muy malos resultados. Basta con fijarnos en la trayectoria del protocolo de Kyoto, del mecanismo de desarrollo limpio de las Naciones Unidas o del tratado de emisiones de la Unión Europea. Ya hemos tenido casi una década para evaluar los resultados de estos planes y los datos son desastrosos. No sólo han aumentado las emisiones sino que además hemos visto innumerables casos de fraude, que sólo han servido para alimentar las críticas de la derecha. La derecha se ha opuesto a la fijación de límites máximos e intercambio de los derechos de emisión alegando que nos iban a llevar a la bancarrota, que era un regalo para las corporaciones y que, por cierto, no iba a funcionar. Y tenían razón en todos los sentidos. En lo de la bancarrota, no, pero tenían razón al decir que era un regalo enorme para las corporaciones y que ni siquiera nos iba a acercar a lo que, según los científicos, tendríamos que estar haciendo para bajar el nivel de emisiones. Así que me parece muy importante preguntarse por qué los grupos ecologistas han sido tan reticentes a seguir las indicaciones de la ciencia hasta sus conclusiones lógicas. Creo que científicos como Kevin Anderson, y su colega Alice Bows del <em>Tyndall Centre</em>, han sido los más valientes a la hora de enfrentarse en este sentido, porque no sólo se enfrentan a los grupos verdes, sino que también critican a sus colegas científicos por la manera en la que la ortodoxia de la economía neoliberal ha infiltrado el mundo de la ciencia. Es una lectura aterradora porque llevan más de una década diciendo que el nivel de reducción de emisiones que necesitamos en el mundo desarrollado es incompatible con el crecimiento económico.</p>
<p style="text-align:justify;">Lo que sí sabemos es que el movimiento medioambiental obtuvo una serie de victorias espectaculares a finales de los 60 y en los 70, cuando se redactó todo el marco legal para responder a la contaminación y proteger a las especies animales. Fue una victoria tras otra y tras otra. Y esto se convirtió en lo que después se denominarían las leyes de “Imposición y control”, que decían: &#8220;No podéis hacer eso. Esa sustancia está prohibida o estrictamente regulada”. Era una estrategia de regulación por parte del gobierno. Pero se detuvo en seco con la llegada al poder de Reagan. Reagan, básicamente, le declaró la guerra al movimiento medioambiental, y de manera muy abierta. Ahí es cuando empezamos a oír algunas de las expresiones empleadas habitualmente por los negadores –equiparar la defensa del medio ambiente con el comunismo y ese tipo de cosas. Con la desaparición gradual de la Guerra Fría, la defensa del medio ambiente se convirtió en el siguiente blanco, el siguiente comunismo. En ese momento el movimiento tuvo la opción de responder de dos maneras posibles: podía luchar y defender sus valores para intentar resistir la apisonadora del neoliberalismo incipiente, o podía adaptarse a esa nueva realidad adecuándose al auge del gobierno corporativista. Eligió lo segundo, y de manera muy consciente, como queda patente en lo que decía por esa época Fred Kupp, el presidente de la <em>Enviromental Defense Fund</em> (Fundación de defensa medioambiental).</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>Había que aceptarlo o, al menos, tolerarlo.</strong></p>
<p style="text-align:justify;">Exacto. Ahora sabemos que todo gira en torno a convenios corporativos. Ya no es cuestión de “vamos a demandar a estos cabrones&#8221;, sino de “vamos a colaborar con estos cabrones a través de convenios corporativos&#8221;. Ya no existe un enemigo.</p>
<p style="text-align:justify;">Es más, las grandes empresas se presentan como “la solución”, desempeñan el papel de participantes voluntarios y parte de la solución. Ese es el modelo que ha perdurado hasta nuestros días.</p>
<p style="text-align:justify;">Incluso me remito a casos como la lucha contra NAFTA, el tratado norteamericano de libre comercio. Los grandes grupos medioambientales, con muy pocas excepciones, brindaron su apoyo a NAFTA, a pesar de la sublevación entre sus miembros, y vendieron el tratado al público de forma muy agresiva. Ese es el modelo que se ha globalizado a través de la Organización Mundial del Comercio y que, en muchos sentidos, ha sido responsable de la vertiginosa subida de los niveles de emisiones. Hemos globalizado un modelo económico basado en un hiper-consumismo totalmente insostenible que se está extendiendo con éxito por todo el mundo, y que nos está matando.</p>
<p style="text-align:justify;">Los grupos medioambientales no fueron espectadores pasivos de este proceso. Fueron colaboradores, partícipes voluntarios. No estoy hablando de todos los grupos. No es el caso de <em>Greenpeace</em>, ni de <em>Friends of the Earth</em> ni, en términos generales, del <em>Sierra Club</em>. Tampoco estoy hablando de <em>350.org</em>, porque aún no existía. Pero creo que se remonta a las raíces elitistas del movimiento y al hecho de que, cuando se crearon muchos de estos grupos conservacionistas, la conservación se entendía como una especie de deber burgués. Se fraguó cuando las élites se juntaban para hacer senderismo y después decidían que tenían que salvar la naturaleza. Pero las élites cambiaron. Llegados a ese momento, si el movimiento medioambiental iba tomar la decisión de luchar, tendría que haber renunciado a ese estatus de élite, pero no estaban dispuestos a hacerlo. Creo que es uno de los mayores motivos por los que los niveles de emisiones están donde están hoy en día.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>En la cultura norteamericana, siempre hay un afán de obtener soluciones en las que todos salen ganando. Pero si realmente queremos ver una reducción del 80% en emisiones de dióxido de carbono, alguien va a salir perdiendo. Y entiendo que estás diciendo que a los líderes de los grupos medioambientales le resulta muy difícil mirar a los ojos a sus socios para decirles: &#8220;vais a salir perdiendo&#8221;.</strong></p>
<p style="text-align:justify;">Exacto. Es meterte con el poder. Su estrategia de &#8220;todos salimos ganando&#8221; ha fracasado. En esa idea se basaba el programa de fijación de límites e intercambio de los derechos de emisión. Y ha resultado ser una estrategia fallida y desastrosa. Los grupos verdes no son tan listos como se creen, les han timado a una escala espectacular. Muchos de sus socios tenían un pie en US CAP [Coalición de EE.UU. para la Acción Climática] y el otro en la Cámara de Comercio Estadounidense. Estaban haciendo sus apuestas y, cuando vieron que se podían salir con la suya sin necesidad de legislación alguna, se deshicieron por completo de US CAP.</p>
<p style="text-align:justify;">La expresión &#8220;todos salimos ganando&#8221; es curiosa, porque hay muchos perdedores en esta estrategia. Se sacrifica a mucha gente bajo el lema &#8220;todos salimos ganando&#8221;. En Estados Unidos nos hemos limitado a la lucha por regular los derechos de emisiones y sé que todo el mundo está harto de esa lucha. Creo que sobran las pruebas de que no hemos aprendido las lecciones clave de ese fracaso.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>¿Y cuáles crees que son esas lecciones clave?</strong></p>
<p style="text-align:justify;">Una de ellas es que estaban dispuestos a sacrificar a las comunidades que vivían en los perímetros de las zonas contaminadas, solo por conseguir ese “todos salimos ganando” con los grandes contaminadores que forman parte de esa coalición. Había comunidades en Richmond, California, por ejemplo, que pensarían: “Si luchamos contra el cambio climático, nuestros hijos padecerán menos de asma&#8221;. En esa situación no ganaron todos porque llegaron a un acuerdo que decía: &#8220;Vale, podéis seguir contaminando, pero vais a tener que comprar compensaciones de emisión en otra parte del planeta&#8221;. El beneficio local desaparece, se sacrifica.</p>
<p style="text-align:justify;">A mí me encantaría que todos saliéramos ganando. El libro que estoy escribiendo argumenta que nuestras respuestas ante el cambio climático pueden reconstruir la esfera pública, fortalecer nuestras comunidades y crear empleo digno para todos. Podemos abordar la crisis financiera y la crisis ecológica al mismo tiempo. Lo creo de verdad. Pero considero que solo podremos salir ganando todos mediante coaliciones con las personas, no con las corporaciones. He observado una predisposición a sacrificar los principios básicos de la solidaridad, ya sea en esa comunidad a las afueras de Richmond, California, o en una comunidad indígena en Brasil a la que, como sabemos, obligan a abandonar su territorio porque su jungla se ha convertido en un sumidero de carbón o la han incluído en el programa de compensaciones. Ya no tienen acceso a la jungla que les permitía vivir de manera sostenible, porque está vigilada y porque un grupo conservacionista ha decidido intercambiarla por otra cosa. Estos son los sacrificios que se hacen. En este modelo hay muchos perdedores y ningún ganador, que yo vea.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>Has hablado sobre el Mecanismo de Desarrollo Limpio como una especie de capitalismo del desastre. ¿No crees que la geoingeniería es la máxima expresión del capitalismo del desastre?</strong></p>
<p style="text-align:justify;">De lo que no me cabe duda es de que es la máxima expresión del afán de evitar todo el trabajo duro que supondría reducir las emisiones, y creo que ahí reside su atractivo. Creo que cuanto más imposible resulte negar la existencia del cambio climático, más estrategias como ésta veremos. Mucha gente querrá dar el salto directo a la geoingeniería. El atractivo de la geoingeniería es que no amenaza nuestra visión del mundo. Nos deja en una posición dominante. Nos dice que hay una escotilla de emergencia. Por eso veremos un aumento del tipo de discursos que nos han llevado hasta este punto, en los que nos auto-adulamos por el poder que tenemos.</p>
<p style="text-align:justify;">Nuestra manera de responder ante el cambio climático implica la voluntad de sacrificar a grandes números de personas –ya estamos mostrando una brutalidad frente al cambio climático que me parece espeluznante. Creo que ni siquiera existe el lenguaje apropiado para describir la geoingeniería, porque sabemos perfectamente que esas decisiones permitirán la extinción de culturas y pueblos. Tenemos la capacidad de pararlo y elegimos no hacerlo. Por eso creo que la inmoralidad tan profunda y la violencia que hay detrás de esa decisión no se ve reflejada en el lenguaje que empleamos. Se puede ver en esos congresos sobre el clima, donde los delegados africanos utilizan palabras como &#8220;genocidio&#8221; y los delegados europeos y norteamericanos se muestran muy molestos, muy a la defensiva. Pero lo cierto es que la definición de genocidio de las Naciones Unidas es: el acto deliberado para hacer desaparecer o desplazar a las personas. Lo que están diciendo los delegados que representan el Norte es: “No lo hacemos porque queramos que desaparezcáis, lo hacemos porque, en el fondo, no nos importáis. Mientras podamos continuar con nuestro negocio, nos da igual si desaparecéis o no. Es un efecto secundario de los daños colaterales”. Pero a la gente que se enfrenta a esta desaparición le da igual si se hace con malicia o no porque todavía podríamos impedirlo. Y estamos eligiendo no impedirlo. Creo que una de las crisis que tenemos es una crisis lingüística. No estamos hablando de esto con el lenguaje de urgencia y mortalidad que merece el tema.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>Dices que el discurso progresista es insuficiente. ¿Cuál sería un discurso alternativo para darle la vuelta a la situación?</strong></p>
<p style="text-align:justify;">Bueno creo que el discurso que nos ha llevado a esta situación –y este es, en parte, el motivo por el que vemos un negacionismo tan fuerte sobre el cambio climático en Norteamérica y Australia– tiene bastante que ver con la mentalidad de frontera. Está muy ligado a la idea de que siempre habrá más, de que vivimos en tierras que eran supuestamente inocentes, tierras “que descubrimos” y donde la naturaleza era abundante. Nadie podía imaginarse que se agotarían. Son mitos fundacionales.</p>
<p style="text-align:justify;">Por eso me ha dado muchísima esperanza el surgimiento del movimiento <em>Idle No More</em>, porque me parece que los líderes indígenas están mostrando un espíritu de tremenda generosidad en su afán de educarnos en una narrativa distinta. Acabo de participar en una mesa redonda de <em>Idle No More</em> y yo era la única ponente no indígena. Todos los demás ponentes decían que querían adoptar un rol de liderazgo. Han tardado bastante en llegar a este punto. Estas comunidades han sido víctimas de muchísimos abusos y están muy enfadadas –con razón– con la gente que les robó las tierras. Es la primera vez que he visto esta apertura, una voluntad palpable de aportar algo, de liderar, de modelar otra forma de relacionarse con la tierra. Eso es lo que me está dando muchísima esperanza ahora mismo.</p>
<p style="text-align:justify;"><img class="alignright" alt="http://guerrillatranslation.files.wordpress.com/2013/10/idlenomo.jpg?w=290&#038;h=290" src="http://guerrillatranslation.files.wordpress.com/2013/10/idlenomo.jpg?w=290&#038;h=290" width="290" height="290" />La gente no ha entendido los efectos de <em>Idle No More</em> todavía. Mi marido está filmando un documental que acompañará al libro y, en estos momentos, está rodando en Montana. También hemos estado filmando mucho en la reserva norte de los Cheyenne, porque hay ahí un depósito enorme de carbón, y ya llevan muchos años debatiendo sobre si se extrae el carbón o no. Parecía que al final lo iban a extraer, lo cual va en contra de sus profecías, y les resultaba muy doloroso. Pero ahora hay una generación de jóvenes en la reserva que están empeñados en dejar el carbón en el suelo, y se están formando a sí mismos para subsistir con energía eólica y solar. Todos hablan del movimiento <em>Idle No More</em>. Creo que está pasando algo muy potente. En Canadá tiene una importancia tremenda, como la tiene en toda Norteamérica, debido a las enormes cantidades de energía sin explotar, energía hidrocarburífera que se encuentra en tierras indígenas. Lo mismo podemos decir del petróleo del ártico y, sin duda, de las arenas de alquitrán. Es aplicable a todos los sitios en los que se quieren construir oleoductos. Es aplicable a las explotaciones de gas natural. Es aplicable a los grandes depósitos de carbón en Estados Unidos. Creo que en Canadá nos tomamos los derechos indígenas con más seriedad que en Estados Unidos. Espero que eso cambie.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>Es interesante porque, mientras que algunos de los grupos ecologistas establecidos están encandilados con ideas como los servicios de ecosistema o el capital natural, existe este contradiscurso que viene del Sur global y de las comunidades indígenas. Es como una especie de dialéctica.</strong></p>
<p style="text-align:justify;">Sí, es el contradiscurso, esas son las formas alternativas de ver el mundo que están emergiendo ahora mismo. Hay otra cosa que está pasando –no sé cómo llamarla. Es quizá un movimiento reformista, una rebelión de base. Algo está pasando en el movimiento medioambiental en Estados Unidos y Canadá y, sin lugar a dudas, en el Reino Unido. Tiene que ver con lo que yo llamo &#8220;la visión del mundo del astronauta&#8221; –es decir, observar La Tierra desde el espacio– que se ha impuesto entre los grandes grupos del movimiento medioambiental durante mucho tiempo. Creo que ha llegado la hora de dejar atrás la iconografía del planeta azul porque nos sitúa por encima de todo y nos lleva a ver la naturaleza de una manera muy abstracta, como un gran tablero de ajedrez donde vamos moviendo fichas. Nos ha hecho perder la conexión con la Tierra; la vemos como &#8220;el planeta&#8221; en vez de “la Tierra”.</p>
<p style="text-align:justify;">Creo que esto se ha hecho especialmente patente con el <em>fracking</em>, o fractura hidráulica. Todos los directivos del <em>Sierra Club</em>, del <em>NRDC</em> y del <em>EDF</em> decidieron que esto sería un &#8220;combustible de transición&#8221;. “Hemos hecho los cálculos y vamos a dar nuestro apoyo a esta técnica”, dijeron. Entonces se enfrentaron al rechazo generalizado de sus miembros, sobre todo los del <em>Sierra Club</em>. Y eso les ha llevado a modificar ligeramente su postura. Ha sido porque las bases dijeron: &#8220;Un momento, ¿qué clase de ecologistas somos si no nos preocupamos por el agua o por la industrialización de los paisajes rurales? ¿En qué se ha convertido el ecologismo?&#8221;. Así pues, ha surgido una resistencia, a nivel local y de base, en los movimientos que se oponen al oleoducto <em>Keystone XL</em> y al oleoducto <em>Northern Gateway</em>, o en el enorme movimiento contra el <em>fracking</em>. Ellos son los que están ganando batallas, ¿no te parece?</p>
<p style="text-align:justify;">Creo que los grandes grupos medioambientales se están volviendo totalmente irrelevantes. Algunos reciben muchísimo dinero de corporaciones, fundaciones y donantes ricos, pero todo su modelo está en crisis.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>No quiero acabar con algo tan deprimente.</strong></p>
<p style="text-align:justify;">No estoy segura de que sea tan deprimente.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>Puede que tengas razón.</strong></p>
<p style="text-align:justify;">He de aclarar que estoy expresando mi propia opinión, pero también veo grandes cambios. Creo que el <em>Sierra Club</em> ha experimentado un proceso de reforma. Ahora mismo están en la primera línea de estas luchas. Y creo que muchos de estos grupos están teniendo que escuchar a sus socios. Algunos rechazarán el cambio porque están demasiado atrincherados en su modelo de convenios con grandes empresas, aún tienen demasiados conflictos de interés. Ésos son los grupos que van a sufrir de verdad. Y no pasa nada, en mi opinión. Creo que en estos momentos hay mucha presión en Europa, donde unos 100 grupos de la sociedad civil están presionando a la Unión Europea para que, en vez de intentar arreglar su fallido sistema de compensaciones de carbono, lo abandonen por completo y empiecen a hablar de cómo deshacerse de las emisiones a nivel doméstico y dejar atrás esta estafa. Creo que ese es el momento en el que nos encontramos. No tenemos más tiempo que perder con todos estos juegos de trileros que no dan resultado.</p>
<hr />
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		<title>El fenómeno de los curros inútiles</title>
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		<pubDate>Tue, 24 Sep 2013 11:15:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[guerrillatranslation]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[David Graeber Traducido por Stacco Troncoso, editado por Arianne Sved - Guerrilla Translation! Imagen de Steve Snodgrass Artículo original en Strike! Magazine En el año 1930, John Maynard Keynes pronosticó que, llegados a fin de siglo, la tecnología habría avanzado lo suficiente para que países como Gran Bretaña o Estados Unidos pudieran implementar una semana laboral de [&#8230;]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=guerrillatranslation.com&#038;blog=50078095&#038;post=1869&#038;subd=guerrillatranslation&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<h2><a href="http://wp.me/P3o7Bd-44" target="_blank"><img class="aligncenter" alt="http://guerrillatranslation.files.wordpress.com/2013/09/constructivist-job-illustration-e1379098388568.jpg?w=1018&#038;h=540" src="http://guerrillatranslation.files.wordpress.com/2013/09/constructivist-job-illustration-e1379098388568.jpg?w=1018&#038;h=540" width="1018" height="540" />David Graeber</a></h2>
<ul>
<li>Traducido por Stacco Troncoso, editado por Arianne Sved - <a href="http://guerrillatranslation.com/">Guerrilla Translation!</a> <a href="http://www.flickr.com/photos/stevensnodgrass/3923768114/in/set-72157608330728074" target="_blank">Imagen</a> de <a href="http://www.flickr.com/people/stevensnodgrass/" target="_blank">Steve Snodgrass</a></li>
<li><a title="Permaculture and the Myth of Scarcity" href="http://www.strikemag.org/bullshit-jobs/" target="_blank">Artículo original</a> en <a href="http://www.strikemag.org/" target="_blank">Strike! Magazine</a></li>
</ul>
<div id="lipsum">
<p style="text-align:justify;">En el año 1930, John Maynard Keynes pronosticó que, llegados a fin de siglo, la tecnología habría avanzado lo suficiente para que países como Gran Bretaña o Estados Unidos pudieran implementar una semana laboral de 15 horas. No faltan motivos para creer que tenía razón, dado que nuestra tecnología actual nos lo permitiría. Y sin embargo, no ha ocurrido. De hecho, la tecnología se ha encauzado, en todo caso, para inventar formas de que todos trabajemos más. Para lograrlo se han creado trabajos que, en efecto, no tienen ningún sentido. Enormes cantidades de personas, especialmente en Europa y Estados Unidos, se pasan la totalidad de su vida laboral realizando tareas que, en el fondo, consideran totalmente innecesarias. Es una situación que provoca una herida moral y espiritual muy profunda. Es una cicatriz que marca nuestra alma colectiva. Pero casi nadie habla de ello.</p>
<p style="text-align:justify;">¿Por qué no se ha materializado nunca la utopía prometida por Keynes –una utopía que se seguía anhelando en los sesenta? La explicación más extendida hoy en día es que no supo predecir el aumento masivo del consumismo. Ante la disyuntiva de menos horas o más juguetes y placeres, hemos elegido colectivamente lo segundo. Nos presentan una fábula muy bonita pero, con sólo reflexionar un momento, veremos que no puede ser cierto. Indudablemente, hemos presenciado la creación de un sinfín de nuevos trabajos e industrias desde los años 20, pero muy pocas de ellas tienen que ver con la producción y distribución de sushi, de iPhones o de calzado deportivo de moda.</p>
<p style="text-align:justify;">Entonces, ¿cuáles son exactamente estos nuevos trabajos? Un informe en el que se compara el desempleo de EE.UU. entre 1910 y el 2000 nos da una imagen muy clara (que, recalco, se ve prácticamente reflejada con exactitud en el Reino Unido). Durante el último siglo, ha disminuido drásticamente la cantidad de trabajadores empleados en el servicio doméstico, la industria y el sector  agrario. Simultáneamente, “los puestos profesionales, directivos, administrativos, en ventas y en el sector de servicios” se han triplicado, creciendo “de una cuarta parte a tres cuartas partes de la totalidad de la fuerza laboral”. Es decir, tal y como estaba previsto, muchos trabajos productivos se han automatizado (aunque se tome en cuenta la totalidad de trabajadores industriales del mundo, incluyendo la gran masa de trabajadores explotados de India y China, estos trabajadores ya no representan un porcentaje de la población mundial tan elevado como antaño).</p>
<p style="text-align:justify;">Pero en vez de permitir una reducción masiva del horario laboral de modo que todo el mundo tenga tiempo libre para centrarse en sus propios proyectos, placeres, visiones e ideas, hemos presenciado una dilatación, no tanto del “sector de servicios” como del sector administrativo. Esto incluye la creación de nuevas industrias, como son los servicios financieros o el telemarketing, y la expansión de sectores como el derecho corporativo, la administración de la enseñanza y de la sanidad, los recursos humanos y las relaciones públicas. Estas cifras ni siquiera reflejan a toda las personas que se dedican a proveer apoyo administrativo, técnico o de seguridad para esas industrias, por no mencionar toda la gama de sectores secundarios (cuidadores de perros, repartidores de pizza nocturnos) que tan solo deben su existencia a que el resto de la población pase tantísimo tiempo trabajando en otros sectores.</p>
<p style="text-align:justify;">Estos trabajos son lo que propongo denominar “curros inútiles”.</p>
<p style="text-align:left;">Es como si alguien estuviera inventando trabajos sin sentido solo para tenernos a todos ocupados. Y aquí precisamente es donde reside el misterio. Esto es exactamente lo que no debería ocurrir en el capitalismo. Es cierto que en los antiguos e ineficientes estados socialistas como la Unión Soviética, donde el empleo era considerado tanto un derecho como una obligación sagrada, el sistema creaba todos los empleos que hicieran falta (éste es el motivo por el que en las tiendas soviéticas “se necesitaban” tres tenderos para vender un solo filete). Pero claro, se supone que este tipo de problemas se arregla con la competitividad de los mercados. Según la teoría económica dominante, derrochar dinero en puestos de trabajo innecesarios es lo que menos interesa a una compañía con ánimo de lucro. Y aún así, no se sabe muy bien por qué, pero ocurre.</p>
<p style="text-align:justify;">Aunque muchas empresas se dediquen a recortar sus plantillas despiadadamente, estos despidos, y el correspondiente aumento de responsabilidades para los que permanecen, invariablemente recaen sobre quienes se dedican a fabricar, transportar, reparar y mantener las cosas. Debido a una extraña metamorfosis que nadie es capaz de explicar, la cantidad de administrativos asalariados parece seguir en expansión. El resultado, y esto ocurría también con los trabajadores soviéticos, es que cada vez hay más empleados que teóricamente trabajan 40 o 50 horas semanales pero que, en la práctica, solo trabajan esas 15 horas que predijo Keynes porque pasan el resto de su jornada organizando o atendiendo talleres motivacionales, actualizando sus perfiles de Facebook o descargándose temporadas completas de series de televisión.</p>
<p style="text-align:justify;">Evidentemente, la respuesta no es económica sino moral y política. La clase dirigente se ha dado cuenta de que una población productiva, feliz y con abundante tiempo libre representa un peligro mortal (recordemos lo que empezó a pasar la primera vez que hubo siquiera una aproximación a algo así, en los años sesenta). Por otra parte, la noción de que el trabajo es una virtud moral en sí mismo y que todo aquel que no esté dispuesto a someterse a una disciplina laboral intensa durante la mayor parte de su vida no merece nada, les resulta de lo más conveniente.</p>
<p style="text-align:justify;">En cierta ocasión, al observar el aumento aparentemente ilimitado de las responsabilidades administrativas en las instituciones académicas británicas, me imaginé una posible visión del infierno. El infierno es un grupo de individuos que pasan la mayor parte de su tiempo desempeñando tareas que ni les gustan, ni se les dan especialmente bien. Imaginemos que se contrata a unos ebanistas altamente cualificados y que éstos, de repente, descubren que su trabajo consistirá en pasarse gran parte de la jornada friendo pescado. Es más, se trata de un trabajo innecesario –solo hay una cantidad muy limitada de pescados que freír. Aun así, todos se vuelven tan obsesivamente resentidos ante la sospecha de que algunos de sus compañeros pasan más tiempo tallando madera que cumpliendo con sus responsabilidades como freidores de pescado, que pronto nos encontramos con montañas de pescado mal cocinado desperdigado por todo el taller, y acaban dedicándose a eso exclusivamente.</p>
<p style="text-align:justify;">Creo que es una descripción bastante acertada de la dinámica moral de nuestra propia economía.</p>
<p style="text-align:justify;">Soy consciente de que argumentos como éste se toparán con objeciones inmediatas: “¿Quién eres tú para determinar qué trabajos son ‘necesarios’? ¿Qué es necesario, a todo esto? Eres profesor de antropología, explícame qué necesidad hay de eso.” (De hecho, muchos lectores de prensa-basura valorarían mi trabajo como la definición por excelencia de una inversión social desperdiciada.) Y, en cierto sentido, esto es indudablemente cierto. No hay forma objetiva de medir el valor social.</p>
<p style="text-align:justify;">No me atrevería a decirle a una persona que está convencida de aportar algo importante a la humanidad que, en realidad, está equivocada. Pero, ¿qué pasa con quienes tienen la certeza de que sus trabajos no sirven de nada? Hace poco retomé el contacto con un amigo de la escuela que no veía desde que teníamos 12 años. Me quedé atónito al descubrir que, primero, se había hecho poeta y, más adelante, fue el vocalista de un grupo de rock indie. Incluso había escuchado algunos de sus temas en la radio sin tener ni idea de que el cantante era mi amigo de la infancia. No cabe duda de que era una persona innovadora y genial, y que su trabajo había mejorado y alegrado la vida de muchas personas alrededor del planeta. Pero, tras un par de discos fracasados, perdió su contrato discográfico y, con la presión añadida de numerosas deudas y una hija recién nacida, acabó, tal y como él lo describió, “eligiendo la opción que, por defecto, eligen muchas personas sin rumbo: matricularse en derecho”. Ahora es abogado mercantil para un prestigioso bufete neoyorquino. Mi amigo no titubeó en admitir que su trabajo carecía de valor alguno, que no contribuía nada al mundo y que, según su criterio, ni siquiera tendría que existir.</p>
<p style="text-align:justify;">Llegados aquí, podemos plantearnos una serie de preguntas. La primera sería: ¿qué dice esto de nuestra sociedad, que parece generar una demanda extremadamente reducida de poetas y músicos talentosos, pero una demanda aparentemente infinita de especialistas en derecho empresarial? (Respuesta: si un 1% de la población controla el grueso de las rentas disponibles, el denominado “mercado” reflejará lo que ellos, y nadie más que ellos, perciben como útil o importante). Es más, esto demuestra que la gran mayoría de estos empleados son conscientes de ello en realidad. De hecho, creo que jamás he conocido a un abogado mercantil que no pensara que su trabajo era una sandez. Podríamos decir lo mismo de casi todos los sectores nuevos mencionados anteriormente. Existe toda una clase de profesionales asalariados que, al toparte con ellos en una fiesta y confesarles que te dedicas a algo que podría considerarse interesante (como, por ejemplo, la antropología) evitan hablar de su profesión a toda costa. Pero después de unas cuantas copas, te sueltan toda una diatriba sobre la inutilidad y estupidez de su trabajo.</p>
<p style="text-align:justify;">Aquí contemplamos una profunda violencia psicológica. ¿Cómo vamos a plantearnos una discusión seria sobre la dignidad laboral cuando hay tanta gente que, en el fondo, cree que su trabajo ni siquiera debería existir? Inevitablemente, esto da lugar al resentimiento y a una rabia muy profunda. El peculiar ingenio de esta sociedad reside en el hecho de que nuestros dirigentes han hallado la manera –como en el ejemplo de los freidores de pescado– de que esa rabia se dirija precisamente en contra de quienes desempeñan tareas provechosas. Por ejemplo, parece que existe una regla general que dictamina que, cuanto más claramente beneficioso para los demás es un trabajo, peor se remunera. De nuevo, es muy difícil dar con una evaluación objetiva, pero una forma fácil de hacernos una idea sería preguntando: ¿qué pasaría si todos estos sectores laborales desaparecieran sin más? Se diga lo que se diga de las enfermeras, los basureros o los mecánicos, es evidente que si se esfumaran en una nube de humo, los resultados serían inmediatos y catastróficos. Un mundo sin profesores o trabajadores portuarios no tardaría en encontrarse en apuros, e incluso un mundo sin escritores de ciencia ficción o músicos de Ska sería, sin duda, un mundo peor. No está del todo claro cuánto sufriría la humanidad si todos los inversores de capital privado, grupos de presión parlamentaria, investigadores de relaciones públicas, actuarios, vendedores telefónicos, alguaciles o asesores legales se esfumaran de golpe. (Hay quien sospecha que todo mejoraría notablemente). No obstante, exceptuando algunos ejemplos bastante manidos, como el de los médicos, dicha “regla” se cumple con sorprendente frecuencia.</p>
<p style="text-align:justify;">Aún más perversa es la noción generalizada de que así es como deben ser las cosas. Este es uno de los secretos del éxito del populismo de derecha. Podemos comprobarlo cuando la prensa sensacionalista suscita el recelo contra los trabajadores del metro londinense por paralizar el servicio durante una disputa contractual. El solo hecho de que los trabajadores de metro pueden paralizar todo Londres demuestra la necesidad de la labor que desempeñan, pero es precisamente esto lo que parece incordiar tanto a la gente. En Estados Unidos van aún más lejos; los Republicanos han tenido mucho éxito propagando el resentimiento hacia los profesores o los obreros del sector automovilístico al llamar la atención sobre sus salarios y prestaciones sociales supuestamente excesivos (y no hacia los administradores de las escuelas o los directivos de la industria automovilística, que son quienes causan los problemas, lo cual es significativo). Es como si les estuvieran diciendo “¡Pero si tenéis la suerte de enseñar a niños! ¡O de fabricar coches! ¡Hacéis trabajos de verdad! Y, por si fuera poco, ¡tenéis la desfachatez de reclamar pensiones y atención sanitaria equivalentes a las de la clase media!”.</p>
<p style="text-align:justify;">Si alguien hubiera diseñado un régimen laboral con el fin exclusivo de mantener los privilegios del mundo de las finanzas, difícilmente podría haberlo hecho mejor. Los verdaderos trabajadores productivos sufren una explotación y una precariedad constantes. El resto se reparte entre el estrato aterrorizado y universalmente denigrado de los desempleados y esa otra capa más grande que básicamente recibe un salario a cambio de no hacer nada en puestos diseñados para que se identifiquen con la sensibilidad y la perspectiva de la clase dirigente (directivos, administradores, etc.) –y en particular, de sus avatares financieros– pero que, a la vez, fomentan el creciente resentimiento hacia cualquiera que desempeñe un trabajo de indiscutible valor social. Evidentemente, este sistema no es fruto de un plan intencionado sino que emergió como resultado de casi un siglo de ensayo y error. Pero es la única explicación posible de por qué, a pesar de nuestra capacidad tecnológica, no se ha implantado la jornada laboral de tres o cuatro horas.</p>
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		<title>El cínico y el constructor de barcas</title>
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		<pubDate>Tue, 10 Sep 2013 10:04:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[guerrillatranslation]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Charles Eisenstein]]></category>
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		<description><![CDATA[Charles Eisenstein Traducido por Javier Hurtado, editado por Joan Quesada Navidad &#8211; Guerrilla Translation! Imágenes de Carlos A. Martínez Artículo original Hace unos días estaba en Estocolmo, paseando por la orilla, cuando se acercó un jovenzuelo irlandés y me llamó por mi nombre. No es algo que me pase a menudo —parece que el muchacho [&#8230;]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=guerrillatranslation.com&#038;blog=50078095&#038;post=1831&#038;subd=guerrillatranslation&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<h2><img class="aligncenter" style="font-size:1.5em;line-height:19px;" alt="" src="http://guerrillatranslation.files.wordpress.com/2013/08/cynicc-cover1-e1377630586193.jpg?w=900&#038;h=531" width="900" height="531" /><a href="http://wp.me/P3o7Bd-40" target="_blank">Charles Eisenstein</a></h2>
<p><em>Traducido por Javier Hurtado, editado por Joan Quesada Navidad &#8211; <a href="http://guerrillatranslation.com/" target="_blank">Guerrilla Translation</a>! Imágenes de <a href="http://www.flickr.com/photos/kumanday/" target="_blank">Carlos A. Martínez</a></em></p>
<ul>
<li><em><a href="http://www.realitysandwich.com/cynic_and_boatbuilder" target="_blank">Artículo original</a></em></li>
</ul>
<p dir="ltr" style="text-align:justify;">Hace unos días estaba en Estocolmo, paseando por la orilla, cuando se acercó un jovenzuelo irlandés y me llamó por mi nombre. No es algo que me pase a menudo —parece que el muchacho forma parte del pequeño grupo de la humanidad que ha leído mi libro Sacred Economics [Economía Sagrada]—, así que me tomé esta coincidencia como señal de que debía detenerme y conversar con él.</p>
<p dir="ltr" style="text-align:justify;">Resultó que estaba en Suecia para participar en un programa de dos años de construcción de barcas, aprendiendo técnicas tradicionales para construir pequeñas barcas artesanalmente. Su historia me inspiró de varias formas. En primer lugar, ahí estaba una persona joven e inteligente, comprometida con un trabajo que no ofrece posibilidad alguna de estatus social o riqueza. En segundo lugar, no sólo estaba profundamente entregado a su propia destreza, sino también a la idea de acercar su práctica a otros jóvenes irlandeses a través de una organización que él mismo había cofundado: La Asociación para la Construcción de Barcas Tradicionales Nórdico-Irlandesas. En tercer lugar, cuando me presentó al resto del equipo y me enseñó las barcas que estaban creando, quedé fascinado por el meticuloso trabajo artesanal y la vitalidad de las barcas, que ejemplificaban el «nuevo materialismo» que forma parte de la resacralización del mundo material.</p>
<p dir="ltr" style="text-align:justify;"> Cuando me marché 15 minutos más tarde, me sentía realmente esperanzado y optimista sobre el estado de la humanidad.</p>
<p dir="ltr" style="text-align:justify;"> ¿Qué me había hecho sentir de manera tan positiva?</p>
<p dir="ltr" style="text-align:justify;">¿Qué tiene de bueno que renazca la construcción tradicional de barcas en un contexto de cambio climático, fracking, residuos nucleares, destrucción de los bosques, neoliberalismo, estados obsesionados por la seguridad, hambruna infantil, tráfico de seres humanos, talleres de explotación laboral, encarcelamiento juvenil y el resto de horrores que se extienden por nuestro planeta?</p>
<p dir="ltr" style="text-align:justify;">¿Por qué sentía ese optimismo? Aquí va una teoría: el sentimiento me nubló la razón. En un momento de descuido, me dejé engatusar por una pequeña flor que brotaba del vasto vertedero tóxico de nuestra sociedad. Un destello de belleza me distrajo de la fealdad para proporcionarme una gratificante excursión emocional fuera de la lógica irrefutable de la desesperanza. Como sucede con cualquier buena noticia, aquel encuentro me dio falsas esperanzas al sugerir que las cosas no están tan mal después de todo. Y eso, en teoría, es peligroso, porque solo si somos sobriamente conscientes del atroz aprieto en que nos encontramos, seremos capaces de responder apropiadamente, en lugar de fingir despreocupadamente que todo va bien.</p>
<p dir="ltr" style="text-align:justify;">Pensemos ahora en una teoría alternativa: el constructor de barcas me dio esperanzas porque forma parte de un cambio masivo de valores que se está produciendo bajo de la superficie de la normalidad. No es una excepción; es más bien una persona aventajada dentro de un extenso movimiento. Aunque su vocación no supone un desafío directo al poder establecido, la redirección de su energía vital ayuda a crear una especie de camino o patrón para que otros hagan lo mismo. Su ejemplo anima a otras formas de no-participación. Cuando uno de nosotros conoce a otra persona que también rechaza las normas y valores dominantes, se siente menos loco por hacerlo. Cualquier acto de rebelión o de no-participación, aún a muy pequeña escala, es por lo tanto un acto político. Construir barcas artesanalmente es un acto político. Eso no quiere decir que el sector bancario, Monsanto, el complejo militar-industrial, etc. vayan a cambiar sus formas de operar como por arte de magia, solo porque fuéramos cada vez más los que nos dedicáramos a construir barcas. Quiere decir que la construcción de barcas y otras formas de provocar cambios provienen del mismo sitio.</p>
<p dir="ltr" style="text-align:justify;">El constructor de barcas no eligió ese camino porque pensara que así cambiaría el mundo. Si condicionamos las decisiones al poder práctico que estas poseen para cambiar el mundo, a menudo nos quedamos paralizados, porque los cambios que habría que hacer hoy mismo son tan enormes que no tenemos ni idea de cómo llevarlos a la práctica efectivamente. Todo plan es inviable y toda esperanza es ingenua.</p>
<p dir="ltr" style="text-align:justify;">El cínico se cree que es una persona práctica, y que el idealista no lo es. En realidad es al revés. El cinismo es paralizante, mientras que la gente inocente intenta llevar a cabo lo que el cínico dice ser imposible, y a veces lo logra.</p>
<p dir="ltr" style="text-align:justify;">Paradójicamente, el mundo cambiará gracias a esos miles de millones de actos inútiles. Debemos obedecer una lógica distinta de aquella que nos hace preguntar: «En el gran orden de cosas, ¿causará esto alguna diferencia?» En el gran orden, por ejemplo, del cambio climático, ni siquiera las acciones que se llevan a cabo para reducir las emisiones de CO2 nos llevarán a ningún lugar. Si vas en bici y reduces la contaminación, ¿de qué sirve eso cuando miles de millones de personas que «no entienden lo que está pasando» continúan sin cambiar de hábitos? Así pues, hay quien dice que, en lugar de montar en bici uno mismo, lo único que merece la pena es intentar convencer a millones de personas para que usen la bici, o presionar como <em>lobby</em> para cambiar las políticas gubernamentales. Sin embargo, por esta regla de tres, nadie empezaría a ir en bici. Necesitamos otra razón, una razón no-instrumental, para hacer cosas de esta manera. Lo que quiero decir es que necesitamos una razón que no dependa del resultado final previsto según la forma habitual de entender las relaciones causa-efecto.</p>
<p dir="ltr" style="text-align:justify;">Con esto no quiero decir que no debamos intentar cambiar mentes y sistemas. Es solo que con eso no basta, y tampoco está hecho para todo el mundo. Debemos ser conscientes también del poder de las pequeñas elecciones invisibles..</p>
<p dir="ltr" style="text-align:justify;">Mientras me alejaba del constructor de barcas, pensaba: «No puedo permitirme vivir en un mundo donde lo que esta persona hace no tiene ninguna importancia». En nuestra visión del mundo, casi todas nuestras pequeñas decisiones personales resultan intrascendentes. Pero, al tomarlas, no nos sentimos así . ¿Vamos a ignorar ese sentimiento de lo que es importante aquí y ahora, en favor de otros medios de tomar decisiones basados en un cálculo racional de los efectos finales?</p>
<p dir="ltr" style="text-align:justify;">Quizás esa mentalidad sea la raíz de nuestros problemas. Para empezar, es la mentalidad del dinero: en nombre de una cifra que representa un fin, desviamos tiempo y recursos de las cosas que nos importan de verdad. Los estudiantes lo hacen constantemente cuando eligen una carrera «práctica» en lugar de estudiar lo que realmente les importa (o dejar la escuela para dedicarse a lo que les apasiona). Es también por esa mentalidad por lo que procuramos volvernos insensibles y sacrificamos ese árbol, ese bosque, ese animal o ese ser humano que se interponen en la vía del progreso.</p>
<p dir="ltr" style="text-align:justify;">Cuando dejamos de hacerlo y nos fijamos en lo que tenemos ante nuestras narices, a veces nos parece irracional. ¿Cómo es eso conciliable con la importancia que atribuimos a nuestras pequeñas decisiones?</p>
<p dir="ltr" style="text-align:justify;"><img class="alignleft" alt="Optimism Cynic" src="http://guerrillatranslation.files.wordpress.com/2013/08/optimism-cynic.jpg?w=410&#038;h=540" width="410" height="540" />La aparente irracionalidad de esas pequeñas acciones llenas de belleza y de servicio a los demás proviene del hecho de hallarnos inmersos en una visión del mundo que define lo que es racional, práctico y lógico. Básicamente, esta da a entender que cada uno de nosotros es un yo separado en un universo externo y objetivo sometido a diversas fuerzas. Dada la relativa debilidad de nuestra propia fuerza, en ese universo externo, nada cuanto hagamos importa demasiado. Pero esa forma de ver el mundo está quedando obsoleta. Cuando, por el contrario, nos vemos a nosotros mismos como seres inseparablemente conectados con todo lo que es, cuando consideramos que nuestro yo y el mundo son espejos inseparables el uno del otro, entonces la sensación de que nuestros actos personales poseen un significado cósmico deja de ser irracional. Eso confiere cierta lógica a la creencia de que cuando algo cambia, todo cambia. Y eso confirma la idea de que el constructor de barcas está creando un camino, un patrón, para que otros también cambien.</p>
<p dir="ltr" style="text-align:justify;"> Aunque podría ofrecer muchos más ejemplos que sugieren que las acciones individuales inciden sobre el mundo de formas que suponen un desafío a la manera habitual de entender la causalidad, y aunque podría citar también algunos cambios de paradigmas científicos que parecen invalidar esa radical distinción entre el yo y los otros con que operamos, estos tampoco  ofrecen ninguna certeza ni existen pruebas al respecto. El cínico puede seguir argumentando que no tiene ninguna importancia ni va a servir de nada. Probablemente ya habrás tenido alguna discusión con cínicos así, con ese tipo de realistas que pretenden razonar la imposibilidad práctica de ciertas ideas. Quizás hayas discutido también con el propio cínico que llevas dentro, que te dice lo mismo sobre cualquier cambio que pretendas introducir en tu vida. Bien, todos esos cínicos tienen razón. Desde dentro de los límites de su explicación del mundo, es improbable que funcione. Tendría que ocurrir una especie de milagro, como por ejemplo; que la persona adecuada intervenga desinteresadamente para ayudar en el momento oportuno, o que alguien cambie de opinión y actúe en contra de su propio interés racional.</p>
<p dir="ltr" style="text-align:justify;">Si queremos que el planeta sea habitable dentro de 50 años, tendrán que pasar cosas así de forma masiva.</p>
<p dir="ltr" id="docs-internal-guid-5f03a8a9-e01d-0206-9a66-cc4643d5d9c2" style="text-align:justify;">En ausencia de certezas o pruebas, ¿cómo podemos derrotar al cinismo (ya sea interior o exterior)? No podemos. Podemos, sin embargo, tratar la herida que genera. El cinismo protege la herida del idealismo frustrado y la esperanza traicionada. Cualquier cosa que vuelva a despertar esa ingenua creencia de que un mundo más bonito es posible genera, junto a un inspirador sentimiento de esperanza, grandes cantidades de miedo, pena y dolor. Tenemos miedo de sentirnos decepcionados de nuevo. Es más seguro no creer, más seguro desestimarlo como idealista, impráctico o imposible. De ese dolor proviene el escarnio que normalmente acompaña al escepticismo. Puede que ése sea el motivo por el que las teorías científicas heterodoxas, o los fenómenos que sugieren que hay orden, inteligencia y propósito en el universo más allá de nosotros mismos, atraen tantas críticas agresivas.</p>
<p dir="ltr" style="text-align:justify;">Vamos a hacer un pequeño experimento. Repite la frase “Eisenstein es un auténtico ingenuo” en tu cabeza varias veces, y déjate llevar por ese planteamiento crítico y sentencioso. ¿Cuál es la mezcla de sentimientos que le acompaña? Puede que sientas cierta gratificación. No hay quien te tome el pelo. Eres práctico, racional, inteligente. No te vas a dejar engatusar por emociones ingenuas para creer en algo. ¿Qué dolor cubren esos sentimientos y juicios? ¿Qué te duele?</p>
<p dir="ltr" style="text-align:justify;">Solo cuando nos enfrentemos y curemos esa herida que hay por debajo, podremos alzarnos en nuestra capacidad como agentes del cambio. Solo entonces seremos verdaderamente capaces de creer en aquello que queremos crear, y nos entregaremos por completo a la creación de ese mundo más bonito que nuestro corazón nos dice que es posible. El cinismo, la tristeza, la desesperación no son obstáculos a superar.</p>
<hr id="docs-internal-guid-328759df-e595-2228-197a-2785c9a622c0" />
<p><em>Esta traducción también ha aparecido en:</em></p>
<ul>
<li><a href="https://www.adbusters.org/category/tags/spanish-translation" target="_blank"><i>Adbusters en Español</i></a></li>
<li><a href="http://charleseisenstein.net/cynic-the-boatbuilder-spanish/" target="_blank"><em>La página web de Charles Eisenstein</em></a></li>
</ul>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/guerrillatranslation.wordpress.com/1831/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/guerrillatranslation.wordpress.com/1831/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=guerrillatranslation.com&#038;blog=50078095&#038;post=1831&#038;subd=guerrillatranslation&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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		<title>Sé apocalíptico: Por qué lo radical se ha vuelto normal</title>
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		<pubDate>Wed, 04 Sep 2013 12:13:05 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Robert Jensen Traducido por Stacco Troncoso, editado por Arianne Sved - Guerrilla Translation! Image by Daniel Proulx Artículo original ¿Sientes ansiedad vital en esta sociedad destrozada, en este planeta saturado? No es de extrañar. La vida, tal y como la concebíamos, está a punto de desaparecer. Mientras que la cultura dominante impulsa la negación disfuncional −tómate una [&#8230;]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=guerrillatranslation.com&#038;blog=50078095&#038;post=1774&#038;subd=guerrillatranslation&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<h2><a href="http://guerrillatranslation.files.wordpress.com/2013/09/apocalove.jpg"><img class=" wp-image-1778 aligncenter" alt="Apocalove" src="http://guerrillatranslation.files.wordpress.com/2013/09/apocalove.jpg?w=940&#038;h=701" width="940" height="701" /></a><a href="http://wp.me/P3o7Bd-sp" target="_blank">Robert Jensen</a></h2>
<p><em>Traducido por Stacco Troncoso, editado por Arianne Sved - <a href="http://guerrillatranslation.com/http://guerrillatranslation.com/" target="_blank">Guerrilla Translation!</a> <a href="http://www.flickr.com/photos/46859071@N00/3935689149/in/photolist-6ZMrgt-6ZMsCD-7bZbun-7deBJD-9EEBdq-9EEzNL-8g2NKN-8avPSD-bZupzq-ewJTgA-83TBB4-dMkCie-dMrdxC-9EBB8V" target="_blank">Image</a> by <a href="http://danielproulx.blogspot.com.es/" target="_blank">Daniel Proulx</a></em></p>
<p><a href="http://www.yesmagazine.org/issues/love-and-the-apocalypse/radical-is-the-new-normal" target="_blank">Artículo original</a></p>
<p style="text-align:justify;">¿Sientes ansiedad vital en esta sociedad destrozada, en este planeta saturado? No es de extrañar. La vida, tal y como la concebíamos, está a punto de desaparecer. Mientras que la cultura dominante impulsa la negación disfuncional −tómate una pastilla, vete de compras, encuentra la felicidad− existe una estrategia más sensata: acepta la ansiedad, asume la angustia profunda, y ponte apocalíptico.</p>
<p style="text-align:justify;">Nos hallamos ante una cascada de múltiples crisis ecológicas. Lidiamos con instituciones políticas y económicas incapaces de asumir, y mucho menos solucionar, estas amenazas a la familia humana y al mundo natural en su conjunto. Estamos intensificando un asalto sobre los ecosistemas de los que dependemos, mermando la capacidad del mundo natural para sustentar una presencia humana a gran escala en el futuro. Cuando el mundo se oscurece, fijarse en el lado bueno deja de ser virtud para convertirse en señal de irracionalidad.</p>
<p style="text-align:justify;">En semejantes circunstancias, la ansiedad se vuelve racional y la angustia sana. Ya no son señales de debilidad sino de valentía. El dolor profundo por lo que estamos perdiendo −y lo que ya hemos perdido, y quizá jamás recuperemos− es apropiado. En vez de reprimir estas emociones, podemos confrontarlas, no como individuos aislados sino colectivamente, y no sólo por el bien de nuestra salud mental, sino para incrementar la  eficacia de nuestra organización a favor de la justicia social y la sostenibilidad ecológica que aún esté a nuestro alcance. Una vez procesadas estas reacciones, podemos volvernos apocalípticos y empezar el trabajo de verdad.</p>
<p style="text-align:justify;">Puede sonar extraño, dado que normalmente se nos recomienda superar nuestros miedos y no ceder a la desesperación. Defender el apocalipticismo puede resultar aún más raro, debido a su asociación con reaccionarios religiosos que se preparan para “el fin de los tiempos” o con pesimistas laicos obsesionados con la supervivencia. Las personas con sensibilidad crítica, los que nos preocupamos por la justicia y la sostenibilidad, nos vemos como realistas y menos propensos a caer en fantasías teológicas o de ciencia ficción.</p>
<p style="text-align:justify;">Muchos asocian la “apocalipsis” con los delirios de rapto derivados de ciertas interpretaciones del Libro de las Revelaciones cristiano (o el Apocalipsis de Juan), pero conviene recordar que el significado original de la palabra no es “fin del mundo”. El significado tanto de “revelación”, del latín, como de “apocalipsis”, del griego, alude al levantamiento del velo, la divulgación de lo oculto y la llegada de la claridad. En este contexto, hablar apocalípticamente puede ahondar en nuestra comprensión de las crisis y ayudarnos a ver a través de la maraña de ilusiones tejida por las personas e instituciones del poder.</p>
<p style="text-align:justify;">Pero hay un final que tenemos que afrontar. Una vez que nos hayamos enfrentado honestamente a las crisis, podremos ocuparnos de aquéllo que está acabando, que no es el mundo entero sino los sistemas que estructuran nuestras vidas en la actualidad. La vida tal y como la conocemos está, indudablemente, llegando a su final.</p>
<p style="text-align:justify;"><b>Empecemos con las ilusiones: </b>Algunas de las historias que nos hemos contado −afirmaciones provenientes de personas blancas, hombres, o ciudadanos estadounidenses que ven la dominación como algo natural y apropiado− son relativamente fáciles de desmentir (aunque aún son muchos los que se aferran a ellas). Otras aseveraciones delirantes, como la aserción de que el capitalismo es compatible con los principios morales básicos, una democracia sólida y la sostenibilidad ecológica, son más difíciles de desmontar (tal vez porque no parece haber alternativa).</p>
<p style="text-align:justify;">Pero quizás la más difícil de desbancar sea la creencia central de la economía extractiva del mundo industrial: que somos capaces de sostener una presencia humana a gran escala indefinidamente manteniendo los niveles actuales de consumo del Primer Mundo. El cometido de aquéllos con sensibilidad social no es sólo resistirse a normas sociales opresivas y a la autoridad ilegítima, sino proclamar una simple verdad que casi nadie quiere admitir: la vida de alta energía/alta tecnología de las sociedades pudientes supone un callejón sin salida. No podemos predecir con precisión los efectos de la competición por recursos o de la degradación ecológica en las décadas venideras, pero tratar al planeta como una mera mina de la que extraemos y un vertedero al que tirar después los desechos es puro ecocidio.</p>
<p style="text-align:justify;">No podemos saber con certeza cuándo va a acabar la fiesta, pero la fiesta se ha acabado.</p>
<p style="text-align:justify;">¿Parece histriónico? ¿Excesivamente alarmista? Fijémonos en cualquier indicador decisivo sobre la salud de la ecosfera que habitamos −agotamiento de aguas subterráneas, pérdida de suelo fértil, contaminación química, incremento de la toxicidad en nuestros propios cuerpos, la cantidad y extensión de “zonas muertas” en los océanos, la aceleración en la extinción de las especies y la reducción de la biodiversidad− y planteémonos una sencilla pregunta: ¿Hacia dónde nos dirigimos?</p>
<p style="text-align:justify;">Tampoco olvidemos que vivimos en un mundo basado en el petróleo que está agotando rápidamente todo el petróleo barato y fácilmente accesible, lo cual significa que nos enfrentamos a una reconfiguración a gran escala de las infraestructuras que soportan nuestra vida cotidiana. Mientras tanto, la desesperación por evitar tal reconfiguración nos ha llevado a una era de “energía extrema” y a la utilización de tecnologías cada vez más peligrosas y destructivas (fracturación hidráulica, extracción en aguas profundas, minería de extracción de cimas de montaña, extracción en arenas de alquitrán).</p>
<p style="text-align:justify;">Ah, ¿se me ha pasado mencionar la indiscutible progresión del calentamiento global/cambio climático/perturbación climática?</p>
<p style="text-align:justify;">Vivimos en una época en la que los científicos hablan de momentos críticos y de fronteras planetarias, sobre cómo la actividad humana está lastrando la Tierra más allá de su capacidad. Hace poco, 22 científicos de prestigio advirtieron que es probable que los humanos estemos forzando una transición crítica y a escala planetaria “con el riesgo de una rápida e irreversible transformación de la Tierra hasta llegar a un estado desconocido en la experiencia humana”, y eso significa que “los recursos biológicos que ahora damos por sentados pueden verse sujetos a transformaciones rápidas e imprevisibles en cuestión de unas pocas generaciones humanas”.</p>
<p style="text-align:justify;">Tal conclusión se deriva de la ciencia y del sentido común, no de creencias sobrenaturales ni de teorías conspiratorias. Las implicaciones sociopolíticas son evidentes: no habrá solución a nuestros problemas mientras insistamos en salvaguardar el estilo de vida de alta energía/alta tecnología predominante en gran parte del mundo industrializado (y que anhelan muchos de los que, en estos momentos, se ven privados del mismo). Hay mucha gente dura de pelar que, aun estando dispuesta a cuestionar otros sistemas opresivos, se agarra férreamente a esta forma de vivir. El crítico Frederic Jameson ha escrito: “Es más fácil imaginar el fin del mundo que imaginar el fin del capitalismo”, pero eso sólo es parte del problema. Para algunos es más fácil imaginarse el fin del mundo que el fin del aire acondicionado.</p>
<p style="text-align:justify;"><b>Es cierto, vivimos en una especie de fin de los tiempos. </b>No es el fin del mundo −el planeta seguirá existiendo con o sin nosotros− sino el fin de los sistemas humanos que estructuran nuestra política, economía y vida social. “Apocalipsis” no tiene porqué implicar fantasías de rescate celestial ni el culto a la supervivencia del más fuerte; ser apocalíptico significa ver las cosas claras y comprometernos a recuperar los valores fundamentales.</p>
<p style="text-align:justify;">En primer lugar, debemos reiterar el valor de nuestro trabajo en pro de la justicia y la sostenibilidad, aun sin la garantía de poder cambiar la trayectoria desastrosa de la sociedad contemporánea. Asumimos proyectos, incluso sabiendo que pueden fracasar, porque es lo correcto y, al asumirlos, creamos nuevas oportunidades tanto para nosotros mismos como para el mundo. Al igual que, aun siendo conscientes de que todos moriremos algún día, seguimos levantándonos cada mañana, una evaluación honesta de la realidad planetaria no tiene porqué paralizarnos.</p>
<p style="text-align:justify;">Así pues, abandonemos tópicos tan sobados como: “El pueblo americano hará lo correcto si conoce la verdad” o “Los movimientos sociales del pasado demuestran que nada es imposible”.</p>
<p style="text-align:justify;">No hay ninguna evidencia de que ser conscientes de una injusticia incite automáticamente a la ciudadanía estadounidense, o a cualquier otra, a corregirla. Cuando las personas creen que la injusticia es un mal necesario para mantener su comodidad material, algunas aceptan esas condiciones sin rechistar.</p>
<p style="text-align:justify;">Los movimientos sociales centrados en temas raciales, de género y de orientación sexual han conseguido cambiar leyes y prácticas opresivas y, en menor grado, alterar creencias arraigadas. Pero los movimientos que celebramos más a menudo, como la lucha por los derechos civiles tras la Segunda Guerra Mundial, operaban dentro de una cultura que daba por garantizada la continuidad de la expansión económica. Ahora vivimos en una era de contracción permanente −cada vez habrá menos de todo, no más. Presionar a un grupo dominante a renunciar a ciertos privilegios cuando hay expectativas de abundancia ilimitada para todos es un proyecto muy distinto a hacerlo cuando hay una intensa competencia por acumular recursos. Esto no presupone que seamos incapaces de avanzar en nuestro afán de justicia y sostenibilidad, pero tampoco debemos caer en el simplismo de creer en su inevitabilidad.</p>
<p style="text-align:justify;">Otro tópico a desechar: La necesidad es la madre de la invención. Durante la edad industrial, y gracias a la explotación de nuevos suministros de energía concentrada, la humanidad ha generado una cantidad inaudita de innovación tecnológica, y en poco tiempo. Pero esto no es garantía de que exista una solución tecnológica para cada uno de nuestros problemas; vivimos en un sistema con límites físicos y toda la evidencia apunta a que estamos muy cerca de esos límites. El fundamentalismo tecnológico −dícese de esa creencia cuasi-religiosa que mantiene que la aplicación de la tecnología más avanzada siempre es apropiada, y que todo problema provocado por cualquier consecuencia no intencionada se puede remediar mediante más tecnología− es una promesa tan vacía como cualquier otro fundamentalismo.</p>
<p style="text-align:justify;"><b>Si todo esto nos resulta inaguantable, es porque lo es. </b>Nos enfrentamos a nuevos retos, cada vez más expansivos. En ningún momento de la historia de la humanidad nos habíamos enfrentado a tantas catástrofes potenciales a nivel global; jamás nos habíamos visto amenazados por tantas crisis sociales y ecológicas simultáneamente; jamás habíamos tenido tal abundancia de información sobre las amenazas que hemos de asimilar.</p>
<p style="text-align:justify;">Es fácil huir de nuestra incapacidad de enfrentarnos a ello proyectándola sobre los demás. Cuando alguien me dice: “Estoy de acuerdo con tu evaluación pero la gente no puede asimilarlo”, entiendo que lo que esa persona me está diciendo en realidad es: “Yo no puedo asimilarlo.” Pero asimilarlo es, a fin de cuentas, la única opción sensata.</p>
<p style="text-align:justify;">Los políticos establecidos continuarán protegiendo los sistemas de poder existentes, los directivos de empresas seguirán maximizando ganancias sin importarles nada más y la mayoría de la gente continuará evadiendo estos temas. La tarea de aquéllos con sensibilidad crítica −aquéllos que defienden continuamente la justicia y la sostenibilidad, incluso cuando resulta difícil− es no echarse atrás por el simple hecho de que el mundo se ha vuelto más ominoso.</p>
<p style="text-align:justify;">La adopción de este esquema apocalíptico no supone separarse de la sociedad convencional ni dejar de lado proyectos que busquen un mundo más justo dentro de los sistemas existentes. Soy profesor en una universidad que no comparte ni mis valores ni mi análisis pero, aun así, sigo enseñando allí. En mi comunidad, formo parte de un grupo que ayuda a la gente a crear cooperativas que operarán dentro de un sistema capitalista que, a mi modo de ver, es un callejón sin salida. Pertenezco a una parroquia que lucha por radicalizar el Cristianismo sin dejar de formar parte de una confesión religiosa cautelosa y, a menudo, cobarde.</p>
<p style="text-align:justify;">Soy apocalíptico, pero no me interesa una retórica vacía extraída de movimientos revolucionarios de antaño. Sí, necesitamos una revolución, muchas revoluciones, pero la estrategia aún no está clara. Por tanto, mientras trabajamos pacientemente en proyectos reformistas, podemos seguir ofreciendo un análisis radical y experimentando con nuevas formas de trabajar juntos. Podemos contribuir a reforzar las redes e instituciones que pueden servir de base para los cambios radicales que necesitamos sin dejar de implicarnos en la educación y el activismo a nivel local para obtener objetivos modestos e inmediatos. En estos espacios podemos articular, y vivir, a día de hoy los valores de solidaridad e igualdad que siempre serán esenciales.</p>
<p style="text-align:justify;">Adoptar una visión apocalíptica no es abandonar la esperanza sino reafirmar la vida. Como dijo James Baldwin hace varias décadas, debemos recordar “que la vida es el único punto de referencia y que la vida es peligrosa y que, sin la alegre aceptación de tal peligro, nunca habrá seguridad para nadie, jamás y en ningún lugar”. Evitar la dura realidad de nuestro momento histórico no nos garantiza seguridad alguna, tan sólo sirve para erosionar el potencial de las luchas por la justicia y la sostenibilidad.</p>
<p style="text-align:justify;">Tal y como dijo Baldwin de manera tan aguda en ese mismo ensayo de 1962: “No todo a lo que nos enfrentamos puede cambiarse, pero no podemos cambiar nada hasta que nos enfrentemos a ello”.</p>
<p style="text-align:justify;">Es hora de ponernos apocalípticos, o quitarnos de en medio.</p>
<hr id="docs-internal-guid-328759df-e594-28a8-4881-b14f026e60ae" />
<p style="text-align:justify;"><span style="font-size:small;"><strong>N. del T.</strong></span><span style="font-size:small;"> Muchas de las ideas expuestas en este artículo están extraidas del libro de Jensen:</span><em><span style="font-size:small;"> <a href="http://www.amazon.com/gp/product/148195847X/ref=ox_sc_act_title_1?ie=UTF8&amp;psc=1&amp;smid=ATVPDKIKX0DER" target="_blank">We Are All Apocalyptic Now: On the Responsibilities of Teaching, Preaching, Reporting, Writing, and Speaking Out.</a></span></em></p>
<p><span style="font-size:small;">Agradecimientos espaciales a Nano Sancho, Joan Quesada Navidad y Miki Decrece por sus sugerencias en la traducción del artículo</span></p>
<p style="text-align:justify;">
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/guerrillatranslation.wordpress.com/1774/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/guerrillatranslation.wordpress.com/1774/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=guerrillatranslation.com&#038;blog=50078095&#038;post=1774&#038;subd=guerrillatranslation&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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		<title>El desempleo es la cura de todos los males</title>
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		<pubDate>Mon, 15 Jul 2013 12:38:42 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Paul B. Hartzog Traducido por Andrés Delgado, editado por Stacco Troncoso &#38; Paka McDirham - Guerrilla Translation! Imagenes de SEIER+SEIER Artículo original La primera vez que me topé con la idea de “desempleo” como un objetivo deseable fue en 1979, en la obra de Robert Anton Wilson y, en particular,  en su “Trilogía del gato de Schrodinger”. Si [&#8230;]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=guerrillatranslation.com&#038;blog=50078095&#038;post=1484&#038;subd=guerrillatranslation&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<h2 style="text-align:justify;"><a href="http://guerrillatranslation.files.wordpress.com/2013/07/factory.jpg"><img class=" wp-image-1496 aligncenter" alt="Factory" src="http://guerrillatranslation.files.wordpress.com/2013/07/factory.jpg?w=940&#038;h=648" width="940" height="648" /></a><a href="http://wp.me/P3o7Bd-nM">Paul B. Hartzog</a></h2>
<p dir="ltr" style="text-align:justify;"><em>Traducido por Andrés Delgado, editado por Stacco Troncoso &amp; Paka McDirham - <a href="http://guerrillatranslation.com/http://guerrillatranslation.com/" target="_blank">Guerrilla Translation!</a> Imagenes de <em><a href="http://www.flickr.com/people/seier/">SEIER+SEIER</a></em><br />
</em></p>
<p dir="ltr" style="text-align:justify;"><a href="http://blog.p2pfoundation.net/unemployment-is-the-cure/2011/09/21">Artículo original</a></p>
<p style="text-align:justify;">La primera vez que me topé con la idea de “desempleo” como un objetivo deseable fue en 1979, en la obra de Robert Anton Wilson y, en particular,  en su “<a href="http://lamanzanadoradaeris.blogspot.com.es/2013/01/trilogia-del-gato-de-schrodinger.html">Trilogía del gato de Schrodinger</a>”.</p>
<p dir="ltr" style="text-align:justify;">Si la memoria no me falla, Bob mencionó la idea de otorgar un salario público a cualquiera capaz de inventar un dispositivo que hiciera su trabajo obsoleto. A primera vista, ésta parece ser una más de la larga lista de promesas incumplidas de la época de “los sueños de la automatización”, pero la idea de pagar a la gente por crear nuevas eficiencias en infraestructura se hizo hueco en mi cabeza. Así, surgió la idea de que los cambios tecnológicos producirían un desempleo estructural masivo e insostenible. Tenía 11 años de edad.</p>
<h2 style="text-align:justify;">La Lógica del Ocio</h2>
<p style="text-align:justify;">En 1932, Bertrand Russell escribió “<a href="http://pendientedemigracion.ucm.es/info/bas/utopia/html/russell.htm">En elogio a la ociosidad</a>”donde declara:</p>
<p dir="ltr" style="text-align:justify;">“La técnica moderna ha hecho posible que el ocio, dentro de ciertos límites, no sea la prerrogativa de clases privilegiadas poco numerosas, sino un derecho equitativamente repartido en toda la comunidad. (…) el camino hacia la felicidad y la prosperidad pasa por una reducción organizada de el trabajo.”</p>
<p style="text-align:justify;">La lógica de la “producción” sigue los siguientes parámetros:</p>
<p dir="ltr" style="text-align:justify;">Si el mundo requiere cierta cantidad de &#8220;algo&#8221;, hay dos opciones:</p>
<ol>
<ol>
<li><span style="text-align:justify;">Cierto número de personas trabaja TODO el tiempo para producir la cantidad deseada, o</span></li>
<li><span style="text-align:justify;">Un número aún más grande de personas trabaja PARTE del tiempo para producir la cantidad deseada.</span></li>
</ol>
</ol>
<p style="text-align:justify;">Ah, pero la lógica del “consumo” es algo distinto, y viene a decir:</p>
<ol>
<ol>
<li>Necesitamos emplear a la gente constantemente.</li>
<li>Dicho empleo produce un excedente.</li>
<li>La gente necesita ser convencida de comprar el excedente a través de la publicidad y marketing.</li>
<li>El excedente debe ser rápidamente convertido en desechos, para que la gente vuelva a comprar.</li>
<li>Esto se logra negando las necesidades básicas de todos, así hay que trabajar para consumir.</li>
</ol>
</ol>
<p dir="ltr" style="text-align:justify;">La primera historia, es una receta para una civilización que invierte parte de su tiempo cumpliendo sus obligaciones con la sociedad y el resto de su tiempo en la búsqueda de placer y de otros intereses y proyectos. La segunda historia, es una receta para una civilización  llena de basura, contaminación y esclavitud colectiva.</p>
<p dir="ltr" style="text-align:justify;">La difusión de las tecnologías de información y la computerización masiva crea desempleo. Daniel Yankelovitch señala:</p>
<p style="text-align:justify;">“En la economía globalizada de hoy, los empleadores pueden crecer y ser rentables al reestructurar sus operaciones para ser menos dependientes de un gran número de trabajadores a jornada completa, con beneficios completos y reclutados localmente. Pueden reducir su propia fuerza laboral sistemáticamente, empleando la fuerza laboral de otras naciones y organizando su trabajo de tal manera que gran parte del mismo sea producto de una fuerza laboral contingente. Se trata de una fuerza de laboral a la cual no hay que pagar beneficios, y a la que no hay obligación de conceder unos mínimos de seguridad laboral… [De esta forma han...] obtenido crecimiento económico empleando tan sólo una fracción del número total de personas en búsqueda de empleo. El resultado bien puede ser un desempleo elevado, como estamos viendo en Europa, o la sustitución de puestos de trabajo con salarios altos y abundantes beneficios por puestos de baja remuneración y escasos beneficios, como estamos viendo en los EE.UU.” (“A Critique of the ‘Information Society’ Concept”  Daniel Yankelovitch, de “Changing Maps: Governing in a World of Rapid Change, Steven A. Rosell, 1995)</p>
<p style="text-align:justify;">Los indicadores de desempleo en los países atrincherados [desarrollados] han aumentado de manera constante desde 1950. Adicionalmente, la disminución de la tasa de natalidad experimentada en estos países generará un número creciente de ancianos, junto a una mermada presencia de generaciones más jóvenes dentro del mercado laboral. Incluso si las tasas de natalidad se elevaran de nuevo, esos niños no serían aptos para trabajar hasta que terminen su juventud, forzando aún más al sistema. Es imposible configurar el número total de personas que no trabajan utilizando métodos económicos tradicionales.</p>
<h2 style="text-align:justify;">La Crisis de Ingresos</h2>
<p style="text-align:justify;">Al final, todo se reduce a esto: Si definimos a los “empleadores” como grandes estructuras jerárquicas sustentadas sobre la extracción de los excedentes generados por la labor de sus empleados -a quienes tan sólo retribuyen parte de los mismos y en forma de salario&#8230;- pues sí, los empleadores perciben que hay una “crisis de empleo.” Sin embargo, para las personas, un trabajo simplemente sirve de medio para obtener ingresos y, en consecuencia, la crisis no es una “crisis de empleo”, sino una “crisis de ingresos”.</p>
<p style="text-align:justify;">Este es un punto crucial, así que lo voy a expresar de otra manera.</p>
<p dir="ltr" style="text-align:justify;">Una Economía del Empleo fuerza a la gente a pensar que su “crisis de ingresos” es una “crisis de empleo.” Una Economía del Desempleo no tiene tal necesidad.</p>
<p style="text-align:justify;">Una Economía del Desempleo, parte de la premisa de que las personas rinden mejor en aquellas actividades que disfrutan intrínsecamente y por las que trabajan de forma voluntaria. Este principio de auto-selección es un ingrediente clave de las actuales economías donde se programa en código abierto, e incluso fue utilizado cuando Google permitió a sus empleados gestionar parte de su jornada laboral. La auto selección no es voluntaria; es trabajo recompensado. De lo contrario te seguirían explotando y obteniendo los beneficios de tu trabajo, sólo que de forma gratuita.</p>
<p dir="ltr" style="text-align:justify;">Además, llamarla una “Crisis de Empleo” implica que la solución es crear más empleo, pero llamarla una “Crisis de Ingresos” implica que la solución es crear más ingresos. Esto se puede hacer en una variedad de formas y muchas de ellas no tienen nada que ver con conseguir un trabajo.</p>
<p dir="ltr" style="text-align:justify;">Por ejemplo, en 1980, como parte del nacimiento del Cyberpunk, ZBS Media retransmitió un radio-drama, producido por Thomas M. Lopez y escrito por Meatball Fulton, llamado<a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Ruby_the_Galactic_Gumshoe"> “Ruby, the Galactic Gumshoe”</a> (Ruby, la detective galáctica). El programa incluía una conversación con un extraterrestre llamado “Monet” proveniente de una sociedad que ya había, supuestamente, resuelto estas cuestiones. Monet le dice a Ruby:</p>
<p style="text-align:justify;">“El desempleo no es una enfermedad que necesita ser curada creando más empleo. El desempleo es la cura. Así que ideemos un sistema mejor.”</p>
<h2 style="text-align:justify;">La Cultura ‘Maker’  equivale a Libertad</h2>
<p dir="ltr" style="text-align:justify;">A medida que avanzamos, el número de personas que fabrica objetos propios y se auto-organiza en comunidades de “makers” es alentador. Sin embargo, estas actividades son parasitarias en una economía heredada que aún requiere que la gente trabaje a fin de satisfacer sus necesidades básicas y las de sus familias. En este sistema algunos se hacen ricos mientras que la gran mayoría permanece en la pobreza. La alternativa sería que todos tuvieramos  “suficiente”.</p>
<p dir="ltr" style="text-align:justify;">La economía P2P emergente, funciona más como la “ayuda mutua” de Kropotkin (gracias, Howard Rheingold), que el ideal de “ayúdate a ti mismo y deja que otros se ayuden a sí mismos”, surgido cuando los ciudadanos se enfrentan entre sí en una lucha por recursos y puestos de trabajo. Estos objetivos están, en realidad, subyugados a una escasez inducida para desmotivar cualquier cooperación popular con la que construir infraestructuras compartidas.</p>
<p dir="ltr" style="text-align:justify;">Merece la pena señalar que, en 1951, la teórica política Hannah Arendt observó que impedir a las masas poseer o poner en funcionamiento algo que resulte en producción de un “común” (algo que sólo existe horizontalmente entre individuos y grupos) es una receta para la tiranía, la opresión y, en última instancia, el fascismo. Arendt lo describió como “Los orígenes del totalitarismo”.</p>
<p dir="ltr" style="text-align:justify;">Por otra parte, Kropotkin había presagiado este mismo punto en su “Ayuda mutua”, observando:</p>
<p dir="ltr" style="text-align:justify;">“Las instituciones en las que los hombres antes encarnaban sus necesidades de apoyo mutuo, no pueden ser toleradas en un Estado bien organizado, el Estado por sí solo podría representar los lazos entre sus súbditos”.</p>
<p style="text-align:justify;">Refiriéndose a la cuna de la democracia occidental, Arendt lo expresó mejor que nadie:</p>
<p dir="ltr" style="text-align:justify;">“La Polis no era Atenas, sino los Atenienses”. (La Condición Humana, 1950)</p>
<p dir="ltr" style="text-align:justify;">(Por ello, si vas a trabajar como empleado, siempre he mantenido que lo mejor es trabajar allá donde puedas sentir que estás ayudando a otros; por ejemplo, en una organización sin ánimo de lucro o en una universidad).</p>
<h2 style="text-align:justify;">Sin ser Empleado – Mejor Sin Jefes</h2>
<p dir="ltr" style="text-align:center;"><a href="http://guerrillatranslation.files.wordpress.com/2013/07/light-at-end-of-tunnel.jpg"><img class=" wp-image-1539 aligncenter" alt="Light at end of tunnel" src="http://guerrillatranslation.files.wordpress.com/2013/07/light-at-end-of-tunnel.jpg?w=913&#038;h=398" width="913" height="398" /></a></p>
<p dir="ltr" style="text-align:justify;"><a href="http://www.notanemployee.net/">www.notanemployee.net</a>/</p>
<p dir="ltr" style="text-align:justify;">De nuevo, creemos necesario recalcar la diferencia entre el empleo (es decir, el trabajo al que estamos obligados por las necesidades de supervivencia) frente a la carrera o la pasión de un individuo. En su ensayo<a href="http://www.zpub.com/notes/black-work.html"> “The Abolition of Work”</a> (La abolición del trabajo), Bob Black define el trabajo como “La producción impuesta por medios económicos o políticos, ya sea mediante la zanahoria o el palo” (Black, 1985). En una economía en la que la información precisa es esencial, aquellas decisiones económicas basadas en la necesidad de tener un trabajo para sobrevivir, no son ni fructíferas ni deseables. La economía de la información necesita recombinación materialización e innovación, pero también necesita ofrecer un estilo de vida capaz de liberar el potencial creativo colectivo de sus miembros y permitirles cumplir con sus funciones en dicha economía. Aquí es donde entra el desempleo. La causalidad general que subyace a esta propuesta es la siguiente:</p>
<ul style="text-align:justify;">
<li>
<p dir="ltr">La informatización crea desempleo</p>
</li>
<li>
<p dir="ltr">El desempleo crea tiempo libre</p>
</li>
<li>
<p dir="ltr">El tiempo libre genera innovación</p>
</li>
</ul>
<p dir="ltr" style="text-align:justify;">El problema del desempleo no es su incremento, sino la insostenibilidad de un sistema donde el empleo es “bueno” y el desempleo es “malo”. El fin del empleo no supone el fin de la productividad. Los seres humanos son, por naturaleza, creativos, innovadores y dados a perseguir sus metas vigorosamente. Esta es la razón por la que el primer nivel de una economía panárquica consiste en satisfacer necesidades: para brindar a individuos y grupos una base con la que tomar decisiones informadas y comunicar esas decisiones en el sistema de una manera cibernética.</p>
<h2 style="text-align:justify;">La Solución Sencilla</h2>
<p dir="ltr" style="text-align:justify;">La solución a todo esto es realmente sencilla:</p>
<p dir="ltr" style="text-align:justify;">Pagar a las personas para crear una infraestructura compartida.</p>
<p dir="ltr" style="text-align:justify;">Una infraestructura compartida co-desarrollada, co-propiedad, co-mantenida, y no sujeta a apropiación por parte de cualquiera. Es decir, su existencia como infraestructura compartida cuenta con el apoyo de aquellos mecanismos jurídicos y políticos que aseguren sus libertades básicas y de forma permanente. Es bueno para la gente, los gobiernos y las empresas porque reduce costes y distribuye las responsabilidades de mantenimiento.  Cualquier persona que contribuya a la construcción de semejante infraestructura debería ser apropiadamente recompensada por su esfuerzo, que no quepa duda de ello.</p>
<p dir="ltr" style="text-align:justify;"><span style="font-size:small;">Nota del autor</span></p>
<p dir="ltr" style="text-align:justify;"><span style="font-size:small;">Normalmente no escribo artículos tan largos pero, a modo de explicación por el título “provocador”, me gustaría aclarar unas cosas:</span></p>
<ol style="text-align:justify;">
<li>
<p dir="ltr"><span style="font-size:small;">Me sentí inspirado a escribir este artículo tras la lectura de un artículo de Douglas Rushkoff en la CNN titulado<a href="http://www.cnn.com/2011/OPINION/09/07/rushkoff.jobs.obsolete/index.html"> “Are jobs obsolete?”</a> (“¿Se han quedado obsoletos los empleos?”, publicado el 7 de Septiembre, 2011)</span></p>
</li>
<li>
<p dir="ltr"><span style="font-size:small;">Parte del texto está basado en un texto que escribí en el 2003 llamado “The Unemployement Economy” (La economía del desempleo).</span></p>
</li>
</ol>
<p dir="ltr" style="text-align:justify;"><em><span style="font-size:small;">Esta traducción apareció originalmente en<a href="http://desempleotecnologico.com"> desempleotecnológico.com</a></span></em></p>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/guerrillatranslation.wordpress.com/1484/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/guerrillatranslation.wordpress.com/1484/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=guerrillatranslation.com&#038;blog=50078095&#038;post=1484&#038;subd=guerrillatranslation&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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		<title>Reclamando el crédito como bien común</title>
		<link>http://guerrillatranslation.com/2013/06/09/reclamando-el-credito-como-bien-comun/</link>
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		<pubDate>Sun, 09 Jun 2013 02:20:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[guerrillatranslation]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Español]]></category>
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		<category><![CDATA[Alternativas al capitalismo]]></category>
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		<description><![CDATA[Imagenes: Marina Gullón Reclamando el crédito como bien común/Hacia una sociedad-mariposa Thomas H Greco Traducido por Stacco Troncoso, editado por DFC &#8211; Guerrilla Translation! Artículo original Traducción a español iberomericano Hoy en día, las monedas locales y los sistemas de intercambio alternativos se han convertido en un tema familiar en los medios de comunicación, incluso en [&#8230;]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=guerrillatranslation.com&#038;blog=50078095&#038;post=1031&#038;subd=guerrillatranslation&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p dir="ltr" style="text-align:justify;"><a href="http://guerrillatranslation.files.wordpress.com/2013/06/ccommn.png"><img class=" wp-image-1033 aligncenter" alt="Ccommn" src="http://guerrillatranslation.files.wordpress.com/2013/06/ccommn.png?w=1002&#038;h=658" width="1002" height="658" /></a><em>Imagenes: <a href="http://marinagullon.wordpress.com/" target="_blank">Marina Gullón</a></em></p>
<h3 style="text-align:left;"><a style="font-size:1.5em;text-align:justify;line-height:19px;" href="http://wp.me/P3o7Bd-gO" target="_blank">Reclamando el crédito como bien común/<em>Hacia una sociedad-mariposa</em></a></h3>
<h2 style="text-align:left;"><a style="font-size:1.5em;text-align:justify;line-height:19px;" href="http://wp.me/P3o7Bd-gO" target="_blank">Thomas H Greco</a></h2>
<p style="text-align:justify;"><em>Traducido por Stacco Troncoso, editado por DFC &#8211; Guerrilla Translation!</em></p>
<p dir="ltr" style="text-align:justify;"><a href="http://beyondmoney.net/monographs/reclaiming-the-credit-commons/">Artículo original</a></p>
<p dir="ltr" style="text-align:justify;"><a href="http://beyondmoney.files.wordpress.com/2013/06/reclaiming-the-credit-commons-spanish-article-ll.pdf">Traducción a español iberomericano</a></p>
<p dir="ltr" style="text-align:justify;">Hoy en día, las monedas locales y los sistemas de intercambio alternativos se han convertido en un tema familiar en los medios de comunicación, incluso en los periódicos con más difusión, como el Wall Street Journal, The Guardian, y Der Spiegel, o en canales de televisión locales y nacionales. Estas reseñas están principalmente enfocadas sobre los intentos de mantener estas monedas circulando de manera local, y que el dinero no sea “drenado” de la zona, dado que así refuerzan la vitalidad de las economías locales y mejoran las perspectivas de los negocios de la zona en su lucha por competir con las grandes multinacionales.</p>
<p dir="ltr" style="text-align:justify;">Todo esto se trata de un fenómeno positivo, pero que evade un análisis más profundo sobre los problemas que afectan a nuestras comunidades y a nuestro mundo en general. Pues los problemas a los que se enfrentan nuestras comunidades, y la civilización en general, tienen su origen en <em>la mismísima naturaleza del dinero</em> y los mecanismos según los cuales se crea y se distribuye mediante la intervención del cártel más poderoso que jamás ha existido. Los regímenes globales del dinero y la banca han sido diseñados para centralizar el poder y concentrar la riqueza en las manos de una élite gobernante; se trata de un proceso que viene de muy atrás en el tiempo y que se ha hecho cada vez más efectivo (en exclusivo beneficio de  esa élite).</p>
<p dir="ltr" style="text-align:justify;">En todas las economías desarrolladas, las profesiones están muy especializadas. Apenas elaboramos o construimos nosotros mismos aquello que necesitamos. Esta situación provoca que el intercambio de bienes y servicios sea una necesidad de subsistencia. Pero el trueque primitivo es ineficaz y depende de una coincidencia  entre carencias y necesidades – &#8220;yo tengo algo que quieres tú y tú tienes algo que yo quiero.” Si una de las dos partes no tiene lo que quiere la otra, no hay  trueque posible.  El dinero se inventó para facilitar intercambios más allá de la cercanía inherente de una comunidad local -donde priman las transacciones informales- y así el dinero facilita un modo de comercio que es ocasional y impersonal.</p>
<p dir="ltr" style="text-align:justify;">El dinero es, en primer lugar y ante todo, un medio de intercambio, una especie de substituto que permite que el vendedor suministre algo de valor para el comprador, a cambio de dinero, y después, usar el vendedor ese dinero recibido para obtener del mercado aquello que necesite para sí mismo, o para otros.</p>
<p dir="ltr" style="text-align:justify;">En la antigüedad, se usaron como moneda materiales útiles para la comunidad. Yo, por ejemplo, no tengo necesidad  de poseer tabaco pero, al saber que hay muchos que lo desean, lo puedo aceptar como pago a cambio de mis manzanas. Lo mismo se puede decir del oro y la plata, que, en el transcurso del tiempo, se convirtieron en los materiales predilectos como medio de intercambio.</p>
<p dir="ltr" style="text-align:justify;">Pero el dinero ha evolucionado con el tiempo; el dinero ya no es “una cosa”. Es <em>crédito</em> dentro de un sistema de contabilidad que se manifiesta principalmente a través de “depósitos” en los bancos y, secundariamente y en pequeñas cantidades, en forma de papel moneda. Toda moneda nacional se apoya en el crédito colectivo de todos los que están obligados por la ley aceptarlo como tal.</p>
<p dir="ltr" style="text-align:justify;">En otras palabras, hemos tolerado la privatización del <em>bien común del crédito</em>, y de tal manera que sólo podemos acceder a éste cuando pedimos a un banco a que nos conceda un “préstamo”. Para poder crear dinero es requisito previo que alguien contraiga una deuda.  Pero no se está prestando nada; la banca sencillamente crea el dinero basado en la promesa de que el “prestatario” va a devolverlo. Resumiéndolo a mi manera,  <em>hemos entregado nuestro crédito colectivo a la banca para, después, suplicarle que nos preste parte  de vuelta–y les pagamos intereses por ese privilegio</em>. El resultado es una escasez crónica de dinero dentro del sector productivo de la economía, aún cuando se otorga dinero a los gobiernos centrales para sostener un <em>déficit público</em> con el que financiar guerras, rescates bancarios, y todo tipo de derroches inútiles.</p>
<p dir="ltr" style="text-align:justify;">Pero el peor aspecto del sistema monetario es su requisito intrínseco de crecimiento continuo–lo que yo llamo el <em>imperativo del crecimiento</em>. Esto proviene del hecho de que el dinero se crea sobre una base de deuda sujeta a intereses, de tal manera que la cantidad a devolver se va incrementando con el paso del tiempo. Pero el interés compuesto es una función de crecimiento exponencial y eso significa que la deuda no crece de forma estable y regular, sino de forma cada vez más acelerada. El sistema monetario global precisa de la expansión continua de la deuda a fin de evitar un colapso financiero. Por eso los ciclos de burbujas y colapsos son cada vez más extremos, y la competencia entre prestatarios por un suministro insuficiente de dinero conlleva un incremento acelerado  en la expoliación medioambiental y la degradación social.</p>
<p dir="ltr" style="text-align:justify;"><em>El crédito “de origen Comunitario” ha sido el aspecto más ignorado de los aspectos del “Bien Común” pero es el más crucial</em>, porque el crédito es el mismísimo cimiento y medio de subsistencia del dinero moderno, y el dinero es el medio esencial para el intercambio de bienes y servicios. Aquél que controla el dinero controla virtualmente todo aquello que existe en el mundo material. La privatización del bien común del crédito no sólo ha permitido que unos pocos hayan explotado al resto, también ha provocado una expansión económica mucho más allá de cualquier límite razonable, a la par que ha causado conflictos por el control de recursos en todo el planeta.</p>
<p dir="ltr" style="text-align:justify;">En el pasado, las estructuras del poder mundial estaban basadas en los “acuerdos” de defensa de los intereses comunes de las autoridades políticas y religiosas. Los reyes, emperadores y príncipes dependían de la jerarquía eclesiástica para legitimar su mandato. Siempre que el pueblo dependiera de la Iglesia, y sus sacerdotes, para su salvación y posterior admisión en el reino de los cielos, éste aceptaba dócilmente el estado de las cosas. Pero, según empezaron a cambiar las creencias, las autoridades eclesiásticas perdieron prácticamente toda su influencia. Hoy en día, la estructura de poder global está basada en los “acuerdos” de defensa de los intereses comunes entre autoridades políticas y financieras. Incluso en países nominalmente democráticos, son los banqueros y los financieros -y sus súbditos en los medios de comunicación, la educación, la medicina y otros campos- los que seleccionan a los líderes políticos y determinan el desarrollo de la política pública. Mientras el pueblo dependa del dinero que crea la banca para su “salvación” material y admisión al reino de “la buena vida”, este estado de las cosas continuará provocando que las masas –los avalistas de la deuda gubernamental– continuen hundiéndose cada vez más rápido en as arenas movedizas de la esclavitud por endeudamiento.</p>
<p dir="ltr" style="text-align:justify;">Ese interés que ha de pagarse para “ tomar prestado” nuestro propio crédito del banco no es el único elemento parasitario de este sistema. Otro es la inflación del suministro de dinero que acompaña el gasto de déficit público por parte del gobierno. Prácticamente todos los gobiernos nacionales gastan constantemente mucho más de lo que ingresan, extrayendo recursos reales de la economía a cambio del dinero “falso” que la banca crea para ellos bajo la tutela de la ley. Esta devaluación de la moneda inevitablemente conlleva a un aumento del precio de las necesidades básicas en el mercado. A este “drenaje” de recursos económicos le podemos añadir los salarios obscenos y las primas y “bonus” que estos privilegiados se otorgan a sí mismos por gestionar el sistema, además de los rescates financieros periódicos que obtienen de los gobiernos.</p>
<p dir="ltr" style="text-align:justify;">La situación, para cualquiera que se haya molestado en observarla de cerca, es muy clara: el sistema monetario y bancario, basado tal y como está en la usura y la centralización del poder y la riqueza, ha provocado una serie interminable de miserias e injusticias sobre la raza humana y toda la naturaleza del planeta Tierra. Es un sistema que no puede reformarse; sólo puede ser superado.</p>
<h2 style="text-align:justify;">¿Superar el actual sistema monetario?</h2>
<p dir="ltr" style="text-align:justify;"><img class="alignleft" alt="" src="https://lh5.googleusercontent.com/-kdFhPzqYF5MKgioReFUcyCMQ7HggzxKiOZ405THjPJy_Gq0yIPc1N8ZQhXeekzyysCjZjSNxWTwBHLS_k7jQguMi-rRLJo8LCKV0PcBJNBdpjIEMbyg6D6l5w" width="NaN" height="NaN" />Las buenas noticias son que no tenemos por qué ser las víctimas de un sistema que, sin lugar a dudas, nos está fallando. Tenemos en nuestras manos el poder de reclamar el Bien Común del crédito. Lo podemos hacer de manera pacífica y sin necesidad de atacar este régimen tan arraigado y poderoso. Tan sólo requiere que cada uno de nosotros tome el control de nuestro propio crédito y lo entregue a aquellos individuos y negocios merecedores del mismo, a la vez que lo mantenemos lejos de las manos de aquellos que no lo merecen; y que entreguemos nuestro talento, dedicación y energía a aquellas iniciativas que repercutan positivamente sobre la capacidad de adaptación  de la comunidad, su sostenibilidad, su auto-suficiencia y, el bien común en general.</p>
<p dir="ltr" style="text-align:justify;">Todos hemos sido condicionados en la búsqueda del dinero como medio con el que mantener a nuestras familias y a nosotros mismos para suplir las necesidades materiales de la vida. Pero el dinero se ha convertido en un instrumento del poder, un ardid que permite a unos pocos controlar el desarrollo de los asuntos humanos. Mientras sigamos atrapados en esta persecución constante del dinero, todos seremos meras marionetas al servicio de esos titiriteros–esa pequeña élite que, concediéndoles la mejor de las intenciones, actúan desde una perspectiva miope del exclusivo interés propio, presos del error y la ignorancia.</p>
<p dir="ltr" style="text-align:justify;">Quizás vean la luz algún día, pero no nos podemos permitir el lujo de esperar. La respuesta está en aprender a compartir, a cooperar, y a organizar para crear lo que a mí me gusta describir como “la Sociedad Mariposa”. Las monedas y los sistemas de intercambio comunitarios suponen una caja de herramientas esencial a la hora de forjar comunidad–y auto-suficiencia, pero tienen que ser diseñados de tal forma que nos permitan ser menos dependientes del dinero “político” y de la banca. Un medio de intercambio privado debería crearse tomando como base el valor creado e intercambiado entre productores locales, especialmente cuando se trata de aquellos negocios pequeños y medianos que forman la base de cualquier economía. Esto supone que una moneda debe <em>ser gastada</em> al ponerse en circulación, que no <em>vendida</em> a cambio de más dinero. Podemos ser capaces de organizar estructuras nuevas para el dinero, la banca, y las finanzas, libre de intereses y descentralizadas. Estructuras que no estén controladas por la banca ni por los gobiernos centrales, sino por individuos y empresas que se asocian y organizan dentro de redes de comercio no monetizadas.</p>
<p dir="ltr" style="text-align:justify;">En resumen: cualquier grupo de personas puede organizarse para adjudicar un sistema de crédito colectivo entre sí mismos y libre de interés. Se trata de la mera extensión de una práctica habitual en muchos negocios: vender en base a una cuenta abierta– “Te mando el género ahora, y ya me pagarás más adelante”, sólo que no estaría organizada sobre una base bilateral, sino dentro de una comunidad de múltiples compradores y vendedores. Este sistema debería llevarse a cabo a una escala lo suficientemente grande e incluyendo una cantidad suficientemente amplia de bienes y servicios. Sistemas como éste pueden evitar las disfunciones inherentes en los sistemas monetarios y bancarios convencionales. Pueden abrir el camino a relaciones más armoniosas y mutuamente benéficas con las que propiciar la construcción de una verdadera democracia económica.</p>
<h2 style="text-align:justify;">Compensación mutua de crédito – Comerciar sin dinero</h2>
<p dir="ltr" style="text-align:justify;">Lo que estoy describiendo no es un sueño utópico sino una realidad demostrada y bien establecida. También conocido como “compensación mutua de crédito”, se trata de un proceso empleado por cientos de miles de negocios en todo el mundo, miembros de una multitud de sistemas de trueque comercial que proveen la contabilidad necesaria, junto a otros servicios, para el comercio sin dinero. En este proceso, las cosas que vendes te permiten pagar por las cosas que compras sin tener que utilizar el dinero como mecanismo de cambio. En vez de andar persiguiendo dólares, utilizas lo que tienes para pagar por lo que necesitas.</p>
<p dir="ltr" style="text-align:justify;">A diferencia del trueque tradicional, que depende de la coincidencia de requisitos y necesidades entre dos comerciantes que poseen bienes que necesitan mutuamente, la compensación mutua de crédito ofrece un sistema de contabilidad para créditos de comercio, una especie de moneda interna que permite que los comerciantes vendan a ciertos miembros mientras que compran de otros. Se estima que hay más de 400,000 compañías en el mundo que intercambian más de 12.000 millones de dólares en bienes y servicios siguiendo estas directrices y sin utilizar ningún tipo de moneda nacional.</p>
<p dir="ltr" style="text-align:justify;">Quizás, el mejor ejemplo a largo plazo de un intercambio de compensación de crédito sea la Cooperativa-círculo económico WIR<a href="#wir-identifier">[1]</a>. Creada como organización de auto-ayuda en Suiza y en medio de la Gran Depresión de 1929, WIR provee un medio para que sus asociados puedan seguir comprando y vendiendo entre ellos, independientemente de que haya una escasez de francos suizos en circulación. Durante los últimos tres cuartos de siglo a través de épocas buenas y malas, WIR (ahora conocida como el Banco WIR) ha continuado prosperando. Sus más de 60,000 miembros a lo largo de Suiza intercambian aproximadamente 2.000 millones de dólares en bienes y servicios todos los años, pagándose entre ellos no con dinero oficial suizo, sino con sus propias unidades de contabilidad, los créditos WIR.</p>
<h2 style="text-align:justify;">El Crédito del Bien Común: una revolución pacífica para una sociedad más feliz.</h2>
<p dir="ltr" style="text-align:justify;"><a href="http://guerrillatranslation.files.wordpress.com/2013/06/credit-commons.jpg"><img class="size-full wp-image-1036 alignleft" alt="Credit Commons" src="http://guerrillatranslation.files.wordpress.com/2013/06/credit-commons.jpg?w=540"   /></a>El desafío para cualquiera de estas redes es, por supuesto, obtener suficiente escala para ser verdaderamente útiles. Cuanto más grande sea la red, más oportunidades se crearán para el intercambio sin dinero. Puede que, al iniciar esta andadura, se requiera cierto grado de ayuda para encontrar esas oportunidades, pero según se vayan conociendo los miembros entre sí, y sepan lo que puede ofrecer cada uno, los beneficios de la participación se harán cada vez más evidentes y atractivos. Al igual que Facebook, Twitter, MySpace y otras redes que son puramente sociales, las redes de comercio sin dinero eventualmente experimentarán un crecimiento exponencial que marcará un antes y un después revolucionario en el empoderamiento político y económico. Será una revolución discreta y pacífica y no provocada por protestas en las calles o peticiones dirigidas a políticos que sirven a sus “amos”, sino trabajando juntos para ostentar un poder que ya es nuestro–aplicar los recursos que tenemos para apoyar la productividad propia y otorgar crédito allá donde se necesite.</p>
<p>A través de la participación en una red de intercambio abierta, transparente y democrática, los miembros disfrutarán de beneficios como:</p>
<ul style="text-align:justify;">
<ul>
<li>Una fuente de crédito fiable y amistosa,  libre de intereses y controlada por la comunidad.</li>
<li>Menos necesidad de dólares, euros, libras, yenes o cualquier otro dinero &#8220;político&#8221; y escaso.</li>
<li>Incremento en ventas.</li>
<li>Una clientela leal.</li>
<li>Proveedores fiables.</li>
<li>Una comunidad más próspera y viva.</li>
</ul>
</ul>
<p dir="ltr" style="text-align:justify;">¿Qué se necesita para que las redes de compensación mutua de crédito se vuelvan virales y crezcan rápidamente, de la misma forma que lo han hecho las redes sociales? Esa es la pregunta clave, y la respuesta sigue siendo difícil. Mientras que el WIR ha sido un éxito incontestable, parece haberse visto intencionadamente limitado y destinado a no propagarse más allá de las fronteras suizas. Y, mientras que el fenómeno del trueque comercial ha sido  y sigue siendo significativo, con un crecimiento constante durante los últimos 40 años, sigue teniendo una repercusión mínima al compararse con la totalidad de la actividad económica.</p>
<p dir="ltr" style="text-align:justify;">Bajo los sistemas con los que operan hoy en día, las redes de intercambio comercial se limitan a sí mismas y, típicamente, imponen una serie de obligaciones sobre sus miembros. Éstas incluyen cuotas de participación onerosas, membresía exclusiva, escala y rango limitado en cuanto a los bienes y servicios disponibles en cada intercambio, la utilización de software propietario y una estandarización insuficiente de operaciones que limita la habilidad de los miembros de un sistema de intercambio a la hora comerciar con los miembros de otros sistemas similares.</p>
<p dir="ltr" style="text-align:justify;">Prácticamente todos los sistemas de intercambio comercial son pequeños, locales, y operados con afán de lucro. La escala pequeña, el control local, y el modelo de empresa independiente son todos características deseables. Pero si hablamos de construir un nuevo sistema de intercambio se necesita algo más. Lo que el mundo necesita ahora mismo es un medio de pago controlado localmente pero con utilidad global. Esto supone otorgar a los miembros del intercambio comercial local la habilidad de comerciar con miembros de otros intercambios fácilmente, de manera barata y sin apenas asumir riesgos.A continuación propongo una serie de medidas necesarias para que el comercio sin dinero basado en la compensación mutua de crédito se vuelva viral:</p>
<ol style="text-align:justify;">
<ol>
<li>Los miembros han de poner a disposición de la red, no sólo las mercancías de menos demanda o los servicios de lujo, sino todo su catálogo de bienes y servicios y a sus precios habituales. Esto afianzará el valor de los créditos de comercio interno y les dará una utilidad verdaderamente práctica.</li>
<li>Como cualquier “portador del bien común” los sistemas de intercambio deberían abrir sus puertas a cualquiera que desee participar en los mismos, sin trabas y sin un exceso de requisitos previos.</li>
<li>Las líneas de crédito (es decir, el privilegio de tener un descubierto en la cuenta monetaria) han de definirse según la habilidad y la voluntad de cada miembro de actuar con reciprocidad, una reciprocidad cuantificada, por ejemplo, por su historial de ventas dentro de la red.</li>
<li>Los sistemas de intercambio han de ser operados por y para los miembros y de manera transparente, abierta, y con capacidad de adaptación.</li>
<li>Los miembros han de ejercer sus responsabilidades para proveer la supervisión adecuada de aquellos designados para gestionar las transacciones.</li>
<li>Ha de haber una estandarización mínima en los intercambios comerciales para asegurar que los créditos internos mantengan un valor comparable.</li>
</ol>
</ol>
<p dir="ltr" style="text-align:justify;">Cuando los sistemas de intercambio hayan optimizado su diseño y operatividad, se convertirán en modelos a seguir para los siguientes sistemas. En ese momento experimentarán una fase de crecimiento rápido, llevándonos eventualmente hasta una red de comercio local similar a Internet que hará que el dinero se vuelva obsoleto y permitirá la emergencia de una sociedad más libre y armoniosa.</p>
<h3 style="text-align:justify;">Referencias y recursos (en inglés)</h3>
<ul style="text-align:justify;">
<li>
<p dir="ltr">Greco, Jr., Thomas H. (2009): The End of Money and the Future of Civilization.</p>
</li>
<li>
<p dir="ltr">Greco, Jr., Thomas H., and Megalli, Theo, (2005):<a href="http://reinventingmoney.com/documents/StuderbookCritique.pdf">An Annotated Précis, Review, and Critique of Prof. Tobias Studer’s WIR and the Swiss National Economy.</a></p>
</li>
<li>
<p dir="ltr">Riegel, E. C. (1973) Flight From Inflation.</p>
</li>
</ul>
<h3 style="text-align:justify;">Paginas web:</h3>
<ul style="text-align:justify;">
<li>
<p dir="ltr"><a href="http://beyondmoney.net/">Beyond Money</a>, y <a href="http://reinventingmoney.com/">Reinventing Money</a></p>
</li>
</ul>
<h3 style="text-align:justify;">Videos:</h3>
<ul style="text-align:justify;">
<li>
<p dir="ltr"><a href="http://www.youtube.com/watch?v=qBX-jaxMneo">The Essence of Money: A Medieval Tale</a>.</p>
</li>
<li>
<p dir="ltr"><a href="http://www.moneyasdebt.net/">Money as Debt</a></p>
</li>
<li>
<p dir="ltr"><a href="http://www.atcoop.com/WIR_Video_3.htm">Video reportaje sobre WIR Bank</a></p>
</li>
</ul>
<hr />
<p dir="ltr" style="text-align:justify;"><a id="wir-identifier"></a>[1]  WIR, abreviación de “Wirtschaftsring-Genossenschaft”, también significa “Nosotros” en alemán.”</p>
<div style="text-align:justify;"></div>
<p dir="ltr" style="text-align:justify;"><span style="font-size:13px;line-height:19px;"> </span></p>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/guerrillatranslation.wordpress.com/1031/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/guerrillatranslation.wordpress.com/1031/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=guerrillatranslation.com&#038;blog=50078095&#038;post=1031&#038;subd=guerrillatranslation&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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			<media:title type="html">Credit Commons</media:title>
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	</item>
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		<title>Cuatro escenarios futuros para la economía colaborativa</title>
		<link>http://guerrillatranslation.com/2013/06/06/cuatro-escenarios-futuros-para-la-economia-colaborativa/</link>
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		<pubDate>Thu, 06 Jun 2013 01:14:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[guerrillatranslation]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Español]]></category>
		<category><![CDATA[Michel Bauwens]]></category>
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		<description><![CDATA[Imagen de Stacco Troncoso MICHEL BAUWENS Traducido y subtitulado por Stacco Troncoso. Editado por Luis Gómez &#8211; Guerrilla Translation! Discurso de clausura en OuiShare Fest por parte de Michel Bauwens, fundador de la Foundation for P2P Alternatives (más conocida como &#8220;P2P Foundation&#8220;), en el que introduce cuatro escenarios potenciales para la economía colaborativa. Después del [&#8230;]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=guerrillatranslation.com&#038;blog=50078095&#038;post=1016&#038;subd=guerrillatranslation&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><a style="font-size:13px;line-height:19px;" href="http://guerrillatranslation.files.wordpress.com/2013/06/cuatro-escenarios-2-e1371859435394.jpg"><img class=" wp-image-1124 aligncenter" alt="Cuatro Escenarios (2)" src="http://guerrillatranslation.files.wordpress.com/2013/06/cuatro-escenarios-2-e1371859435394.jpg?w=842&#038;h=548" width="842" height="548" /></a><em></em><em>Imagen de <a href="http://about.me/staccotroncoso" target="_blank">Stacco Troncoso</a></em></p>
<h2 style="text-align:left;"><a title="Michel Bauwens" href="http://guerrillatranslation.com/michel-bauwens/" target="_blank">MICHEL BAUWENS</a></h2>
<p><em>Traducido y subtitulado por Stacco Troncoso. Editado por Luis Gómez &#8211; Guerrilla Translation!</em></p>
<p>Discurso de clausura en <a href="http://ouisharefest.com/es/" target="_blank">OuiShare Fest</a> por parte de Michel Bauwens, fundador de la Foundation for P2P Alternatives (más conocida como &#8220;<a href="http://p2pfoundation.net/" target="_blank">P2P Foundation</a>&#8220;), en el que introduce cuatro escenarios potenciales para la economía colaborativa.</p>
<p>Después del vídeo encontraréis un breve ensayo de Michel en el que describe los cuatro cuadrantes.</p>
<p>Para activar los subtítulos, pulsar sobre el rectángulo la parte inferior derecha.</p>
<span class='embed-youtube' style='text-align:center; display: block;'><iframe class='youtube-player' type='text/html' width='853' height='480' src='http://www.youtube.com/embed/KMV4cqRgV6Q?version=3&#038;rel=1&#038;fs=1&#038;showsearch=0&#038;showinfo=1&#038;iv_load_policy=1&#038;wmode=transparent' frameborder='0'></iframe></span>
<h2><span style="color:#ff6600;">LOS CUATRO ESCENARIOS, <span style="color:#800080;"><em>por Michel Bauwens</em></span></span></h2>
<p dir="ltr" style="text-align:justify;"><a href="http://commonsandeconomics.org/2013/05/25/four-scenarios-for-the-collaborative-economy/">Ensayo Original:</a></p>
<p dir="ltr" style="text-align:justify;">Este pequeño ensayo pretende mostrar de un modo sencillo los posibles escenarios económicos futuros utilizando dos ejes, o polaridades, que dan lugar a cuatro escenarios distintos:</p>
<h2 style="text-align:justify;"><span style="color:#ff6600;">DOS EJES/CUATRO CUADRANTES</span></h2>
<p dir="ltr" style="text-align:justify;">El primer eje describe la polaridad entre el control centralizado y el control distribuido de la infraestructura, mientras que el segundo muestra una orientación hacia la acumulación y circulación del capital, en contraste con una segunda orientación hacia la acumulación y circulación del procomún.</p>
<h2 style="text-align:justify;"><span style="color:#ff6600;">Los cuatro cuadrantes de los escenarios futuros</span></h2>
<h2 style="text-align:justify;"><span style="color:#ff6600;">1/Capitalismo Netárquico</span></h2>
<p dir="ltr" style="text-align:justify;">La primera combinación (arriba-izquierda) es el Capitalismo Netárquico, y presenta una combinación del control centralizado de la infraestructura con una orientación hacia la acumulación de capital. El capital netárquico es aquella fracción del capital que permite y facilita la cooperación y las dinámicas P2P, pero a través de plataformas propietarias y con un control centralizado. Aunque los individuos comparten de todo a través de estas plataformas, no tienen ni control, ni poder de decisión, ni copropiedad sobre el diseño y protocolo de las  redes/plataformas en cuestión, dado que son propiedad de un tercero. Podemos poner como ejemplo a Facebook o Google. Normalmente, bajo las condiciones del capitalismo netárquico, aunque son los usuarios quienes crean y comparten directamente el valor de uso, el intercambio monetizado queda en manos de los propietarios del capital. Esto, a corto plazo, entra dentro de los intereses de los propietarios o sus accionistas pero, a largo plazo, crea una crisis de valor para el capital, dado que los creadores del valor ni se ven recompensados, ni ven un aumento en su poder adquisitivo para adquirir aquellos bienes necesarios para el funcionamiento de la economía física.</p>
<h2 style="text-align:justify;"><span style="color:#ff6600;">2/Capitalismo Distribuido</span></h2>
<p dir="ltr" style="text-align:justify;">La segunda combinación, (abajo-izquierda) denominada “capitalismo distribuido”, permite un control distribuido pero sigue enfocada sobre la acumulación de capital. La irrupción de la moneda P2P Bitcoin y las plataformas de crowdfunding, como Kickstarter, son representativas de este modelo. Bajo este modelo, las infraestructuras P2P están diseñadas para permitir la autonomía y participación de  agentes múltiples, pero el enfoque principal sigue siendo la generación de ingresos. Cada uno de los ordenadores que participan en Bitcoin tiene la habilidad de producir el capital circulante, lo que provoca que los grandes bancos centralizados pierdan su poder de intermediación . A pesar de ello, sigue siendo un sistema enfocado al comercio e intercambio mediante una moneda diseñada para un sistema apoyado en la escasez y que, por tanto, ha de ser obtenida a través de la competitividad. Adicionalmente, Kickstarter, funciona como un mercado a la inversa, con una inversión de prepago. Bajo estas condiciones, cualquier procomún es un producto colateral o una consecuencia del sistema, y las motivaciones personales surgen a raíz del intercambio, el comercio y los ingresos. Podemos observar muchas características P2P dentro de este contexto, en el que se fomenta un capitalismo más inclusivo, distribuido y participativo. Aunque podría considerarse como parte de un modelo empresarial posicionado en contra de los monopolios y los intermediarios depredadores, se sigue tratando de un contexto dirigido hacia el ánimo de lucro. El sistema de distribución descrito en este cuadrante carece de un enfoque local, dado que se trata de una visión de economía virtual donde los pequeños actores pueden tener un impacto mundial y crear agregados globales de pequeños contribuyentes.</p>
<h2 style="text-align:justify;"><span style="color:#ff6600;">3/Comunidades Resilientes</span></h2>
<p dir="ltr" style="text-align:justify;">Las llamadas “Comunidades de Resiliencia” (Cuadrante inferior-derecho) se caracterizan por un control distribuido y enfocado al procomún. Sus objetivos suelen incluir la relocalización y restauración de las comunidades locales. A menudo, se basa en la expectativa de un futuro marcado por grandes carencias en cuanto a energía y recursos o, en el mejor de los casos, mayor escasez de ambos. Como solución, se propone una serie de estrategias “salvavidas”. Iniciativas como el movimiento decrecentista, las Transition Towns o Ecoaldeas, y las redes de iniciativas locales comunitarias, entran dentro de este contexto. En su vertiente más extrema, son estrategias salvavidas dirigidas a la supervivencia de pequeñas comunidades en el contexto de un caos generalizado.</p>
<p dir="ltr" style="text-align:justify;">Se puede argumentar que estas iniciativas están marcadas por el abandono de un afán transformador a gran escala, dado que la feudalización de la integridad territorial se considera prácticamente inevitable. A pesar de la posible existencia de una dinámica colaborativa global expresada a través de la red, sigue siendo un enfoque local. Normalmente se considera que la movilización política y social a gran escala no es un fin realista y que está destinada al fracaso. En el contexto de nuestro eje, contraponiendo el afán de lucro con el de fomentar el  procomún, estos proyectos están decididamente enfocados hacia la generación de valor dentro de la comunidad.</p>
<h2 style="text-align:justify;"><span style="color:#ff6600;">4/Procomún Global</span></h2>
<p dir="ltr" style="text-align:justify;">La modalidad del “Procomún global”, (arriba-derecha) se posiciona en contra del enfoque exclusivamente local, para centrarse sobre un procomún global. Los defensores y partícipes de este escenario argumentan que el procomún ha de ser creado y defendido a escala global y transnacional. Aunque se trata de un modelo de producción distribuido y, por tanto, facilitado a nivel local, las micro-fábricas que forman parte del mismo son parte de una red a escala global. El beneficio obtenido a través de esta cooperación mutualizada global  repercute tanto en el diseño del producto, como en las mejoras de la maquinaria productiva del procomún. Toda empresa distribuida se ve bajo el contexto de <a href="http://lasindias.org/files-de-las-naciones-a-las-redes/#la-file">las filés</a> transnacionales, es decir, alianzas de empresas éticas que operan en solidaridad con un procomún de conocimientos específicos. Adicionalmente, la movilización política y social a escala regional, nacional, y transnacional, se considera parte de la lucha por la transformación institucional. Las empresas participativas son vehículos para que la gente de a pie apoye el procomún global, además de su propia subsistencia. Este último escenario no da por hecho la inevitabilidad de una regresión social generalizada, y apuesta por una abundancia sostenible para toda la humanidad.</p>
<address><a href="http://guerrillatranslation.files.wordpress.com/2013/06/four-scenarios-for-the-sharing-economy-e1371687190491.jpg"><img class=" wp-image-1017 aligncenter" alt="Four Scenarios for the Sharing Economy" src="http://guerrillatranslation.files.wordpress.com/2013/06/four-scenarios-for-the-sharing-economy-e1371687190491.jpg?w=540&#038;h=278" width="540" height="278" /></a>Imagen de <a href="http://collaborativeconsumption.com/" target="_blank">CollaborativeConsumption.com</a></address>
<h2 style="text-align:justify;"><span style="color:#ff6600;">DISCUSIÓN</span></h2>
<p dir="ltr" style="text-align:justify;">Estos cuatro escenarios difieren en su visión del enfoque primordial asignado a la acumulación de valor. Las opciones son:</p>
<ol style="text-align:justify;">
<li>
<p dir="ltr">Valor enfocado hacia el beneficio de accionistas globales..</p>
</li>
<li>
<p dir="ltr">Valor enfocado hacia una red de pequeñas empresas con ánimo de lucro.</p>
</li>
<li>
<p dir="ltr">Valor enfocado hacia la comunidad local.</p>
</li>
<li>
<p dir="ltr">Valor enfocado hacia el procomún transnacional.</p>
</li>
</ol>
<p dir="ltr" style="text-align:justify;">Cada uno de estos escenarios tendrá un efecto diferente en cuanto a organización temporal, espacial y prioridades. El tiempo y el espacio global-local coexistirán en distintas configuraciones según el escenario prevalente.</p>
<p dir="ltr" style="text-align:justify;">Los cuatro escenarios dan por hecho la existencia de infraestructuras que facilitan el P2P, junto a la presencia de una serie de recursos mutuos, inmateriales o materiales, con los que obtener economías de ámbito. De hecho, mientras que las economías de escala son ventajosas en épocas dominadas por una abundancia de recursos y energía (por ejemplo: la producción de unidades múltiples favorece la competitividad); las economías de alcance se vuelven esenciales en épocas de escasez de energía y recursos (es decir, es necesario “hacer más con menos”). El código abierto (Open Source) supone una mutualización de recursos inmateriales, como el conocimiento, que se vuelven accesibles para toda la humanidad, que no fragmentados y privatizados a través de la propiedad intelectual. La mutualización de recursos físicos potencia la eficacia útil en cuanto a energía y recursos, a la vez que evita periodos de inactividad en el uso y los desperdicios inherentes a la fragmentación.</p>
<p dir="ltr" style="text-align:justify;">Las nuevas modalidades de producción P2P son globales-locales (o “glocales”). Aunque permiten una producción a escala local a través de micro fábricas y utilizando tecnologías de fabricación distribuidas, toda la información relativa al producto y a la maquinaria se puede compartir a nivel global. Como regla general puede decirse que el principio es “mantener cerca lo que es pesado, y lejos lo que es ligero”. Se maximiza la cooperación inmaterial, mientras que se minimiza el transporte global de bienes materiales. En estos cuatro escenarios, el factor diferencial entre estrategias es, en primer lugar, la motivación subyacente de cada modelo de cooperación. Es decir, ¿están motivados por la acumulación de capital, o por mejorar la circulación del procomún?. Y, en  segundo lugar, ¿dónde recae el control?: ¿Se trata un control distribuido mediante la asignación libre entre iguales, capaces de afectar la ordenanza y el diseño de sus infraestructuras cooperativas, o se trata de un diseño infraestructural exclusivamente en manos de plataformas centralizadas de propiedad privada?</p>
<p dir="ltr" style="text-align:justify;">En el primer escenario de capitalismo netárquico, el control y la gobernanza recaen sobre una única jerarquía propietaria. Mientras, en el capitalismo distribuido el control recae sobre una red de empresarios partícipes en un sistema con ánimo de lucro. Dentro del modelo de la comunidad local, el control recae dentro de un territorio geográfico específico y dependiente del modelo de gobierno de la comunidad que lo haya iniciado. En el modelo del procomún global-local, el poder de decisión recae sobre un modelo triárquico en el que se encuentran: a) la comunidad que practica la autogestión social de los recursos, b) asociaciones que trabajan para el beneficio de la comunidad y gestionan las infraestructuras físicas de  cooperación (como, por ejemplo, la multitud de fundaciones de software abierto) y c) la alianza empresarial que coopera en torno a este mismo procomún.</p>
<p dir="ltr" style="text-align:justify;">En el último modelo, es esencial que la orientación hacia el procomún esté garantizada por nuevos modelos de gestión en las empresas participantes. Pongamos por ejemplo el caso de Linux, un procomún mayoritariamente corporativo donde el código abierto es parte integral del proceso de acumulación de capital de las empresas participantes (y con ánimo de lucro). Un contramodelo necesitaría la creación de empresas éticas, simpatizantes con el procomún y gestionadas por los propios comuneros &#8211; que también controlarían sus propias decisiones y serían propietarios. Estas empresas estarían estructuradas legalmente para tener obligación de apoyar la circulación del procomún. Sugerimos un modelo de propiedad plural, combinando la propiedad del fabricante (un rediseño de la sociedad cooperativa para la edad P2P) con la propiedad del usuario (el reconocimiento de que los usuarios de las redes también crean valor). El proceso finaliza con un retorno financiero para los fundadores de las empresas éticas que han facilitado esta dinámica. Este modelo permite la obtención de ingresos, pero la maximización de los mismos sigue siendo un tema tabú.</p>
<p dir="ltr" style="text-align:justify;">Los modelos de producción P2P están motivados por una combinación de orientaciones temporales y espaciales en competición mútua. Normalmente, la acumulación de valor común será un proceso continuo de auto-asignación libre y bajo el contexto del objetivo común de cada comunidad. Aún así, el trabajo por contrato de obra seguirá viéndose influido por las restricciones temporales y a corto plazo propias del capitalismo. La organización espacial será distinta dependiendo de las ventajas relativas de los enfoques locales y globales.</p>
<p dir="ltr" style="text-align:justify;">Los espacios de co-working, o trabajo compartido, típicamente empleados por empresarios que favorecen modos de trabajo distribuidos, se caracterizan por la elección libre de lugar y por alquilar un “tiempo” más que “un espacio”, junto a otros marcadores. El tiempo motivado por la comunidad, el tiempo motivado por el procomún y el tiempo distribuido -en oposición al tiempo centralizado y con ánimo de lucro- coexistirán y se verán organizados según la dominancia de cualquiera de los cuatro escenarios. La organización espacial estará influenciada por esas mismas dinámicas contradictorias.</p>
<p style="text-align:justify;"><span style="font-size:13px;line-height:19px;"><em>Vídeo grabado y editado por Sébastien Loix</em>.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="font-size:13px;line-height:19px;"><em>Agradecimientos a Paka McDirham por su ayuda.</em></span></p>
<p style="text-align:justify;"><em>Esta traducción también ha aparecido en:</em></p>
<ul>
<li><a href="http://ouishare.net/es/2013/07/cuatro-escenarios-futuros-para-la-economia-colaborativa/" target="_blank"><em>Ouishare.es</em></a></li>
</ul>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/guerrillatranslation.wordpress.com/1016/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/guerrillatranslation.wordpress.com/1016/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=guerrillatranslation.com&#038;blog=50078095&#038;post=1016&#038;subd=guerrillatranslation&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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			<media:title type="html">Cuatro Escenarios (2)</media:title>
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			<media:title type="html">Four Scenarios for the Sharing Economy</media:title>
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		<title>Guía práctico-utópica del inminente colapso</title>
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		<pubDate>Mon, 22 Apr 2013 00:48:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[guerrillatranslation]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[David Graeber]]></category>
		<category><![CDATA[Español]]></category>
		<category><![CDATA[Alternativas al capitalismo]]></category>
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		<description><![CDATA[Imágenes de Fernando Elvira  David Graeber Traducido por Stacco Troncoso, editado por Arianne Sved - Guerrilla Translation! Artículo original en thebaffler.com ¿En qué consiste una revolución? Siempre habíamos entendido la revolución como la toma de poder por parte de fuerzas populares con el objetivo de transformar la propia naturaleza del sistema político, social y económico del país [&#8230;]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=guerrillatranslation.com&#038;blog=50078095&#038;post=223&#038;subd=guerrillatranslation&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<address><a href="http://guerrillatranslation.files.wordpress.com/2013/04/146-women-armed-with-slingshot-shot-in-bilbo-donosti-pamplona-paris-and-malmc3b6-2004.jpg"><img class="alignnone  wp-image-230" alt="146 women armed with slingshot-shot-in-bilbo-donosti-pamplona-paris-and-malmö-2004" src="http://guerrillatranslation.files.wordpress.com/2013/04/146-women-armed-with-slingshot-shot-in-bilbo-donosti-pamplona-paris-and-malmc3b6-2004.jpg?w=830&#038;h=429" width="830" height="429" /></a>Imágenes de <a title="FernandoElvira.com" href="http://www.fernandoelvira.com/" target="_blank">Fernando Elvira </a><a title="e-330.com" href="http://www.e-330.com/" target="_blank"><img class="alignright" alt="Fernando FIRMA" src="http://guerrillatranslation.files.wordpress.com/2013/04/fernando-firma.jpg?w=106&#038;h=41" width="106" height="41" /></a></address>
<h2 style="text-align:justify;"><a href="http://wp.me/P3o7Bd-44" target="_blank">David Graeber</a></h2>
<address>Traducido por Stacco Troncoso, editado por Arianne Sved - Guerrilla Translation!</address>
<address><a title="Permaculture and the Myth of Scarcity" href="http://www.thebaffler.com/past/practical_utopians_guide#.UV706VJxLI8.twitter" target="_blank">Artículo original</a> en <a href="http://www.thebaffler.com/past/practical_utopians_guide#.UV706VJxLI8.twitter" target="_blank">thebaffler.com</a></address>
<p style="text-align:justify;">¿En qué consiste una revolución? Siempre habíamos entendido la revolución como la toma de poder por parte de fuerzas populares con el objetivo de transformar la propia naturaleza del sistema político, social y económico del país donde tuviera lugar, normalmente impulsadas por un sueño visionario de una sociedad justa. Hoy en día, vivimos en una época en la que, si un ejército rebelde entra arrasando una ciudad o un levantamiento masivo derroca a un dictador, es bastante improbable que esos ideales se vean realizados. Cuando ocurre una transformación social profunda como, por ejemplo, el auge del feminismo, es más probable que ésta se manifieste de manera totamente distinta. No es que haya escasez de sueños revolucionarios, pero los revolucionarios contemporáneos rara vez creen que el camino para alcanzarlos sea un equivalente moderno de la toma de la bastilla.</p>
<div id="magicdomid4" style="text-align:justify;">
<p style="text-align:justify;"><a href="http://guerrillatranslation.files.wordpress.com/2013/04/image.jpg"><img class="size-full wp-image-226 alignright" alt="image" src="http://guerrillatranslation.files.wordpress.com/2013/04/image.jpg?w=540"   /></a>En momentos como éste, generalmente conviene volver a la historia que ya conocemos y preguntarnos: ¿Nuestro concepto de la revolución ha sido fiel a la realidad alguna vez? La persona que mejor ha sabido formular esta pregunta, para mí, es el gran historiador mundial Immanuel Wallerstein. Wallerstein argumenta que durante el último cuarto de milenio más o menos las revoluciones han consistido, por encima de todo, en transformaciones mundiales del sentido común político.</p>
<p style="text-align:justify;">Wallerstein observa que en la época de la Revolución Francesa ya teniamos un mercado único mundial y un creciente sistema político único global, dominado por los enormes imperios coloniales. Como consecuencia, la toma de la bastilla en París pudo acabar teniendo repercusiones en Dinamarca, o incluso en Egipto, tan profundas como en Francia, y en algunos casos incluso más. Por este motivo habla de la “Revolución Mundial de 1789”, seguida de la “Revolución Mundial de 1848”, durante la cual estallaron revueltas casi simultáneamente en 50 países, desde Valaquia a Brasil. Los revolucionarios no tomaron el poder en ninguna de ellas pero, más adelante, las instituciones inspiradas por la Revolución Francesa –en especial los sistemas universales de educación primaria– fueron adoptadas en casi todo el mundo. De igual modo, la Revolución Rusa de 1917 fue una revolución mundial y en última instancia tan responsable del New Deal estadounidense y de los estados de bienestar europeos como del comunismo soviético. El último episodio de esta serie fue protagonizado por la revolución mundial de 1968, que de similar manera a la de 1848, irrumpió prácticamente a nivel mundial, desde China hasta México y, aunque no se hizo con el poder en ningún lugar, cambió mucho las cosas. Ésta era una revolución en contra de las burocracias estatales y a favor de la inseparabilidad de la liberación política y personal, cuyo legado más duradero probablemente fue el nacimiento del feminismo moderno.</p>
<p style="text-align:justify;">Las revoluciones son, por tanto, fenómenos planetarios. Pero aún hay más. Lo que consiguen, en realidad, es transformar supuestos muy extendidos sobre el sentido fundamental de la política.Tras una revolución, ideas que antes hubieran sido consideradas descabelladamente radicales se convierten enseguida en un asunto de debate aceptable. Antes de la Revolución Francesa, conceptos tales como que el cambio es bueno, que la política del gobierno es la mejor manera de llevarlo a cabo o que los gobiernos derivan su autoridad de una entidad llamada “el pueblo” se veían como temática propia de chalados y demagogos o, en el mejor de los casos, de un puñado de intelectuales librepensadores que se pasaban el día debatiendo en cafés. Una generación más tarde, hasta el más rancio de los magistrados, sacerdotes, o directores de escuela se veía obligado a defender, de boquilla, estas ideas. No mucho más tarde, llegamos a la situación en la que nos encontramos hoy en día: hay que exponer cuáles son los términos para que uno pueda siquiera percatarse de que están ahí. Se han convertido en sentido común, en la mismísima base del diálogo político.</p>
<p style="text-align:justify;">La  mayoría de las revoluciones previas a la de 1968 sólo introdujeron refinamientos prácticos, tales como la ampliación del derecho al voto, la educación primaria universal y el Estado de Bienestar. Por contraste, la revolución mundial de1968, ya fuera en su vertiente china, una revuelta de estudiantes y otros grupos de jóvenes apoyando el llamamiento de Mao a una revolución cultural; o en Berkley y Nueva York, marcada por una alianza entre estudiantes, bohemios y rebeldes culturales; o incluso en París, donde se formó una coalición de estudiantes y trabajadores, fue una rebelión contra la burocracia, la conformidad y cualquier idea capaz de encorsetar la imaginación humana, un proyecto con ánimo de revolucionar no sólo la vida económica o política sino cada aspecto de la existencia humana. Por ello, en la mayoría de los casos, los rebeldes ni siquiera intentaron tomar el mando del aparato estatal dado que veían el aparato en sí como la raíz del problema.</p>
<p style="text-align:justify;">Hoy en día está de moda evaluar los movimientos sociales de finales de los  60 como un fracaso bochornoso. Es un argumento convincente. No cabe duda de que, en la esfera política, la derecha ha sido la principal beneficiaria de la extendida transformación del sentido común político, donde se da prioridad a los ideales de libertad, imaginación y deseo del individuo, se desprecia absolutamente la burocracia y se sospecha de la  gestión gubernamental. Ante todo, los  movimientos de los años 60 permitieron el resurgimiento masivo de las doctrinas de libre mercado, que se habían visto prácticamente abandonadas desde el siglo XIX. No es casualidad que la generación de adolescentes que impulsó la revolución cultural china fuera la misma que, dos décadas más tarde, presidiera la introducción del capitalismo. Desde los años 80, “libertad” se ha convertido en sinónimo de “mercado” y “mercado” ha asumido un significado idéntico al de “capitalismo” incluso, curiosamente, en lugares como China, donde se habían desarrollado sistemas de mercado muy sofisticados durante miles años que, sin embargo, guardaban escasa relación con el capitalismo.</p>
<p style="text-align:justify;">Las paradojas no tienen límite. Aunque esta nueva ideología de mercado libre se ha presentado, sobre todo, como un rechazo a la burocracia, en la práctica ha sido directamente responsable del primer sistema de administración que opera a escala global, con sus interminables estratos de órganos burocráticos públicos y privados: el FMI, el Banco Mundial, la OMC, organizaciones de comercio, instituciones financieras, corporaciones transnacionales y ONGs. Éste es precisamente el sistema que ha impuesto la ortodoxia del  libre mercado y abierto las puertas a un pillaje financiero a nivel global, todo bajo la atenta tutela del aparato militar estadounidense. No es de extrañar que el primer intento de recrear un movimiento revolucionario mundial, el Movimiento de Justicia Global, que vivió su punto álgido entre 1993 y el  2003, fuera, en efecto, una rebelión contra la hegemonía de ese mismo sistema de burocracia global.</p>
<h2 style="text-align:justify;"><b>Detener el futuro </b></h2>
<p style="text-align:justify;">No obstante, cuando los historiadores del futuro miren atrás, creo que llegarán a la conclusión de que el legado de las revoluciones de finales de los sesenta ha sido bastante más profundo de lo que imaginábamos y que el triunfo de los mercados capitalistas –con todo su despliegue mundial de administradores y sicarios–, que tan trascendental y definitivo parecía tras el colapso de la Unión Soviética en 1991, ha sido mucho más superficial de lo que creíamos.</p>
<p style="text-align:justify;">Por poner un ejemplo obvio, a menudo escuchamos que las protestas antibélicas de finales de los sesenta y principios de los setenta resultaron ser un fracaso debido a su incapacidad de acelerar apreciablemente la retirada estadounidense de Indochina. Pero a partir de entonces, los organismos que  controlaban la política exterior estadounidense, aterrorizados ante la perspectiva de toparse con un rechazo popular parecido –o peor aún, un rechazo en el seno del propio aparato militar, que sufrió un verdadero desmoronamiento a principios de los setenta–,  se negaron a enviar fuerzas de tierra estadounidenses a cualquier conflicto a gran escala durante casi treinta años. Se necesitó el 11-S, un  ataque con miles de víctimas civiles en territorio estadounidense, para  superar por completo el notorio “síndrome de Vietnam” y aun así, los impulsores de la guerra acometieron un esfuerzo casi obsesivo  por asegurar que estas guerras fueran “a prueba de protestas”. Hubo una propaganda incesante, a la que se sumaron los medios de comunicación, mientras que grupos de expertos facilitaban previsiones exactas sobre el número de bajas militares (es decir, sobre cuántas muertes de soldados estadounidenses serían necesarias para precipitar la oposición de las masas) y las normas de combate fueron cuidadosamente diseñadas para no superar esta cifra.</p>
<p style="text-align:justify;">El problema fue que esas normas de combate, cuyo fin era minimizar el número de muertos y heridos entre los efectivos estadounidenses, conllevaron inevitablemente que miles de mujeres, niños y ancianos acabaran siendo “daños  colaterales”, lo cual provocó el odio intenso hacia las fuerzas ocupantes tanto en Iraq como en Afganistán y, por consiguiente, impidió que los Estados Unidos pudieran cumplir sus objetivos militares. Y lo sorprendente es que los planificadores de la guerra parecían ser plenamente conscientes de ello. Pero daba igual. Prevenir cualquier oposición eficaz en territorio nacional era, para ellos, mucho más importante que ganar la propia guerra. Es como si las  fuerzas norteamericanas en Iraq hubieran resultado finalmente vencidas por el fantasma de Abbie Hoffman.</p>
<p style="text-align:justify;">Es evidente que, si el movimiento antibélico de los años 60 sigue teniendo maniatados a los planificadores militares estadounidenses de 2012, difícilmente podríamos considerarlo un fracaso. Pero de ello surge una interrogante: ¿Qué pasa cuando crear esa sensación de fracaso, de la inutilidad absoluta de cualquier acción política en contra del  sistema, se convierte en el objetivo principal de quienes ostentan el poder?</p>
<p style="text-align:justify;"><img class="size-full wp-image-228 alignleft" alt="Practical Guide to Colapse 1" src="http://guerrillatranslation.files.wordpress.com/2013/04/practical-guide-to-colapse-1.jpg?w=540"   />Se me ocurrió por primera vez participando en las protestas contra el FMI en Washington D.C. en el 2002. El 11 de Septiembre estaba todavía muy reciente y éramos relativamente pocos e ineficaces frente a una presencia policial abrumadora. No teníamos la sensación de ser capaces de sabotear los encuentros. La mayoría nos fuimos de allí algo deprimidos. Pero unos días más tarde, hablando con alguien que conocía a algunos de los participantes de la cumbre, me enteré de que habíamos conseguido obstruirla. Y es que la policía había impuesto unas medidas de seguridad tan restrictivas que tuvieron que anular la mitad de los actos, y la mayor parte de los que sí se celebraron se hicieron a través de Internet. Es decir, el gobierno decidió que mandar a unos manifestantes a casa con sensación de derrota era más importante que poder llevar a cabo una cumbre del FMI. Si lo pensamos, es evidente que otorgaron un extraordinario protagonismo a los manifestantes.</p>
<p style="text-align:justify;">¿Cabe la posibilidad de que esta actitud preventiva ante los movimientos sociales, la planificación de guerras y cumbres comerciales en las que se concede más prioridad a desmantelar cualquier oposición eficaz que a ganar la guerra o celebrar la cumbre, sea sintomática de un principio más generalizado? ¿Será que los actuales dirigentes del sistema, muchos de los cuales eran jóvenes impresionables cuando presenciaron la agitación de finales de los sesenta, estén obsesionados, consciente o inconscientemente (y sospecho que se trata de lo primero), con la posibilidad de que los movimientos sociales revolucionarios vuelvan a poner en entredicho el sentido común prevalente?</p>
<p style="text-align:justify;">Eso explicaría muchas cosas. Los últimos 30 años se han dado a conocer en todo el planeta como la edad del neoliberalismo, una época caracterizada por la reintroducción de una creencia abandonada desde el siglo XIX, en la que los conceptos de mercado libre y libertad humana vienen a ser prácticamente intercambiables. El neoliberalismo siempre ha adolecido de una contradicción interna. Por un lado, declara que los imperativos económicos han de tener prioridad sobre cualquier otra consideración. La política sólo sirve para crear condiciones favorables al <i>crecimiento económico</i>, permitiendo que la mano invisible de los mercados haga su magia. Cualquier otro sueño o ideal de igualdad o de seguridad se verá sacrificado ante el objetivo primordial: la productividad económica. Sin embargo, el rendimiento económico mundial de los últimos treinta años ha sido, sin duda, mediocre. Con la excepción de unos pocos países, en especial China (que, significativamente, ha ignorado la mayoría de  los dictámenes neoliberales), los índices de crecimiento han quedado muy por debajo de los niveles vistos en el capitalismo “clásico” de los años cincuenta, sesenta o incluso setenta, con su mayor gestión gubernamental y su Estado de Bienestar. Se puede decir, por tanto, que el proyecto neoliberal ya era un fracaso colosal según sus propios criterios incluso antes del colapso de 2008.</p>
<p style="text-align:justify;">Pero si hacemos oídos sordos al discurso de los líderes mundiales y observamos el neoliberalismo como proyecto político, de repente, parece haber sido de lo más eficaz. Puede que los políticos, directivos, burócratas y demás personas que se reúnen con regularidad en las cumbres de Davos o el G20 hayan fracasado estrepitosamente en crear una economía capitalista mundial capaz de atender a las necesidades de la mayoría de los habitantes del mundo (y ya no hablemos de dar esperanza, felicidad, seguridad o sentido a su vida) pero han sido tremendamente habilidosos en convencer al mundo de que el capitalismo –sobre todo el capitalismo financiero semifeudal de hoy en día– es el único sistema económico viable. Visto desde este prisma, se trata de un logro impresionante.</p>
<p style="text-align:justify;">¿Cómo lo han conseguido? Su actitud preventiva hacia los movimientos sociales ha jugado un papel evidente en todo ello; no se puede permitir bajo ninguna condición que las alternativas, ni aquéllos que las proponen, sean percibidas como exitosas. Tal actitud explicaría las cantidades casi inimaginables que se han invertido en “sistemas de seguridad” de algún tipo u otro. De hecho, Estados Unidos, desprovisto ahora de grandes rivales, tiene un mayor gasto militar y de inteligencia del que tuvo durante la Guerra Fría. A esto hay que añadir la escalofriante acumulación de agencias privadas de seguridad y de inteligencia, así como la militarización de la policía, guardias y mercenarios. Por último, no hay que olvidar el enaltecimiento de la polícia por parte de los órganos de propaganda, incluído un enorme conglomerado mediático que ni siquiera existía antes de los sesenta. En general, estos sistemas, más que dedicarse a atacar directamente a disidentes, contribuyen a crear una sensación omnipresente de miedo, conformismo patriotero, inseguridad vital y pura desesperanza, que reduce cualquier noción de cambiar el mundo a una aparente fantasía inútil. Pero estos sistemas de seguridad son también extremadamente caros. Algunos economistas estiman que un 25% de la población norteamericana se dedica hoy en día a “labores de vigilancia” tales como defender propiedad, supervisar trabajo u otros tipos de actividades con el fin de mantener a raya a sus compatriotas. La mayor parte de este aparato de seguridad es, en definitiva, un lastre económico.</p>
<p style="text-align:justify;">De hecho, muchas de las innovaciones económicas de los últimos treinta años han tenido más sentido política que económicamente. La sustitución del empleo vitalicio garantizado por un modelo de contratación precaria no ha creado una fuerza laboral más eficiente, pero ha sido extraordinariamente eficaz en destruir sindicatos o despolitizar el movimiento obrero en general. Se puede decir lo mismo del aumento exponencial de la jornada laboral. A nadie que tenga que trabajar sesenta horas a la semana le queda tiempo para la actividad política.</p>
<p style="text-align:justify;">A menudo parece que, puestos a elegir entre aceptar el capitalismo como el único sistema económico posible o convertir el capitalismo en un sistema económico más viable, el neoliberalismo siempre se decanta por la primera opción. El resultado final se manifiesta en una campaña implacable contra la imaginación humana. O para ser más preciso, la imaginación, el deseo, la creatividad individual y todo aquello que se pretendía liberar en la última gran revolución mundial sería confinado estrictamente a los parámetros del consumismo o, como mucho, a las realidades virtuales de Internet, quedando totalmente desterrado de cualquier otro ámbito. Estamos hablando del asesinato de los sueños, de la imposición de mecanismos de desesperación, diseñados para pisotear cualquier esperanza de un futuro alternativo. Pero como consecuencia de poner prácticamente todos sus esfuerzos en la misma cesta política, nos han llevado a la extraña situación de presenciar cómo el sistema capitalista se derrumba ante nuestros propios ojos, justo en el momento en el que se había concluido que no había alternativa posible.</p>
<h2 style="text-align:justify;"><b>Replantear, ralentizar</b></h2>
<p style="text-align:justify;">Normalmente, cuando se cuestiona la creencia generalizada de que el sistema económico y político actual es el único viable, la primera reacción suele ser exigir un minucioso anteproyecto arquitectónico sobre el funcionamiento del sistema alternativo con todo lujo de detalles sobre la naturaleza de sus instrumentos financieros, fuentes de energía y políticas de mantenimiento de alcantarillado. Después, probablemente pedirán un programa detallado que describa cómo llevar dicho sistema a la práctica. Desde una perspectiva histórica, esto es ridículo. ¿Cuándo se ha producido un cambio social siguiendo un diseño predeterminado? Es como si creyéramos que, en la Florencia renacentista, un pequeño círculo de visionarios concibió algo llamado “capitalismo” y planeó al detalle el funcionamiento del mercado bursátil y las fábricas para, a continuación, elaborar un programa con el que hacer de esta visión una realidad. De hecho, la idea es tan absurda que podríamos preguntarnos cómo hemos llegado a la conclusión imaginaria de que todo cambio empieza de esta manera.</p>
<p style="text-align:justify;">Esto no quiere decir que las visiones utópicas, ni los anteproyectos, sean algo malo, sólo que deben mantenerse en su lugar. El teórico Michael Albert ha propuesto un plan detallado sobre cómo funcionaría una economía moderna sin dinero, partiendo de una base democrática y participativa. Me parece un logro importante, no porque crea que este modelo exacto vaya a instituirse tal y cómo lo describe, sino porque hace imposible decir que un proyecto así resulta inconcebible. En cualquier caso, estos modelos son tan sólo experimentos intelectuales. En realidad, no podemos concebir los problemas que surgirán al comenzar a construir una sociedad libre. Puede que los obstáculos que ahora nos parecen más insorteables se queden en nada, mientras que otros que jamás se nos hubieran ocurrido podrían suponer un problema endemoniado. La cantidad de factores imprevisibles es innumerable.</p>
<p style="text-align:justify;">El más evidente es la tecnología. Éste es el motivo por el que es tan absurdo imaginarse a un grupo de activistas en la Italia del Renacimiento diseñando un modelo de mercado bursátil o un entramado industrial. Lo que acabó ocurriendo estuvo basado en una serie de tecnologías que jamás podrían haber anticipado pero que, en parte, sólo emergieron porque la sociedad comenzó a moverse en una dirección determinada. Quizás por ello, muchas de las visiones más convincentes de una sociedad anarquista han sido plasmadas por escritores de ciencia ficción, entre ellos, Ursula K. Le Guin, Starhawk, Kim Stanley Robinson. En un mundo ficticio por lo menos se admite que el aspecto tecnológico es pura especulación.</p>
<p style="text-align:justify;">Personalmente, estoy menos interesado en determinar el tipo de sistema económico ideal para una sociedad libre que en crear los medios necesarios para que las personas puedan tomar esas decisiones por sí mismas. ¿Cómo se manifestaría exactamente una revolución del sentido común? No lo sé, pero se me ocurren varias ideas convencionales que, sin duda, necesitarían reevaluarse si realmente pretendemos crear algún tipo de sociedad libre viable. Una de ellas es la naturaleza del dinero y la deuda, que ya he analizado en detalle en un libro reciente. He llegado incluso a proponer un jubileo de la deuda, una cancelación general, en parte para ilustrar que el dinero no es nada más que un producto humano, una serie de promesas que, dada su naturaleza, siempre puede ser renegociada.</p>
<p style="text-align:justify;"><a href="http://guerrillatranslation.files.wordpress.com/2013/04/fernando-5.jpg"><img class=" wp-image-280 alignright" alt="Fernando 5" src="http://guerrillatranslation.files.wordpress.com/2013/04/fernando-5-e1366717736515.jpg?w=390&#038;h=256" width="390" height="256" /></a>Igualmente, creo que el concepto de trabajo también tendría que ser reevaluado. Someterse a la disciplina laboral –la supervisión, el control, e incluso el autocontrol del trabajador autónomo con ambiciones– no nos hace mejor persona. De hecho, es probable que nos haga “peor persona” en los aspectos realmente importantes. Verse sometido a ello es una mala suerte que, en el mejor de los casos, resulta ocasionalmente necesaria. Pero sólo cuando rechacemos la idea de que el trabajo es una virtud en sí, podremos empezar a preguntarnos qué virtudes tiene. La respuesta es evidente: el trabajo es virtuoso cuando sirve para ayudar al prójimo. Replantearnos la definición de la productividad haría más fácil redefinir el concepto mismo del trabajo dado que, entre otras cosas, el desarrollo tecnológico ya no estaría dirigido sólo a la creación de más productos de consumo o a una mano de obra cada vez más disciplinada, sino a eliminar tales formas de trabajo por completo.</p>
<p style="text-align:justify;">Lo que nos quedaría serían trabajos que sólo pueden ser realizados por seres humanos, esas labores de asistencia y cuidado especialmente afectadas por la crisis y que originaron el movimiento Occupy Wall Street. ¿Qué ocurriría si dejáramos de comportarnos como si el modelo primordial del trabajo fuera laborar en una fábrica, un campo de trigo, una fundición de hierro o incluso en un cubículo en una oficina y, en su lugar, partiéramos del modelo de una madre, una profesora o una enfermera? Puede que nos obligue a concluir que el auténtico propósito de la vida humana no es contribuir a algo llamado “la economía” (un concepto que ni siquiera existía hace trescientos años), sino el hecho de que todos somos, y siempre hemos sido, proyectos de creación mutua.</p>
<p style="text-align:justify;">De momento, la necesidad más urgente sería, probablemente, ralentizar la maquinaria productiva. Puede que suene extraño dado que nuestra reacción automática a una crisis es suponer que la solución radica en que todos trabajemos más, aunque por supuesto, éste es precisamente el tipo de reacción que provoca el problema. Pero considerando cómo está el mundo, la conclusión es obvia. Parece que nos enfrentamos a dos problemas insolubles. Por una parte, hemos sido testigos de una serie interminable de crisis de deuda global, cuya severidad ha ido en aumento desde los setenta y que ha llevado a que la cantidad acumulada de deuda, ya sea soberana, municipal, corporativa o personal, resulte evidentemente insostenible. Por otra, estamos sumidos en una crisis ecológica, un proceso implacable de cambio climático que amenaza al planeta con inundaciones, sequías, caos, hambruna y guerra. En principio, puede parecer que las dos partes no estén relacionadas pero, en el fondo, son lo mismo. ¿Qué es la deuda sino la promesa de una productividad futura? Cuando decimos que el nivel de deuda global va en aumento, estamos diciendo que, como colectivo, los seres humanos prometemos producir una cantidad aún mayor de bienes y servicios en el futuro de la que producimos hoy en día. Pero incluso los niveles actuales son claramente insostenibles. Eso es precisamente lo que está destruyendo el planeta a velocidad cada vez más mayor.</p>
<p style="text-align:justify;">Hasta los mismos líderes mundiales empiezan a concluir de manera reacia que algún tipo de cancelación masiva de la deuda, algún tipo de jubileo, es inevitable. El auténtico conflicto político se desarrollará en torno a cómo se hará. ¿No es más lógico resolver ambos problemas a la vez? ¿Por qué no realizar una quita de la deuda mundial tan amplia como sea prácticamente posible, seguida de una reducción masiva del horario laboral a, por ejemplo, una jornada de cuatro horas o unas vacaciones garantizadas de cinco meses? Dado que la población no pasaría todas sus nuevas horas libres de brazos cruzados, una medida así no sólo salvaría al planeta sino que quizás empezaría a cambiar nuestras concepciones básicas sobre qué significa un trabajo que crea valor.</p>
<p style="text-align:justify;">Occupy hizo bien en no realizar demandas concretas, pero si yo tuviera que formular una, sería ésa. A fin de cuentas, supondría un ataque a los preceptos más arraigados de la ideología dominante. La moralidad de la deuda y la moralidad del trabajo son las dos armas ideológicas más poderosas que manejan los dirigentes del sistema actual. Por eso se aferran a ellas incluso al tiempo que destruyen todo lo demás.También es el motivo por el que la cancelación de la deuda sería la demanda revolucionaria perfecta.</p>
<p style="text-align:justify;">Puede que todo esto parezca muy distante. En estos momentos, da la impresión de que a nuestro planeta le aguarda una serie de catástrofes sin precedente y no el tipo de transformaciones morales y políticas que abrirían el camino hacia un mundo distinto. Pero la única posibilidad que nos queda para evitar tales catástrofes es cambiar nuestra manera acostumbrada de pensar. Si algo han evidenciado los eventos del 2011, es que la era de las revoluciones no ha acabado ni mucho menos. La imaginación humana se niega obstinadamente a morir. Y la historia nos demuestra que, cuando una cantidad significantiva de personas se libera simultáneamente de las ataduras impuestas sobre su imaginación colectiva, hasta nuestros supuestos más inculcados sobre qué es y qué no es políticamente posible pueden derrumbarse de la noche a la mañana.</p>
</div>
<div id="magicdomid64" style="text-align:justify;"></div>
<p style="text-align:justify;">Este artículo es un fragmento de <i>The Democracy Project: A History, a Crisis, a Movement</i>, de David Graeber. Traducido con permiso del autor.</p>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/guerrillatranslation.wordpress.com/223/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/guerrillatranslation.wordpress.com/223/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=guerrillatranslation.com&#038;blog=50078095&#038;post=223&#038;subd=guerrillatranslation&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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			<media:title type="html">146 women armed with slingshot-shot-in-bilbo-donosti-pamplona-paris-and-malmö-2004</media:title>
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			<media:title type="html">Practical Guide to Colapse 1</media:title>
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			<media:title type="html">Fernando 5</media:title>
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		<title>Permacultura y el mito de la escasez</title>
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		<pubDate>Wed, 17 Apr 2013 14:42:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[guerrillatranslation]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Charles Eisenstein]]></category>
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		<description><![CDATA[Imagen de Irene Knightley Charles Eisenstein Traducido por Stacco Troncoso, editado por Inés Arias de Reyna &#8211; Guerrilla Translation! Artículo original en charleseisenstein.net Hace unas semanas, en una conferencia, un activista que desarrolla su labor en África recordó el encuentro que tuvo con el ministro de agricultura de cierto país africano. El ministro hablaba emocionadamente sobre los métodos [&#8230;]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=guerrillatranslation.com&#038;blog=50078095&#038;post=5&#038;subd=guerrillatranslation&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<address style="text-align:justify;"><a href="http://guerrillatranslation.files.wordpress.com/2013/04/permacuture-and-the-myth-of-scarcity.jpg"><img class="alignnone  wp-image-39" alt="Hippy in the Garden" src="http://guerrillatranslation.files.wordpress.com/2013/04/permacuture-and-the-myth-of-scarcity.jpg?w=806&#038;h=416" width="806" height="416" /></a>Imagen de <a href="http://www.flickr.com/people/hardworkinghippy/">Irene Knightley</a></address>
<h2 style="text-align:justify;"><a href="http://wp.me/P3o7Bd-40" target="_blank">Charles Eisenstein</a></h2>
<address>Traducido por Stacco Troncoso, editado por Inés Arias de Reyna &#8211; Guerrilla Translation!</address>
<address><a title="Permaculture and the Myth of Scarcity" href="http://charleseisenstein.net/permaculture-and-the-myth-of-scarcity/" target="_blank">Artículo original</a> en <a href="http://charleseisenstein.net/">charleseisenstein.net</a></address>
<p style="text-align:justify;">Hace unas semanas, en una conferencia, un activista que desarrolla su labor en África recordó el encuentro que tuvo con el ministro de agricultura de cierto país africano. El ministro hablaba emocionadamente sobre los métodos de agricultura de alta tecnología que estaba impulsando en su país en asociación con grandes conglomerados agrícolas. El activista mencionó el tema de la agricultura orgánica y el ministro dijo: “Basta. No me está entendiendo, aquí no nos podemos permitir esos lujos. En mi país, la gente se está muriendo de hambre”.</p>
<p style="text-align:justify;">Esto refleja una suposición muy común sobre la agricultura orgánica: que sacrifica la productividad para guardar los intereses del medioambiente y la salud. Es razonable pues, que al dejar de lado los pesticidas y los fertilizantes químicos, las cosechas se verán mermadas.</p>
<p style="text-align:justify;">Pero esto, de hecho, es un mito. En <i><a href="http://sacred-economics.com/">Sacred Economics</a> </i>se citan estudios que muestran que, bien gestionados, los métodos de crecimiento orgánicos pueden producir cosechas dos o tres veces más productivas que las que se obtendrían a través de métodos convencionales. (Los estudios que demuestran lo contrario presentan muchas carencias. No hace falta decir que, si plantas un monocultivo en dos campos distintos, obtendrás menos productividad en aquel en el que no se han empleado pesticidas. Pero esto, en ningún caso, sería un simulacro real de la agricultura orgánica). La agricultura convencional no pretende maximizar la cosecha por hectárea; busca maximizar la cosecha por unidad de labor. Si un 10 % de la población se dedicará a la agricultura, en contraste al 1 % que se dedica a ella, hoy en día, podríamos alimentar al país con facilidad y sin necesidad de pesticidas o elementos petroquímicos.</p>
<p style="text-align:justify;">Resulta<span style="text-decoration:line-through;">,</span> que mis estadísticas son demasiado conservadoras. Los últimos métodos de permacultura son capaces de rendir mucho más que el doble o el triple de producción que la agricultura convencional. Hace poco me encontré con este artículo de <a href="http://www.whale.to/a/blume.html">David Blume</a> en el que hace un resumen de sus nueve años al frente de un proyecto de permacultura en California. Organizado entorno a una cooperativa agrícola para 300-450 personas y sobre dos acres de tierra, obtuvo cosechas ocho veces superiores a lo que el departamento de agricultura estima posible por metro cuadrado. Y tampoco lo hizo “minando la tierra” dado que la fertilidad de la tierra incrementó drásticamente durante la duración del proyecto.</p>
<p style="text-align:justify;">Cada vez que alguien vaticina una inminente crisis alimentaria basada en el crecimiento de la población y la disminución de depósitos petrolíferos, los métodos agrícolas de hoy en día se quedan fuera de la discusión. Por tanto, aunque el periodo transicional pueda suponer carencias alimenticias temporales y auténtico sufrimiento, los métodos de permacultura podrían alimentar fácilmente a ese máximo de población mundial de diez a once mil millones de personas que quizás veamos a mediados de siglo.</p>
<p style="text-align:justify;">Es indudable que los viejos métodos de agricultura basados en el control están llegando a la cúspide de su potencial productivo. Toda inversión encauzada hacia este tipo de tecnología está devolviendo retornos marginales disminuyentes. No hay más que observar la proliferación de hierbas resistentes al Roundup de Monsanto y la “necesidad” de nuevos herbicidas para poder subyugarlas. Esta situación es paralela a tantas otras en las que se emplean tecnologías basadas en el control, ya sea en medicina, educación o política… De veras creo que estamos llegando al final de una época.</p>
<p style="text-align:justify;">Prueba de ello es que los viejos modelos ya ni siquiera funcionan financieramente. Puede que otrora los monocultivos fueran la manera más eficiente de producir alimentos, pero hoy en día<span style="text-decoration:line-through;">,</span> incluso los agricultores que siguen los métodos convencionales apenas pueden mantenerse a flote. Blume obtiene muchos mejores resultados, no solo en los aspectos ecológicos y de productividad, sino también en el de ingresos. Hacer una transición a la permaculturatambién supone hacer una transición dentro de nuestro pensamiento, nuestros hábitos y nuestras formas de organización económica. Es consecuencia natural del pensamiento ecológico, incorpora la tendencia de ser servicial con el prójimo y está de acuerdo con el teorema económico de pequeñas cooperativas independientes. Este es el motivo por el que no es fácilmente compatible con los métodos operacionales de las grandes corporaciones agrícolas. (Pero tengamos asimismo en cuenta que estas también se vuelven obsoletas dentro de su paradigma centralizado y jerárquico.)</p>
<p style="text-align:justify;">La imagen definitoria de la agricultura del siglo XX es la de una cosechadora mecanizada monstruosa arando interminables campos de trigo. Me gustaría ofrecer una visión muy distinta para la agricultura del siglo XXI:</p>
<p style="text-align:justify;padding-left:30px;">(1)   Permacultura de alta intensidad en torno a grandes centros urbanos para satisfacer el 80 % de sus necesidades alimentarias. Blume señala que en 1850 y, sin utilizar ninguna de las técnicas modernas de permacultura, la ciudad de Nueva York era capaz de suministrar todos los requisitos alimenticios de su más de un millón de habitantes dentro de un radio de siete millas.</p>
<p style="text-align:justify;padding-left:30px;">(2)   Una abundancia de huertos reemplazando una parte significativa de la cosecha más abundante de América en estos momentos: el césped. Muchos suburbios podrían ser prácticamente autosuficientes en cuanto a comida.</p>
<p style="text-align:justify;padding-left:30px;">(3)   La sanación de las tierras dañadas en el cinturón granjero y la restauración de los bosques y prados originales de esas zonas. Gracias a la producción local de alto rendimiento, muchas de las hectáreas plantadas con maíz, trigo<span style="text-decoration:line-through;">,</span>  y soja del medio oeste serán innecesarias dentro de la producción alimentaria. Esto no quiere decir que las cosechas para exportar a otras regiones desaparezcan por completo, sino que tan solo tendrán un papel menos relevante.</p>
<p style="text-align:justify;padding-left:30px;">(4)   Un incremento en la producción de biocombustibles en parcelas más pequeñas. Mientras que la mayor parte del biocombustible de Estados Unidos se fabrica con maíz, Blume señala que otros cultivos pueden producir más de diez veces la misma cantidad de combustible por acre, y eso sin contar con las tecnologías de conversión de celulosa.</p>
<p style="text-align:justify;padding-left:30px;">(5)   Tal y como presagia el resurgimiento de interés por la agricultura entre jóvenes, una parte mucho más voluminosa de la población se verá envuelta en las labores del campo y la jardinería se convertirá en una actividad prácticamente universal. Las zonas rurales deshabitadas volverán a poblarse y las economías de los pueblos pequeños proliferarán gracias a la producción y al consumo local.</p>
<p style="text-align:justify;">En América, la transición hasta esta visión necesitará una ruptura dramática con nuestra forma de vivir actual. En otros países donde la gente aún practica una agricultura a pequeña escala muy parecida a la permacultura moderna, la transición puede ser mucho más suave. Podrían pasar de largo el XX y pasar directamente al XXI sin necesidad de repetir nuestros devastadores errores psicológicos y sociales. Personas de distinta proveniencia podrían adaptar los principios de la permacultura a sus propias circunstancias medioambientales y sociales. Esta no es una historia de filántropos blancos haciéndose los listos al inventarse un nuevo modelo para imponerlo a los demás. (De hecho, muchas de las técnicas de permacultura se han adoptado a partir de métodos de cultivo indígenas en todo el planeta.) Es una historia en la que todos aprendemos de todos, guiados por el ideal de unir la economía con la ecología y potenciar la autosuficiencia alimenticia regional.</p>
<address style="text-align:justify;">Esta traducción también ha aparecido en:</address>
<address style="text-align:justify;"><a href="http://charleseisenstein.net/permacultura-y-el-mito-de-la-escasez/">La web de Charles Eisenstein</a></address>
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<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/guerrillatranslation.wordpress.com/5/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/guerrillatranslation.wordpress.com/5/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=guerrillatranslation.com&#038;blog=50078095&#038;post=5&#038;subd=guerrillatranslation&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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